Mosquitos y virus letales
La Organización Mundial de la Salud estima que la mitad de la población está expuesta a contraer dengue, una enfermedad vírica transmitida por la picadura de mosquitos infectados, pertenecientes al género Aedes, que también contagian el virus de la fiebre chikungunya, de reciente aparición en territorio nacional.

El faro conversó con la doctora Blanca Haydé Ruiz Ordaz, del Instituto de Investigaciones Biomédicas, cuyo equipo de trabajo estudia “las interacciones tempranas del virus dengue en células tanto de mosquitos del género Aedes, como en células de mamífero”.
Cuatro años y medio después, nos hemos acercado de nueva cuenta a esta especialista universitaria para que nos trace un panorama de la expansión de esa afección, así como de la irrupción de la fiebre chikungunya, que es transmitida por el mismo vector que el dengue.
El cambio climático, factor de expansión
Como nos explicó la doctora Ruiz Ordaz en aquella primera oportunidad, el alargamiento de la temporada de lluvias y el incremento de la temperatura ambiente, ambos fenómenos ocasionados por el cambio climático, son los principales responsables de la expansión del Aedes aegypti, principal transmisor de los virus que ocasionan el dengue y la fiebre chikungunya. Sin embargo, también se ha determinado que la especie Aedes albopictus, que vive en zonas templadas y frías, puede ocasionar la fiebre.
Para el primer caso se ha identificado cuatro serotipos de virus (DEN 1, DEN 2, DEN 3 y DEN 4), mientras que un virus ARN, del género alfavirus, familia Togaviridae, es el causante del chikungunya.
El cambio climático ha redundado en la subtropicalización de zonas urbanas, donde el vector se ha adaptado a las nuevas circunstancias. Ahora los dípteros se encuentran en lugares tan extremos como Rusia, Canadá y las Montañas Rocallosas en Estados Unidos.
En nuestro país ha ocurrido algo similar. Entidades federativas como Sonora y Coahuila reportan la presencia del A. aegypti, a pesar de ser sitios donde si bien se registran habitualmente altas temperaturas, también presentan fríos extremos.
“Es increíble, pero es un mosquito que se adapta muy fácilmente a la convivencia con el humano. Se ha ido acostumbrando a la altura y al frío. Las épocas de lluvia, al prolongarse, también contribuyen al mantenimiento de los huevecillos, que disecados pueden durar hasta un año y con cualquier lluvia puede surgir el mosco adulto. Justamente por eso hay casos en periodos interepidémicos, que se salen de la época o del pico epidemiológico”, detalla la investigadora.
Esta expansión también se ha dado en la región del altiplano central, al identificarse en entidades como Hidalgo y Puebla, donde hasta hace no muchos años los fríos habían sido una barrera natural. Sin embargo, el paulatino proceso de subtropicalización ha dado pie a que los casos importados fueran sustituidos por los autóctonos.
Pocas son las entidades que escapan a esta presencia. Una de ellas es Tlaxcala, cuyos más de 2,000 metros de altitud sobre el nivel del mar y sus bajas temperaturas siguen siendo un obstáculo eficaz. Sin embargo, la investigadora no descarta que el díptero se haya extendido hasta ese estado.
“Realmente no sé si es porque no se ha ido a buscar el vector y que Tlaxcala ya lo tenga, porque, efectivamente, se ha reportado presencia en Las Rocallosas, en Rusia, y yo no dudaría que estuviera también en Tlaxcala. Hasta ahora el frío extremo se ha comportado como una barrera, y normalmente Tlaxcala no es un estado cálido”, refiere la investigadora, quien añade que efectuaron un estudio que incluyó la colecta de mosquito, del que se desprendieron datos interesantes, particularmente porque hay especies muy parecidas al A. aegypti. “Queremos ver si hay formas invasoras que puedan transmitir este y otros virus. Eso estamos próximos a saberlo”, remarca.
Amenaza para la salud
La OMS refiere que el dengue representa altos costos para los sistemas de salud de los países donde es endémico. El organismo documenta que “en las últimas décadas ha aumentado enormemente la incidencia de dengue en el mundo. Más de 2,500 millones de personas —más del 40% de la población mundial— están en riesgo de contraer el dengue. La OMS calcula que cada año se producen entre 50 y 100 millones de infecciones por el virus del dengue en el mundo”.
La Organización reporta que en 2008, en las regiones de las Américas, Asia Sudoriental y Pacífico Occidental se registraron más de 1.2 millones de casos, y en 2010, más de 2.3 millones. Hace dos años se notificaron 2.35 millones de casos tan solo en el continente americano; 37,687 fueron del tipo grave.
El dengue es una enfermedad que puede llegar a ser mortal, particularmente en su variante severa, que con anterioridad era conocida como hemorrágica, aunque, como precisa la doctora Ruiz Ordaz, hay personas que fallecen sin que presenten sangrado, por lo que se optó por el cambio de nomenclatura.
Ahora, la OMS habla de dengue severo y no severo, siendo el primero el que ha registrado un aumento en su incidencia, con efectos más serios sobre los enfermos.
“Se conocen casos de daños a órganos que antes no se presentaban, por ejemplo, afectación al corazón, al riñón, al cerebro, por lo que las formas severas son las preocupantes”, refiere.
En este momento no hay una cura para esta enfermedad, que solo es controlada. De acuerdo con Ruiz Ordaz, no se ha podido desarrollar un antiviral efectivo debido a que no hay un modelo animal que presente las mismas manifestaciones que el humano cuando es infectado. Aunque hay algunas vacunas en el mercado, su eficiencia aún es reducida.
Un nuevo actor: el chikungunya
En las últimas semanas, el sector salud de México reportó los primeros brotes autóctonos de la fiebre chikungunya.
Los primeros casos identificados de este padecimiento se dieron en Tanzania, en 1952, aunque tuvo una propagación vertiginosa. De acuerdo con la OMS, “chikungunya” es una voz del idioma Kimakonde que significa “doblarse”, en alusión al aspecto encorvado de los pacientes debido a los dolores articulares. Este padecimiento “se caracteriza por la aparición súbita de fiebre, generalmente acompañada de dolores articulares. Otros signos y síntomas frecuentes son: dolores musculares, dolores de cabeza, náuseas, cansancio y erupciones cutáneas. Los dolores articulares suelen ser muy debilitantes, pero generalmente desaparecen en pocos días”.
Luego de extenderse por África, Asia sudoriental, el sur de Europa y el Caribe, saltó a nuestro país, registrándose casos en Chiapas. Uno de los problemas que presenta la atención del chikungunya es que puede confundirse fácilmente con el dengue, para lo que se deben aplicar pruebas serológicas que permitan la identificación plena.
Herramientas para preservar la salud
La doctora Ruiz Ordaz establece que en el Instituto de Investigaciones Biomédicas tienen abiertas varias líneas de trabajo, a nivel básico y en el aplicado. “Por ejemplo, hemos estudiado brotes en el estado de Chiapas, para entender los factores epidemiológicos, del virus y del huésped, que son importantes para el establecimiento de las formas severas de la enfermedad. Estamos identificando los receptores en el vector, para poder hacer vacunas contra el mosco”, abunda.
El objetivo es dotar de herramientas para interrumpir la transmisión de la infección entre el vector y el hombre. “Tenemos líneas en las que revisamos cuáles son los factores que están involucrados en la relación huésped-parásito”, refiere.
Como ha ocurrido en casos similares, el mosco se ha vuelto más resistente a los insecticidas y plaguicidas que se han utilizado para combatirlo, lo que ha obligado a buscar nuevas estrategias para erradicarlo.
Una de ellas consiste en la creación de mosquitos interferentes, que han sido genéticamente modificados. La investigadora indica que en centros de investigación de Estados Unidos se ha estudiado “la susceptibilidad genética del vector para adquirir el virus. Ellos han identificado genéticamente esos factores de susceptibilidad, que son genes de resistencia. Así han creado mosquitos altamente refractarios o muy susceptibles a adquirir la infección. También tienen ejemplos de mosquitos altamente transmisores o pocamente transmisores del virus. Se está jugando genéticamente con el mosco, al que se llama mosco interferente, porque se hace con un RNA de interferencia”, puntualiza.
Estos especímenes genéticamente modificados podrían ser dispersados, para que actúen como un control biológico. Incluso ya han sido empleados en la ciudad brasileña de Recife, donde hubo resultados prometedores.
Sin embargo, para Ruiz Ordaz se debe priorizar la prevención. En primer lugar, se debe descacharrizar las casas, es decir, quitar los recipientes u objetos en los que pudiera quedar estancada el agua, que a su vez podría servir como criadero de huevecillos, que suelen ser muy resistentes al permanecer durante meses en estado latente.
Cualquier agua estancada, que puede estar en una llanta, en un florero, en un tinaco, o cualquier otro receptáculo, es un criadero del mosquito. “Si tuviéramos el hábito de la descacharrización, de la limpieza, de tapar los tinacos, de no tener agua estancada, de utilizar mosquitero y repelente en las áreas endémicas, se controlaría mucho”, apunta.
Pero la situación es muy diferente, ya que las campañas de descacharrización se abandonan, además de que falta control en el reciclado de la basura, lo que a la larga permite la propagación de los mosquitos. De ahí la importancia de implementar campañas para erradicar el vector, lo que evitaría gastos a la administración pública.
por Yassir Zárate Méndez
