POR UNA CULTURA DE CONSERVACIÓN DEL AGUA SUBTERRÁNEA

 


Por Cristina Villalpando L.

  • Desde hace 10 años el Instituto de Geología realiza la investigación
  • Estudios en Iztapalapa y Chalco revelan peligros en el consumo

Todos vivimos del agua. Esta es una buena afirmación, sobre todo cuando no nos cuestionamos de dónde viene, qué se necesita para que llegue hasta nuestros hogares, por qué la desperdiciamos. Un grupo de investigadores, encabezado por el doctor Marcos Adrián Ortega Guerrero, del Instituto de Geología de la UNAM, estudia desde hace 10 años el agua subterránea, contribuyendo con sus investigaciones a crear una cultura para el cuidado del agua y su utilización a través de diversos medios para su difusión.

Captura de pantalla 2018-11-26 a las 12.43.49Gota a gota

El agua subterránea es un componente fundamental del ciclo hidrológico, quizá el más importante en términos de reserva para la humanidad. Representa el 4 por ciento del total de agua del planeta, mientras que el agua en ríos, lagos, presas, en la atmósfera y en los seres vivos, es menos del 0.01 por ciento. Esto nos da idea de la importancia que tiene el agua subterránea como reserva para la humanidad. En particular para México, de acuerdo con datos del Banco Mundial, 70 por ciento del país es árido y semiárido y 75 millones de mexicanos dependemos casi exclusivamente de este recurso.

El agua subterránea –explica el doctor Ortega— es la que se encuentra a partir de los dos o tres primeros metros del subsuelo y puede llegar a varios de cientos de metros de profundidad, donde circula y se almacena durante periodos de unos cuantos años hasta miles. En algunas partes del mundo se han detectado aguas que tienen edades hasta de 30 mil o 40 mil años, mucho antes de que apareciera el hombre sobre el planeta. El hecho de que el agua se pueda almacenar por largos periodos de tiempo, garantiza su disponibilidad para varias generaciones, si es que se utiliza adecuadamente.

Contaminación y salud pública

Aproximadamente desde 1984, la UNAM y la Universidad de Waterloo (Canadá) han realizado investigaciones conjuntas en la Cuenca de México, entre las que destaca desde hace diez años, el estudio dirigido a los mecanismos de migración de contaminantes hacia el acuífero granular, que representa la fuente principal de abastecimiento de agua potable y usos industriales para la ciudad de México. Los 20 millones de mexicanos que viven en la zona metropolitana dependen exclusivamente del agua subterránea, ya sea del acuífero (70 por ciento) o agua de otras fuentes externas a la cuenca y que también es agua subterránea (30 por ciento).

En un trabajo específico sobre México, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) afirma que la mala calidad del agua causa serios problemas de salud pública. Asimismo, advierte que el agua subterránea no siempre está libre de coliformes fecales. “La causa de tan alta incidencia de enfermedades gastrointestinales en una tercera parte de las entidades federativas, se debe a la contaminación del líquido por materia fecal, que daña sobre todo a la población más pobre”, indica el informe.

Al respecto, el doctor Adrián Ortega explica: “Cuando hay incorporación de sustancias ajenas al sistema natural que lo impactan, hay contaminación; y cuando se sobrepasa la concentración de elementos tóxicos al ser humano, se habla de polución. Esto ocurre cuando la concentración de iones sobrepasa las normas para uso potable. Hay contaminación e incluso polución cuando elementos químicos en altas concentraciones se incorporan al agua subterránea”.

Captura de pantalla 2018-11-26 a las 12.45.08La salinización potencial del acuífero

En 1998 hubo una alerta sobre el flujo de sales hacia el acuífero. Se corre el riesgo de que una gran concentración de sales presentes en el agua de poro del acuitardo lacustre, tres veces más concentrada que el agua de mar, y desde luego no apta para el consumo humano, lleguen progresivamente al acuífero, lo cual anularía una de las fuentes primarias de abastecimiento de agua para los habitantes de la zona metropolitana del valle de México.

Los doctores John Cherry y Marcos Adrián Ortega encontraron que existe una concentración muy importante de sales en estos sedimentos lacustres, a través de una instrumentación sistemática del subsuelo, con más de 300 puntos de medición. Explica el doctor Ortega: “Se han detectado algunas regiones en la ciudad de México donde aparentemente ese tipo de agua ya está llegando. El impacto no es muy rápido y sí progresivo donde empiezan a aparecer algunas sales como bicarbonatos, cloruros y sodio (gráfica 1). El límite máximo de los cloruros para uso potable es de 250 mg/l para sodio; mientras que en el acuitardo se encuentran en concentraciones cientos de veces más alta. Ya es visible la presencia de este material blanco que tapa las regaderas y que cuando se hierve el agua, deja un residuo. Estos son los primeros arribos de los bicarbonatos; detrás de ellos viajan otros elementos como podrían ser compuestos de nitrógeno y boro (gráfica 2). Este último se encuentra hasta en 50 mg/l y el límite máximo para uso potable es de 1 mg/l; ya están saliendo en agua de pozos de Tláhuac e Iztapalapa. En esta última se han tenido que instalar plantas de tratamiento a pie de pozo”.

 

El agua subterránea se acaba

En México hay campañas de ahorro de agua, pero se carece de una que propugne una cultura de conocimiento y preservación del líquido, en particular la subterránea. El agua se está terminando. La gente que la obtiene con solo abrir una llave no tiene un panorama real de la situación actual, y piensa que es un mito el hecho de que se está acabando. Dice el doctor Ortega: “La divulgación o la cultura del agua siempre se ha reducido a un no tires el agua, no la desperdicies, ahórrala, ciérrale. Este tipo de frases con música pegajosa no crea conciencia del problema. La estrategia no ha sido adecuada porque no se hace ninguna contribución a la educación de la población. La información que le dan a la sociedad no es completa, y ahí es donde creo que nace el mito. Cuando las autoridades no entienden y hablan de un problema que no pueden controlar, nos dicen que se está acabando. Esto es cierto, pero creo que tiene que haber una cultura integral donde a la sociedad se le informe, en todos los niveles, de lo que realmente es el agua subterránea, incluyendo autoridades y políticos. Un grupo multidisciplinario, encabezado por investigadores del Instituto de Geología, estamos realizando material didáctico sobre el aprendizaje y enseñanza del agua subterránea; la primera etapa de este material se ha entregado a la univesidad nacional para su reproducción y difusión”.