El Popocatépetl: gran emisor de azufre
En los últimos seis siglos, ha tenido 18 grandes erupciones, uno de cuyos componentes es el bióxido de azufre, precursor de la lluvia ácida.

Por José Antonio Alonso García –
Desde hace más de 18 años es frecuente leer o escuchar algo parecido a lo siguiente: “El volcán registró en las últimas 24 horas cuatro sismos vulcanotectónicos de magnitudes que fluctuaron entre 1.2 y 1.8 grados Richter, informó el Centro Nacional de Prevención de Desastres. En este lapso, también emitió 65 exhalaciones de baja intensidad, acompañadas de vapor de agua, gas y en ocasiones pequeñas cantidades de ceniza. La exhalación más importante levantó una columna de ceniza de más de un kilómetro sobre el cráter, dispersada por los vientos hacia el suroeste. Durante la noche se observó incandescencia sobre el cráter”.
El doctor Hugo Delgado Granados, vulcanólogo del Instituto de Geofísica e integrante del Comité Científico Asesor de la Secretaría de Gobernación para el estudio de la actividad del Popocatépetl, afirma que el volcán es uno de los principales emisores de bióxido de azufre en el mundo. “En los últimos 18 años de actividad ha lanzado a la atmósfera más de 30 megatoneladas de bióxido de azufre”, detalla el especialista en entrevista para El faro. Una megatonelada equivale a un millón de toneladas.
Bióxido de azufre ► ácido sulfúrico ► lluvia ácida
El bióxido de azufre es uno de los componentes más importantes de la lluvia ácida, y ya libre en la atmósfera, donde permanece entre dos y cuatro días, se transforma en ácido sulfúrico, muy corrosivo y perjudicial, especialmente para árboles y plantas al precipitarse a tierra con la lluvia. Incoloro y de olor asfixiante, más de la mitad del bióxido de azufre presente en la atmósfera tiene un origen antropogénico, es decir, es producido por la actividad humana, particularmente la industrial; el resto proviene de diversas fuentes naturales, como las erupciones volcánicas.
Las cenizas arrojadas por el Popo han llegado tan lejos como las costas de Texas y Louisiana, transportadas por el viento. En cuanto a su bióxido de azufre, los sensores lo han detectado en las costas del Golfo de México, “y un poco más allá”, refiere el doctor Delgado, quien realizó estudios de maestría y doctorado en la Facultad de Ciencias de la Universidad Tohoku, de Japón.
De la pólvora a la industria
Hace cinco siglos, a falta de pólvora para sus armas de fuego, un grupo de conquistadores españoles ascendió a la cumbre y se internó en el cráter en busca de azufre con que elaborar pólvora. “En la época en que llegaron los españoles había azufre dentro del cráter, pero en este momento no hay”, explica el investigador.
Todavía a principios del siglo pasado su extracción era una industria. “Había gente que ingresaba al cráter, llenaba costales, los sacaban por el labio inferior y los transportaban hasta Amecameca y de ahí a la ciudad de México. El volcán llegó a tener dueño, quien tuvo la ocurrencia de venderlo. Pero no lo consiguió porque empezó a presentar erupciones. Se cuenta que para aumentar la producción de azufre [en 1927] provocaron una explosión dentro del cráter con dinamita. Al año siguiente comenzó la erupción”, relata este científico. “Algunos creen que la erupción fue producida por la explosión, pero no. Un volcán es demasiado grande, y profundo, como para que una pequeña explosión artificial rompa su equilibrio. A partir de esa explosión empezó a dar señales de erupción”, concluye el doctor Delgado Granados, responsable de los sistemas de vigilancia remota de emanaciones de gas en el Popocatépetl, así como del monitoreo de sus glaciares.
Desde el Servicio Sismológico Nacional, gestionado por la UNAM, en concreto por el Instituto de Geofísica, los vulcanólogos toman el pulso continuo de la actividad volcánica y la dan a conocer para beneficio de la sociedad.
