RETOS EN LA ENSEÑANZA DE LA GEOLOGÍA

 


¿Sabías que las placas tectónicas se mueven a la velocidad que crecen las uñas?

Por Yassir Zárate Méndez

Si bien a cada persona le crecen a diferentes ritmos, en promedio, las uñas llegan a aumentar de tamaño un milímetro cada diez días, esto es entre 3 y 4 milímetros al mes. En consecuencia, al año, las placas tectónicas presentan un desplazamiento de unos 5 centímetros, aunque varía para cada una de ellas.

Otro ejemplo: el Océano Atlántico se tardó 200 millones de años para formarse, debido a que los macizos que integraban el supercontinente Pangea se separaron a razón de 2.5 a 5 centímetros al año. En definitiva, la paciencia y la perseverancia abren brecha. Y la historia de nuestro planeta así lo atestigua.

Ambos datos formaron parte de la charla “Aprendizaje: ¿Cómo aprendemos sobre la historia de la Tierra?”, organizada hace unos días por la Fundación UNAM e impartida por la Dra. Elena Centeno García, investigadora del Instituto de Geología.

En su intervención, destacó que uno de los grandes problemas a los que se enfrenta la enseñanza sobre las ciencias de la Tierra es el de las gigantescas dimensiones espaciales y temporales puestas en juego. Adujo que es sumamente complicado comprender el tiempo que ha llevado el desplazamiento de los continentes, o la formación de los océanos o de las montañas y demás accidentes orográficos.

 

Niveles de enseñanza

Centeno García refirió que la difusión del conocimiento sobre la geología depende de los niveles de aprendizaje. Se requieren estrategias y métodos diferentes en la formación de científicos o profesores, la impartición de clases a niños y adolescentes o la preparación de una conferencia dirigida al público en general.

En la formación de científicos hablamos de “aprender para crear nuevo conocimiento”, mientras que en el resto de casos se busca “generar una sociedad del conocimiento” o aprender para utilizar los recursos naturales del planeta.

“No es lo mismo preparar a un científico que va a estudiar cómo se originan los yacimientos minerales, que formar a un profesional o un ingeniero que se va a dedicar a explotar las minas”, arguyó.

Sin embargo, recalcó que la meta global es aprender a cuidar y conservar a través de diseños de desarrollo sostenible. “Esa debe ser siempre la base, el fundamento de la enseñanza en ciencias de la Tierra”, indicó.

 

Retos

Comprometida con la formación de profesionales, refirió que parte de su trayectoria la ha dedicado a la docencia. Ahí es donde ha enfrentado y resuelto numerosos retos.

“Siempre me he preguntado qué es lo que más trabajo les cuenta a los alumnos aprender. Intento que tengamos ejemplos muy gráficos, muy claros sobre cómo asimilar los conceptos sobre nuestro planeta. Uno de los retos más importantes que he tenido en mis años de enseñanza es el de cómo explicar a los alumnos los eventos que suceden tan lentamente, que se tardan millones de años. ¿Cómo entendemos nosotros lo que es un millón de años? ¿Y cómo podemos entender esos procesos que se van a tardar millones y millones de años. Esa temporalidad tan larga es un concepto muy difícil para todos”, apuntó.

Otra complicación se presenta con los procesos que ocurren a escalas kilométricas. ¿Cómo enseñar cosas tan grandes? Por si fuera poco, estos fenómenos no son reproducibles en un laboratorio.

A todo esto se suman las condiciones de presión y temperatura que ocurren en el interior del planeta, además de que hay materiales que no podemos renovar. “Y esto es algo que la sociedad no le ha quedado claro. Hay cientos de materiales que si nos los acabamos, nos los acabamos y punto, porque tardan tantos millones de años en formarse, como el petróleo o algunos de los acuíferos, que no hay manera que los recarguemos”, alertó.

Para complicar aún más la situación, sostuvo que el método científico en la geología “es muy complicado, porque es muy intuitivo. Está basado en muchas observaciones empíricas y entonces es un conocimiento que va a ser deductivo cuando tenemos la posibilidad de aplicar algún tipo de medición, o inductivo, cuando es simple observación”.

Es por ello que a la geología se la considera como una ciencia de la experiencia, es decir, que se trata de especialistas que cuentan con muchos años de trabajo en campo, principalmente.

 

Avance espectacular

Enfática, Elena Centeno García aseveró que ha habido un avance espectacular en la geología durante los últimos cuarenta años. A manera de anécdota, contó que cuando era adolescente, llegó a leer un artículo en el que se consignaban pruebas que evidenciaban el desplazamiento de los continentes. Esto quiere decir que la tectónica de placas estaba lejos de consolidarse como la principal teoría geológica.

“De los años setenta del siglo XX para acá hemos descubierto cómo funciona el planeta. Ha sido una verdadera revolución del conocimiento para la geología entender que las placas se mueven y que el planeta en su interior tiene una dinámica de miedo. Es impresionante cómo se está moviendo hacia el interior”, arguyó.

Se trata de “la última revolución del conocimiento”. Y como en toda ciencia, ha habido defensores de varias teorías que se ensalzaron en duras disputas.

Tal fue el caso de la polémica entre plutonistas y neptunistas. Para los primeros todas las rocas del planeta se derivaban del fuego, es decir, del interior del planeta, y por lo tanto de los volcanes. En cambio, los neptunistas decían que los materiales se originaban por el agua. “Todo se había depositado y transformado bajo el mar, ya que en su momento todo el planeta había estado cubierto de mar y era lo que le había dado origen a los minerales”, reseñó la investigadora.

 

Conocimiento útil

En la actualidad sabemos que hay de todo. Se presentan procesos generados por el movimiento o por los materiales del interior del planeta, y otros producidos en los mares. Asimismo, los hay que ocurren uniformemente y tienen un cariz catastrófico.

“En realidad, prácticamente la nueva filosofía es que la geología o el registro geológico y los fenómenos del planeta son fenómenos catastróficos uniformes”, externó la investigadora.

Por otra parte, refirió que hay un conocimiento sobre nuestro entorno que debe permear a todos los niveles de la población, ya que es fundamental para la supervivencia como individuos, como sociedad y como especie, así como para la pervivencia de la biosfera.

Asimismo, debemos saber sobre el origen de los recursos naturales que consumimos cotidianamente, de qué tamaño son las reservas y qué tan difícil es extraernos. Otro tanto debe ocurrir con las condiciones geológicas del lugar donde vivimos y si los fenómenos que ocurren en donde habitamos representan un peligro para la salud y la integridad de la población. Finalmente, debemos identificar de qué manera la actividad humana impacta al medio ambiente.