Viruela y COVID-19, cinco siglos entre dos pandemias

Por Yassir Zárate Méndez –
Hace 500 años, una epidemia de viruela azotó a los pueblos asentados en lo que ahora es parte de México. Cinco siglos más tarde, en un contexto diferente, la población mexicana se enfrenta a una enfermedad emergente, ocasionada por un nuevo virus ante el cual carece de defensas inmunológicas.
Hay, por tanto, algunas similitudes entre ambos casos consideraron historiadores durante el foro académico virtual “Las epidemias en 1520 y 2020. Una reflexión histórica comparativa”, que formó parte del Festival de Ciencia y Arte El Aleph 2020.
En el encuentro, los especialistas coincidieron que la llegada de la viruela a tierras mesoamericanas supuso un impacto que contribuyó a la derrota militar de México-Tenochtitlan, pero sobre todo fue el primer capítulo de una debacle que se prolongaría en los siguientes siglos.
“Es, sin duda, la catástrofe demográfica más grave de la historia de la humanidad”, afirmó el investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Rodrigo Martínez Baracs.

Epidemias en el Caribe
Al hacer un recuento de los acontecimientos, la historiadora de la medicina Sandra Guevara Flores explicó que el arribo de los europeos a las islas caribeñas supuso “la unificación bacteriana del planeta”, al entrar en contacto gérmenes portados por los europeos y africanos que llegaron a estas tierras. “En este caso estamos hablando del efecto de un virus”, acotó la especialista en historia de las epidemias.

Ese intercambio se remonta a 1492, con la llegada de la expedición encabezada por Cristóbal Colón, quien comenzó la fundación de pequeñas colonias de europeos en las Antillas.
Con el paso del tiempo, esos asentamientos se consolidaron, pero también supusieron el exterminio de las poblaciones indígenas, ya sea por la lucha contra los invasores; los malos tratos que recibieron una vez que fueron sometidos a formas de esclavitud, como la encomienda; y las enfermedades que trajeron los europeos, en una primera instancia, y luego los esclavos africanos, que fueron la mano de obra que sustituyó a los cada vez más diezmados indígenas.
Una de esas enfermedades fue la viruela, que primero circuló en las islas caribeñas, cebándose con los grupos originarios, que carecían de defensas naturales contra esta afección, a diferencia de europeos y africanos. Esa situación se iba a repetir cuando inició el desplazamiento hacia el continente y la conquista de más tierras, como ocurrió con Mesoamérica.
“En el siglo XVI, la gran ventaja de los españoles es que ellos ya habían tenido viruela. Digamos que los españoles que llegaron a América eran, de alguna manera, supervivientes de la viruela. Tenían la famosa inmunidad de manada que ahora estamos añorando tanto, porque básicamente ya les había dado viruela o habían sobrevivido o habían conseguido inmunidad. Eran mucho menos susceptibles a una enfermedad, que una población que no la conocía”, externó el integrante del Instituto de Investigaciones Históricas (IIH) de la UNAM, Federico Navarrete Linares.
Guerra de Conquista y contagio

La primera expedición que partió de Cuba rumbó al oeste, a instancias del gobernador Diego Velázquez, fue la encabezada por Francisco Hernández de Córdoba, en 1517.
Aunque cosechó resultados muy pobres, debido a los continuos combates con los indígenas, que incluso le costaron la vida a Hernández de Córdoba, para 1518 salió una segunda flota con rumbo a lo que ahora es Yucatán, al mando de Juan de Grijalva. A pesar de obtener más éxitos, Grijalva decidió volver a Cuba. Entonces apareció la figura de Hernán Cortés.
A principios de 1519, Cortés salió de Cuba. A raíz de los acontecimientos, rompió con el gobernador Diego Velázquez. Con la intención de aprehender y castigar a Cortés, partió de Cuba una cuarta expedición, esta vez encabezada por Pánfilo de Narváez.
En ese nuevo contingente viajaba un grupo de indígenas caribeños, que habían contraído la viruela.
“Históricamente se nos ha dicho que solamente es un individuo, el famoso esclavo negro Francisco de Eguía o de Egea, dependiendo de la fuente, el que se dedica a transmitir la enfermedad. No. Tenemos un contingente de mil nativos, los cuales están enfermos. Con un solo individuo no tenemos suficiente, desde una perspectiva epidemiológica, para hacer una transmisión tan fuerte. Con un contingente de mil personas, que entran en contacto con los indígenas, primero de Cozumel, después en Cempoala, cerca de Veracruz, estamos empezando a diseminar este virus de una manera impresionante”, explicó Sandra Guevara Flores.
Y es que como explicó Martínez Baracs, antes de la llegada de los españoles a México, ya las epidemias habían un hecho un gran daño en las islas antillanas.
“Es cierto que no le podemos echar toda la culpa como tradicionalmente se ha hecho al tristemente famoso negro de la expedición de Pánfilo de Narváez, que llega en mayo de 1520 a Veracruz. Es cierto que la epidemia debió haber llegado, no solamente por los españoles, por los africanos y también por los muchos indios taínos, arahuacos que trajeron de las islas y que tuvieron este efecto tan terrible en la epidemia”, asentó el experto del INAH.

Hernán Cortés logró vencer a Pánfilo de Narváez en Cempoala. Tras la matanza del Templo Mayor y el episodio de la Noche Triste, Cortés abandonó en Tenochtitlan a los indígenas enfermos que había incorporado a su contingente. Fue entonces que comenzó la epidemia de viruela entre los mexicas.
“Bernardino de Sahagún nos dice que realmente la pandemia de viruela inicia en Tenochtitlan en septiembre de 1520. Solamente son 60 días. La epidemia no dura más de 60 días, pero estos 60 días nos sirven para conocer que fue tan fuerte, que las personas morían a montones, que de plano lo que hacían, para no tener que enterrarlos, lo que se hacía era simplemente derrumbar las casas para darles sepultura a los individuos de las familias […] Después de esto, la enfermedad va a ir recorriendo otras partes del Altiplano mexicano, hasta afectar a Tlaxcala”, abundó Sandra Guevara.
Entre los muertos destacó el caso del emperador mexica Cuitláhuac, aunque la viruela se cebó en otros señoríos, como Chalco y Texcoco. Los muertos se contaron por miles y sin duda contribuyó a debilitar la defensa de Tenochtitlan al año siguiente.
“Es necesario saber que los aliados de Hernán Cortés, los texcocanos, los tlaxcaltecas, los cempoaltecas, también vivieron la epidemia. Las matanzas estuvieron por todos lados, con la única diferencia de que los mexicas estaban rodeados, y que los que se les morían no los podían reponer. En cambio, las fuerzas de los españoles y de los grupos indígenas aliados de los españoles, sencillamente fueron creciendo sin parar. Esto es algo importante que hay que tomar en cuenta en esta epidemia”, añadió Martínez Baracs.
Situaciones paralelas
Separadas por 500 años, la epidemia de viruela de 1520, que marcó el rumbo de la conquista militar europea, y la de COVID-19 de este año, tienen características similares, coincidieron los historiadores.
“Se puede comparar todo lo que las personas sintieron, cómo se fue desarrollando la viruela desde un punto de vista epidémico, con el coronavirus que estamos viviendo hoy en día”, refirió Sandra Guevara Flores.
Al igual que ocurrió hace medio milenio, la enfermedad llegó debido al desplazamiento de las personas, apunto Federico Navarrete, con la diferencia de que ahora viajamos más rápido: “En el siglo XXI, 500 años después, la pandemia ha sido vertiginosa, porque nuestros medios de comunicación son vertiginosos”. Esto ha permitido que “un virus nuevo, que no había infectado a ningún ser humano hasta finales del año pasado, en menos de cinco meses esté presente en todos los países del planeta; los medios de transporte de hoy permiten el movimiento mucho más rápido de las personas”. Es, en suma, uno de los efectos de la globalización.
Además, al igual que hace cinco siglos, la población se enfrenta a la misma incertidumbre ocasionada por un patógeno nuevo.

“Estamos a ese nivel de indefensión, en términos epidemiológicos, como estaba la población americana en el siglo XVI, y eso también es un paralelo que nos permite a nosotros entender, aunque sea de una manera mucho más trágica, porque ahora lo estamos experimentando nosotros, lo que pudo haber sido la experiencia de la enfermedad para las personas que la vivieron en 1520, la experiencia de un mal desconocido, que llega repentinamente, que se contagia a una velocidad sorprendente y que en un abrir y cerrar de ojos destruye personas, mata familias y modifica profundamente la realidad. Esa experiencia no es muy distinta a la que estamos viviendo nosotros”, apuntó el investigador del IIH.
Ahora no tenemos una situación de guerra a nivel planetario, pero sí podemos entender mejor el miedo, la incertidumbre, el desconcierto que debió invadir a los pobladores de Mesoamérica ante la propagación de la viruela.
Más allá de estos paralelismos, para Rodrigo Martínez Baracs se abre una ventana para tratar de resolver muchos de los problemas más graves que afectan a la humanidad y al planeta.
“De alguna manera, esta epidemia abre cierta posibilidad de resolver los problemas globales de la humanidad, de manera común. Me refiero a las epidemias, al calentamiento global, los problemas ecológicos, de la miseria, de la guerra y de las migraciones. Es momento de dialogar, ahora que estamos encerrados, entre todos los seres humanos, para buscar una solución que abarque al conjunto de la humanidad”, finalizó el investigador.
