Llevar vida al Planeta Rojo
El planeta Marte ha llamado la atención de los hombres desde la Antigüedad. Su peculiar tono rojizo llevó a pensar a griegos y romanos que tenía alguna relación con el sanguinario dios de la guerra Ares en la cultura helena, Marte entre los latinos.

Por Patricia de la Peña Sobarzo –
Además, el planeta ha alimentado la imaginación popular durante milenios. Antes de la exploración espacial, se pensaba que Marte estaba lleno de vida, con civilizaciones avanzadas, que incluso podrían significar una amenaza para los terrícolas.
Sin embargo, la evidencia arrojada por las observaciones astronómicas y las misiones enviadas al Planeta Rojo estadounidenses, soviéticas y europeas nos muestran un paisaje desolado, sin rastros de civilización y con la permanente duda de que haya algún tipo de vida. Lo que se ha visto es que se trata de un cuerpo celeste frío con una atmósfera muy tenue, compuesta primordialmente de CO2, donde el agua se mantiene congelada en los polos, ya que no puede existir en forma líquida en su superficie debido a la baja presión atmosférica. Hasta ahora ninguna expedición ha confirmado la presencia de microorganismos, ya no se diga de algún tipo de civilización.
No obstante, Marte sigue atrayendo la atención de los científicos. En las páginas de El faro hemos dado puntual seguimiento a los trabajos desarrollados por el doctor Rafael Navarro-González, del Instituto de Ciencias Nucleares, quien en 2009 se hizo acreedor a la medalla Alexander von Humboldt, otorgada por la Unión Europea de Geociencias, por haber descubierto en el desierto de Atacama, en el norte de Chile, una región parecida a la superficie de Marte.
Desde hace años, el doctor Navarro-González colaboró en la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés) en los distintos proyectos que maneja la agencia estadounidense, en su objetivo de explorar al cuarto planeta del sistema solar, teniendo como meta la eventual terraformación de Marte, es decir, modificar las actuales condiciones atmosféricas y climáticas para que, en caso de que se compruebe que no hay vida en su superficie, se pueda introducir especies terrestres que permitan la colonización del planeta.
Altura del bosque en el Pico de Orizaba
En esa oportunidad, Navarro-González detalló que inició una serie de trabajos en el Pico de Orizaba.
El investigador apuntó que dicha montaña es la que cuenta con la línea de bosque más alta del mundo, toda vez que se registra la presencia de árboles hasta una altura de 4,100 metros, situación que no ocurre en ninguna otra parte de la Tierra. El Pico no es la montaña más alta del mundo, pero es la tercera más alta de Norteamérica. La de mayor altura está en Alaska y es interesante ver, apunta Navarro, que las montañas que son muy altas no tienen un bosque muy elevado. Pero conforme uno se mueve del polo hacia el ecuador, se empieza a observar una tendencia ascendente en la línea del bosque, por lo que se esperaría que llegando a ese punto éste fuera más alto. Sin embargo, en el Pico Bolívar que está en Venezuela a tan sólo 9 grados del ecuador, la línea del bosque llega hasta los 3,500 metros de altura, mucho más abajo que la del Pico de Orizaba, de ahí la importancia de experimentar aquí, lo que permitirá conocer cuál es la limitante que determina su crecimiento a esa
altura, a la vez que sirve como un modelo para poder entender cómo sería el proceso de terraformación en Marte.
Para entender qué es lo que permite el crecimiento de organismos en un ambiente a esa altura, donde escasea el oxígeno y las temperaturas son muy bajas, el doctor Navarro y su equipo han procedido a la plantación de arbolitos de la misma especie que crece en la parte más alta del Pico de Orizaba, que es Pinus hartwegii a diferentes rangos de altura.
Una de las hipótesis que se maneja en cuanto a lo que limita el crecimiento del bosque está relacionada con las bacterias encargadas de la fijación del nitrógeno, del que se nutren las plantas. Probablemente las bajas temperaturas que se experimentan por encima de la “línea de bosque” no permiten que estas bacterias lleven a cabo su función. De acuerdo con Navarro la “más costosa que se produce en la naturaleza”, ya que requiere de mucha energía para hacer la conversión química
de nitrógeno en amoniaco.
Es decir, necesita 18 moléculas de ATP para destruir una molécula de nitrógeno, mientras que la fotosíntesis requiere 12 por 6 átomos de CO2. La fijación del nitrógeno es la ruta metabólica más energética que existe en la naturaleza y ante las bajas temperaturas podría colapsarse.
Colateralmente, entre los resultados preliminares de la investigación, han podido advertir que en el Pico de Orizaba se están sintiendo los efectos del cambio climático, expresado en el incremento de la temperatura:
“Cuando iniciamos el estudio hace diez años, en 1999, podíamos ver siempre el glaciar en la punta del volcán. Ahora ya no se ve, sólo en la cara norte se puede apreciar una pequeña cantidad pero ha desaparecido el hielo. Eso nos está demostrando que sí ha habido un cambio y lo estamos viendo con los arbolitos que pueden desarrollarse más alto”, apunta el doctor Navarro.
Pero ahí no terminan las bondades de este accidente orográfico, además de investigar qué delimita el crecimiento del bosque y de pastos a cierta altura, el Pico de Orizaba permite echar un vistazo al proceso que ha seguido la vida en la Tierra. Así, en la punta del glaciar no se tienen vestigios de ningún tipo de organismo, pero a medida que se desciende y cambia la temperatura se pueden encontrar diferentes especies, cada vez más complejas, empezando con algunas bacterias, pasando por hongos y cianobacterias, después líquenes y conforme se continúa en el descenso se ven musgos hasta alcanzar a los pastos y por último a una mayor diversidad de plantas hasta llegar al bosque.
“El Pico de Orizaba nos sirve como un modelo para entender cómo sería el proceso de terraformación, porque efectivamente, podemos ir en el pasado y ver cómo evolucionó el planeta. Si uno se va a una montaña alta y empieza a descender, vemos exactamente el proceso de colonización de los continentes por las plantas”.
Respuestas en el suelo
Navarro-González añade componentes orgánicos presentes en el suelo del volcán, donde habitan organismos como las cianobacterias, que juegan un papel fundamental en los esquemas de generación de vida. En el caso del Pico de Orizaba, la presencia de estos microorganismos representa un bloque en el edificio de la vida, ya que su actividad es fundamental para la fijación de nitrógeno, uno de los procesos que permiten la nutrición celular. Las cianobacterias son la fuente que lleva
nitrógeno a los mares. En una época del año hay un florecimiento de estas bacterias, que es cuando están haciendo la fijación del nitrógeno; dicho florecimiento ocurre en el verano y no en el invierno, porque aunque haya sol, la temperatura disminuye.
Con las observaciones realizadas en el volcán podrían seguirse procedimientos para llevar vida a Marte. Pero para ello el primer paso importante es saber si la hay en el planeta: “Necesitamos saber si hay o no vida en Marte. Si no la hay entonces podríamos hacer el experimento de cambiar su clima e introducirla”.
En cuanto a si es ético o no llevar vida de la Tierra a Marte, Navarro considera que “si la hay, no es correcto llevarla de aquí porque entraría en conflicto y podría ocasionar daños importantes a la biosfera marciana, pero si no la hay, no habría ningún problema”.
Antes se pensaba que era difícil el origen de la vida, que tal vez llevó miles de millones de años en surgir, ahora se cree que no, que la vida aparece rápidamente. De hecho, enfatiza el investigador, “surgió muchas veces en la Tierra, pero era aniquilada por impactos de asteroides y cometas que volatilizaban los océanos y no fue hasta que el ambiente de la Tierra primitiva se estabilizó, cuando la vida ya se mantuvo. Creo que un experimento que se puede hacer es probar qué pasa si
llevamos la vida afuera.
Tenemos una misión de la NASA programada para el 2011, en la que yo participo, y que va a tratar de determinar si hay vida o no. Si encontramos compuestos orgánicos eso haría que pudiéramos tener más misiones con pruebas fisiológicas”. Por el momento se buscarán compuestos orgánicos para determinar si son de origen biológico o químico.
El Planeta Rojo en el 2050
“No se piensa llevar los gases desde la Tierra, sino solamente mandar máquinas o robots que puedan extraer del suelo marciano los volátiles que se requieren para generar los gases en Marte. Tienen que ser muy potentes para que estén en concentraciones bajas y no tengamos que producir tantos, además deberán atrapar eficientemente la radiación solar. También tienen que ser estables en la atmósfera para que el Sol no los destruya y por lo tanto no tengamos que estar continuamente suministrándolos. Se calcula que a lo mejor en unos 100 años podríamos ya tener un clima propicio para que el agua que está congelada en los polos en el subsuelo se derrita”.
El doctor Navarro estima que será a mediados de este siglo cuando se pueda saber de forma definitiva las condiciones biológicas del Planeta Rojo. En caso de que las indagaciones den un resulpero en un proceso inducido y controlado.
Y es que como se recordará, Marte recibe hasta un 40% menos de la radiación solar, en comparación con la que llega a la Tierra. Esto hace que las condiciones de temperatura sean extremadamente bajas, por lo que se necesita elevar el nivel al menos hasta 7° C, que es la temperatura promedio que se requiere en Marte para poder hacer crecer un bosque.
Una vez superado este paso, será posible introducir especies de la Tierra, entre las que se encuentran organismos como las cianobacterias, cuya actividad permitirá también la incorporación de diferentes plantas, siguiendo los pasos de lo que ahora se realiza en el Pico de Orizaba.
Reproducir en Marte las condiciones que sustentan la vida en la Tierra parece extraído de una historia de ciencia ficción. Sin embargo, con el avance científico y tecnológico esto cada vez se aproxima más a ser una realidad, aunque se trata de un proyecto que podría tomar de 100 hasta 1,000 años para concretarse.



