
Por Yassir Zárate Méndez –

El cambio climático exige cambios estructurales en diferentes órdenes, sostuvo el coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático (PINCC) de la UNAM, el Dr. Francisco Estrada Porrúa. Alertó que a medida que pase el tiempo sin tomar las medidas necesarias, aumentará el costo de los eventos relacionados con este fenómeno ocasionado por la actividad humana; asimismo, se incrementarán los impactos ambientales, como las olas e islas de calor.
Expuso que desde 2023 “vivimos un periodo que no habíamos experimentado nunca; ha sido muy extraordinario lo que estamos viviendo y eso continúa”, y aunque parte de esa situación se debe a una variabilidad natural, hay un factor de largo plazo, “que es el cambio climático antropogénico”, que está empujando para que tengamos situaciones como ondas de calor extremo o intensas precipitaciones pluviales.
En rueda de prensa, Estrada Porrúa explicó que si se toma el promedio anual de la temperatura global, tomando como punto de partida a mayo de 2023 y finalizando en abril de este año, los registros indican que esos doce meses tienen un promedio de 1.65 grados Celsius por arriba del promedio preindustrial. De hecho, el pasado abril fue el más cálido desde que se llevan registros de temperatura, iniciados en 1850; asimismo, durante abril, 47 países tuvieron máximos históricos de temperatura, incluyendo a México, “y es muy probable que 2024 sea el año más cálido o el segundo año más cálido registrado”, agregó.

Para ilustrar sus aseveraciones, mostró una serie de mapas en los que se mostraban los países donde se presentó el año más cálido, en el lapso que va de mayo de 2023 a abril de 2024. La mayor parte de los territorios se encontró en esa situación, incluido México, cuya práctica totalidad del territorio estuvo en esa circunstancia.
Un segundo mapa muestra los lugares con el abril más cálido en la historia; además, una gráfica reflejó la anomalía que muestran esas temperaturas, es decir, “qué tanto es distinto esto a las condiciones que uno esperaría”. La imagen era por demás elocuente, ya que las temperaturas se han disparado por encima de las tendencias de otros años, en particular si se comparan con el periodo preindustrial.
Agregó que desde hace veinte años, integrantes del entonces Centro de Ciencias de la Atmósfera, ahora Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC), han advertido sobre los impactos y consecuencias de las variaciones en los patrones climáticos a escala planetaria. Esos pronósticos se han cumplido.
Qué pasa en México
En cuanto a lo que sucede en el país, Estrada Porrúa mencionó que el promedio global de la temperatura ha aumentado entre 1.2 y 1.3 grados Celsius con respecto al periodo preindustrial, pero en México ese incremento ha sido de 1.7 grados.
“No solo ha aumentado la temperatura en nuestro país, sino que lo hace de manera más rápida”, expuso.
Es así como tenemos una tendencia en promedio para el país de casi tres grados, cuando la tendencia global es de alrededor de dos grados por siglo. Ahora bien, los cambios no son iguales en el territorio nacional, ya que en regiones del norte del país y algunas partes del sur se alcanzan tendencias de hasta seis y cinco grados Celsius por siglo.

“Nosotros hicimos un estudio que se publicó el año pasado, en el que analizamos cómo ha cambiado la probabilidad de rebasar las temperaturas muy extremas”, abundó.
Apoyado en gráficos y mapas, el también investigador reiteró que la actividad humana es la principal responsable de los cambios en los patrones climáticos, a lo que se suma una pequeña aportación de factores naturales. Al respecto, advirtió que la probabilidad de rebasar los umbrales históricos se ha multiplicado por cinco en algunos lugares.
Añadió que una comparación entre 2018 y el periodo comprendido entre 1961 y 1990, sobre el riesgo por temperaturas muy extremas, el 94 por ciento de la población global experimentaba una mayor vulnerabilidad. Algo parecido ocurre con los eventos extremos de precipitación.
“En febrero dimos una conferencia sobre qué estaba pasando con el cambio climático y las condiciones que se podían esperar para este año. Aquí es muy importante, porque podemos ver hacia adelante”, indicó, al tiempo que ilustraba sobre la alta probabilidad de temperaturas extremas, es decir, rebasar otra vez las temperaturas con respecto al periodo 1991-2020. La probabilidad de rebasar estas temperaturas históricamente extremas era muy elevada. “Podemos esperar, con alta probabilidad, eventos muy extremos de temperatura máxima”, concluyó.
Vulnerabilidad ante el cambio climático
El experto universitario sostuvo que aunque muchas comunidades están preparadas históricamente para temperaturas muy elevadas, los pronósticos indican que habrá condiciones que van mucho más allá de lo que hasta ahora han experimentado. Esta situación será cada vez más común, debido al cambio climático.
“Una sociedad está preparada para cierto rango de variación en el clima, pero cabe preguntarnos cuánto tiempo nos tardaríamos para salir del rango para el que estamos preparados. A eso le llamamos espacios climáticos seguros”, agregó.
Por ejemplo, para el caso de México, quienes vivieron en 1880, con las condiciones de aquel momento y las emisiones de gas de efecto invernadero estimadas, “hubieran tenido que pasar alrededor de 100 años para que salieran de ese espacio para el que su sociedad estaba preparada”. En tanto, para 1960, el plazo que tuvieron para salir de las condiciones para las que su sociedad estaba preparada, se redujo a 50 años. En nuestra década, el lapso para salirnos de este clima al que estamos acostumbrados como sociedad, se reduce de una manera muy importante.

Si continúan las emisiones de gases de efecto invernadero como hasta ahora, sin hacerse grandes cambios, contamos con unos 20 años para que las condiciones que ahora consideramos extremas sean lo normal. Sin embargo, si se respetan los compromisos asumidos, como el Acuerdo de París, contaremos con trece años adicionales.
“Con esto quiero recalcar la importancia que tienen los compromisos. Trece años más para adaptarnos es muy importante. Es una oportunidad para reducir nuestros impactos. Si se cumpliera el Acuerdo de París, no tendríamos que preocuparnos por salirnos de estas condiciones para las que nuestra sociedad está preparada”, adujo.
El impacto de la isla de calor
Un factor adicional que debe tomarse en cuenta es el de la isla de calor, un fenómeno ampliamente estudiado por el Dr. Ernesto Jáuregui, desde los tiempos del Centro de Ciencias de la Atmósfera. “La isla de calor es un fenómeno muy importante; normalmente estamos hablando de cambio climático global, causado por la acumulación de gases de efecto invernadero en nuestra atmósfera, pero también hay cambios climáticos locales”. La isla de calor es resultado directo de la urbanización, que impacta el balance de energía a nivel local, lo que ocasiona un cambio a nivel local del clima.

En el caso de la capital del país, el oriente de la ciudad es donde se dan los mayores incrementos en la temperatura, debido a la isla de calor, con algunos lugares superando hasta cuatro grados Celsius. Adicionalmente, al contrastar el mapa de riesgo de temperaturas máximas, con el atlas de riesgos de la Ciudad de México, el patrón donde se da el máximo nivel corresponde “muy cercanamente con dónde está la isla de calor”.
Estrada Porrúa refirió que a través de un proyecto con el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías se ha diseñado un modelo físico del clima, con estimaciones de la isla de calor, para el corto plazo y de cara al futuro; adicionalmente, se valoran algunas medidas que podrían reducir este calentamiento. Las alcaldías Venustiano Carranza, Iztacalco, Cuauhtémoc y Gustavo A. Madero, así como el municipio mexiquense de Nezahualcóyotl son los que presentan mayor calentamiento en la zona metropolitana del Valle de México, con incrementos que van de dos a tres grados.
Si bien reconoció que los eventos extremos, como las olas de calor sin precedentes o los huracanes de mayor intensidad, tienen un alto impacto a nivel ambiental, humano, social y económico, no son los más costosos del cambio climático.
“Hay que mantener la idea de que sí hay que preocuparnos y hay que actuar por los eventos extremos, pero tenemos que pensar en el cambio climático. Podemos adelantarnos para prever y tomar las acciones necesarias para reducir nuestros riesgos”, externó.
Los pronósticos permiten alertar y aplicar las medidas para reducir los riesgos. Por ello, urgió a emprender los cambios estructurales necesarios para responder al cambio climático.
