Aire contaminado y cáncer
La impresionante foto de una ciclista con cubre-bocas que pedalea entre las congestionadas calles de la contaminada ciudad de Beijing, fue utilizada como carátula del reporte que presentó en octubre pasado la Agencia Internacional para la Investigación sobre Cáncer, perteneciente a la Organización Mundial de la Salud.

La imagen es impactante, pues apenas si se distinguen los autos que hay detrás de la joven ciclista, e inevitablemente llama la atención sobre un problema que se cierne sobre muchas ciudades: el de la contaminación.
En el reporte, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) concluyó que hay pruebas suficientes para considerar que la exposición al aire contaminado aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón, colocándolo en el grupo 1, dentro de una clasificación que abarca cuatro grupos.
La agencia clasifica la información a partir de los resultados de reportes científicos sobre aire contaminado en varios puntos del orbe. En el grupo 4 se ubican las sustancias que tienen menor evidencia para considerarlas cancerígenas; en contraste, en el 1 se encuentran aquellos que tienen suficiente evidencia para clasificarlos como cancerígenos.
La IARC concluyó que el aire contaminado es precursor de cáncer de pulmón, dando la pauta para aportar nuevas investigaciones.
En el Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM, el Grupo de Mutagénesis Ambiental investiga desde hace más de diez años las partículas presentes en el aire contaminado, entre ellas las llamadas PM2.5, con diámetros menores a 2.5 micrómetros (un micrómetro es una millonésima parte de un metro).
Uno de sus integrantes es el doctor Omar Amador Muñoz, quien en entrevista con El faro ofreció su punto de vista sobre el reporte de la IARC, además de dar a conocer las características del aire contaminado de la ciudad de México.
De entrada, el especialista destaca que el informe de la Agencia tendría que mover a la toma de acciones para lograr la atenuación del efecto de los contaminantes, no solo en ciudades como la de México, sino en las de otros países del mundo.
“China, por ejemplo, es uno de los países que más emite contaminantes a la atmósfera. Los límites máximos establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) de PM2.5 en 24 horas y promedio anual son 25 y 10 microgramos por metro cúbico (µg m3), respectivamente. Se pensaría que estar por debajo de ese límite es encontrarse a salvo. Sin embargo, en ocasiones registran 1,000 microgramos por metro cúbico de las PM2.5, catalogadas como cancerígenas”.
El aire que respiramos es el aerosol atmosférico, compuesto de una fase gaseosa y otra particulada. En esta última fase se encuentra a las PM2.5 y cuando se respiran pueden llegar a los alveolos pulmonares. Estas partículas están consideradas como detonadoras de mecanismos que llevan a desarrollar cáncer, entre otros efectos de morbilidad, destaca el experto.
Las PM2.5
En la ciudad de México hay ocho contaminantes criterio normados. Cuatro son gases: bióxido de azufre, ozono, monóxido de nitrógeno y monóxido de carbono; y los otros cuatro son material particulado: plomo, PM2.5, partículas menores a 10 micrómetros (PM10) y partículas suspendidas totales (PST). El plomo es el único metal normado que emitían las gasolinas hace algunos años, cuya producción ha declinado, mas no desaparecido, apunta Amador Muñoz: “Seguimos encontrando plomo en las partículas; este metal tiene la característica de incorporarse a los huesos mucho más rápido que el calcio, aunque ahora se detecta más antimonio en el ambiente”.
¿Y de dónde viene ese antimonio? En la ciudad de México las fuentes principales son los automóviles y la industria. “Aunque no se tiene un registro de la cantidad exacta de antimonio liberado diariamente, habría que recordar que el parque vehicular en la ciudad de México ha alcanzado los 4 millones y medio de vehículos y alrededor de 35,000 industrias”, apunta el científico.
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Normas en la calidad del aire
La Norma Oficial Mexicana para partículas está restringida a masa, mas no a la composición, destaca Omar Amador. “La NOM 025 para partículas menores a 10 micrómetros señala que en 24 horas no se deben superar los 120 microgramos por metro cúbico, mientras que para partículas menores a 2.5 micrómetros establece como límite 65 microgramos por metro cubico en 24 horas”.
El límite anual permitido para este último grupo de partículas es de 15 microgramos por metro cúbico, mientras que para las PM10, el mínimo son 50 microgramos por metro cúbico. El científico reconoce que las normas suelen ser muy flexibles, ya que se establecen estándares por arriba de las recomendaciones dadas por la OMS. “Lo anterior quizás obedezca a que las normatividades mexicanas se modifican con los estándares estadounidenses, cuyo estilo y condiciones de vida es distinta a la nuestra”.
Los efectos en la salud, identificados por Amador Muñoz y algunos integrantes del grupo de Mutagénesis Ambiental, están vinculados con la composición de las PM2.5 entre los que destaca un tipo de contaminantes llamados hidrocarburos aromáticos policíclicos o HAP´s (Ver El faro 139).
Las normas no evalúan la composición de las PM2.5 que pueden ser inocuas incluso rebasando la norma, o bien no rebasarla y ser altamente tóxicas, aclara el experto.
“Lo que nosotros hacemos es estudiar la composición química de la fracción orgánica de las partículas. La clasificamos en diferentes subfracciones y hemos encontrado que compuestos como los nitro aromáticos polinucleares son más genotóxicos que los policíclicos per se”. En la atmósfera, destaca el experto, hay contaminantes que se emiten y otros que se forman, de ahí que ante la amplia cantidad de familias de partículas su estudio se torne complejo.
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Límites asequibles
Omar Amador sabe que establecer límites es el mejor camino para alcanzar objetivos concretos. Reconoce que poner en marcha programas como el doble hoy no circula ante una contingencia es una medida factible, pero debería haber más programas de ese alcance.
“La población debería aprender a usar su auto en casos verdaderamente necesarios, no solo para avanzar dos o tres cuadras. Hace falta mucha labor de concientización hacia este tipo de conductas; hay que hacer más partícipes a los niños”.
Entusiasta, el científico considera que se debe fomentar el uso del transporte público, y aunque reconoce deficiencias, se decanta por repetir en toda la ciudad proyectos como el metrobús, porque utiliza tecnologías menos agresivas con el ambiente. También recomienda el uso de energías alternas, como la solar, la eléctrica, la biogénica y la eólica, que no sean de origen fósil, como los hidrocarburos.
Por primera vez la OMS ha clasificado a la contaminación atmosférica como precursora de un tipo de cáncer, el de pulmón, tras una recopilación de más de 1,000 artículos científicos, cuyos estudios tuvieron lugar en varias ciudades del mundo. “Es hora de incluir otras medidas, ya que al planeta le tomará muchos años recobrar su equilibrio”, advierte el especialista.
Una situación que entusiasma al científico es saber que los estudios que él y el grupo de Mutagénesis Ambiental realizan con los hidrocarburos aromáticos policíclicos, han sido considerados dentro del PROAIRE 2010-2020, un programa del gobierno local para mejorar la calidad del aire en el Distrito Federal.
“Esto es una buena noticia, porque conocer qué se respira puede ayudar a saber qué y con qué se controla, con lo que se puede incidir en las estrategias y normas de minimización”, enfatiza Omar Amador Muñoz.
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Por Sandra Vázquez Quiroz
