Ciencia, salud y género. Políticas públicas e investigación de vanguardia

Especialistas de la UNAM y de otras entidades académicas y gubernamentales coincidieron en destacar que el libro Ciencia, salud y género, publicado por la Universidad Nacional, la Facultad de Medicina y el Grupo Mujer y Ciencia UNAM marca un hito en las investigaciones sobre la materia
Puntos de convergencia
Los días 10 y 11 de septiembre de 2018 se dieron cita decenas de especialistas en el “Primer Congreso Internacional Ciencia Salud y Género”, efectuado en la Facultad de Medicina de la UNAM, a partir de una convocatoria emitida por esa entidad universitaria y el Grupo Mujer y Ciencia.
El propósito fue el de “continuar a la vanguardia internacional”, en estudios de este tipo, luego de una intensa actividad desarrollada en la Universidad y en otras instancias académicas y de investigación para incorporar la perspectiva de género.
Fruto de ese Congreso es la publicación de este volumen, presentado en días pasados a la distancia por diferentes especialistas.
Al respecto, una de las editoras, la directora del Laboratorio de Sinapsis Eléctricas de la Facultad de Médica, la Dra. Martha Pérez Armendáriz, explicó que ante la relevancia para mejorar la atención de la salud de la población del país, era relevante dejar un testimonio sobre este asunto.
En el libro se dan cita algunos de los conferencistas del Congreso efectuado en 2018. Es así como hay 23 grupos de investigación con un “trabajo de muy alta calidad y muy estimulante para todas y todos”.
Momento histórico

Directora del Museo de la Mujer de la UNAM, la Dra. Patricia Galeana.
En la ronda de comentarios, la directora del Museo de la Mujer de la UNAM, la Dra. Patricia Galeana, destacó la coyuntura en la que se presenta este volumen. “La COVID-19 ha evidenciado desigualdades en materia de género”, asentó la también historiadora.
Adujo que en el contexto de la cuarta ola del movimiento feminista, detenida en parte por la contingencia ocasionada por la COVID-19, “la publicación del libro es coyuntural y aparece en un momento histórico”.
Puso de relieve la distribución asimétrica de los cuidados, potenciada por la contingencia sanitaria, lo que derivó en un aumento de hasta un 25% en la violencia ejercida contra las mujeres, como reportan diferentes organismos internacionales y del país.
Galeana apuntó que se trata de un momento histórico por dos razones fundamentales. Por una parte, estamos viviendo una situación que ha puesto de relieve la desigualdad de género y por otra, destaca la gran contribución que hacen la ciencia, la investigación y el sector salud para la humanidad.
“Ciencia, salud y género, para mí como historiadora, me ha dado luces de una serie de aspectos que desconocía. Las científicas del campo de la salud han hecho grandes aportaciones, para que podamos seguir delante de esta situación”, expuso.
Para la académica, poner la atención en la perspectiva de género “nos ayudará a poder superar muchos problemas que se presentan en los trabajos que están compilados en esta publicación”.
Asimismo, destacó la inclusión de un artículo de carácter histórico, que da cuenta cómo han sido relegadas las aportaciones y el papel desempeñado por parteras y médicas, en el siglo XIX y en la Revolución, cuando comenzó un proceso de jerarquización de las profesiones, lo que implicó dejar en un segundo plano a las mujeres, tanto a las enfermeras como a las médicas.
De paso, evocó a Matilde Montoya, primera médica mexicana, que enfrentó numerosos obstáculos para realizar sus estudios, y después para ejercer su profesión de obstetra.
De igual manera, resaltó la feminización de la matrícula en la Facultad de Medicina de la UNAM, situación que también fue resaltada por otros comentaristas.
Por ello, se pronunció por la necesidad de que haya políticas públicas, “como plantea la Dra. Pérez Armendáriz, para atender a todas las áreas del sector salud, con perspectiva de género, y no solamente en el sector salud, sino en la UNAM, en las diferentes áreas de investigación.
Al respecto, la Dra. Patricia Galeana destacó que en la UNAM, en el marco de la cuarta ola del feminismo, “se creó una Coordinación de Género. Hay materias obligatorias de violencia, género y ética comunitaria”.
Estudios de vanguardia
Por su parte, tras reconocer el trabajo efectuado por las editoras del libro, la directora de la Facultad de Psicología de la UNAM, la Dra. María Elena Medina-Mora Icaza, también hizo eco de las desigualdades evidenciadas por la COVID-19.
Señaló que México es uno de los países con una alta tasa de mortalidad entre mujeres del sector salud, situación que “tiene que ver con la falta de políticas y por eso también es tan importante el libro”.
Coincidió con Patricia Galeana en cuanto a la sobrecarga que están teniendo las mujeres, que además de desempeñarse laboralmente, deben cumplir tareas adicionales en sus hogares, como cuidadoras de enfermos, profesoras de los niños que vivan en la casa, además de otras tareas.
“Lo que me llamó la atención es que la Organización Mundial de la Salud y muchos organismos hablaron desde muy temprano en la pandemia de la sobrecarga que tenía la mujer, como madre, trabajadora, cuidadora de enfermos, cuidadora del hogar, trabajo en casa, más maestra de sus hijos, pero también me llamó la atención cómo no hubo ninguna mención a qué se podía hacer para ayudar y liberar esa sobrecarga”, expuso la investigadora.

En cuanto a los contenidos del libro, la directora de la Facultad de Psicología se centró en el capítulo “Salud mental e interrupción legal del embarazo: resultados de un estudio exploratorio en la Ciudad de México”, basado en una investigación encabezada por Luciana Ramos-Lira.
“Cuando se habla del derecho de la mujer a decidir sobre su embarazo, hay toda esta situación de penalización, de estigma que sale tan claro en el estudio de Luciana.
Ella siempre ha sido una investigadora que ha tocado los temas más complejos y más difíciles desde que llegó a hacer su servicio social. El estudio está muy bien hecho. Habla sobre 114 mujeres que recibieron servicios en una clínica donde hay aborto legal en la Ciudad de México”, puntualizó.
Al preguntarse sobre la trascendencia del estudio, destaca que la investigación documenta que 73 por ciento de las mujeres no estaban deprimidas.
Expuso que esa cifra es muy relevante, porque en un estudio efectuado hace varios años, “que me invitó a comentar Martha Lamas sobre la estimación de cuántos abortos había en la Ciudad en México, con una metodología muy innovadora, de cómo llegar a estos casos que eran en la época ilegales y escondidos. El espíritu era cómo documentar que el hecho de que no hubiera una legislación que lo permitiera, hacía que las mujeres tuvieran más consecuencias sobre la salud por la manera en cómo entonces se hacía el aborto”.
Ahora, el estudio publicado en Ciencia, salud y género demuestra que el aborto no causa ese trauma. La mayoría de las mujeres no desarrolla depresión, que es la enfermedad más frecuente y que, además, quienes la desarrollan tienen que ver con aspectos contextuales, no necesariamente con el hecho de abortar.
El trabajo del equipo de Ramos-Lira identifica a un grupo de mujeres sin pareja estable, pero que decide el aborto con la compañía de un hombre.
“Uno puede especular mucho qué es lo que eso significa. Pero muy probablemente esa situación se da por una falta de corresponsabilidad del hombre. No sabemos qué hubiera pasado. Esa es una especulación; lo que nos está diciendo es que [la depresión] tiene que ver con un factor contextual de la persona, no necesariamente con el hecho de abortar. Y el otro factor, que tiene que ver con el estigma”, asentó.

Trabajos en neurociencias
A su vez, la investigadora del Instituto de Neurobiología de la UNAM, la Dra. María del Carmen Clapp Jiménez, se centró en un par de contribuciones relacionadas con las neurociencias.
Por una parte, destacó la investigación encabezada por la Dra. Teresa Morales, directora del Instituto de Neurobiología, quien aportó el capítulo “Neuroprotección ante daño por excitoxicidad en el cerebro parental”.
El trabajo integra diversos estudios “muchos de ellos de su propio grupo de investigación, que indican que las hormonas, además de contender con la demanda metabólica y funcional impuesta por el embarazo y la lactancia, protegen al cerebro contra insultos que amenazan el bienestar materno, fetal y neonatal”.
Al respecto, Clapp Jiménez asentó que es bien conocido que el cerbro es blanco cotidiano de diversas agresiones, que, se estima, producen la muerte de aproximadamente 10,000 neuronas al día. Los insultos al tejido nervioso son múltiples e involucran la acción de factores externos, como son las drogas, el nivel de contaminación, e internos, como la falta de ejercicio, la obesidad, la soledad y el estrés, entre otros.
Notablemente, expuso, el cerebro presenta adaptaciones durante el embarazo y la lactancia, que le confieren protección contra la muerte neuronal, y que responden a la acción de hormonas sexuales, como, por ejemplo, los estrógenos y la progesterona, y de la prolactina.
Estas hormonas actúan sobre el cerebro materno, filtrando o bloqueando señales negativas internas y externas, en beneficio de la salud mental y funcional, para asegurar el desarrollo del nuevo organismo.
En particular, señaló, el grupo de la Dra. Morales ha mostrado que la lactancia protege contra el daño excitotóxico, generado en el hipocampo, por el tratamiento con ácido kaínico, un análogo del glutamato, que resulta en la producción de especies reactivas de oxígeno, que derivan en la muerte de neuronas, y que dicha protección es mimetizada por la prolactina.
En segundo lugar, la Dra. Clapp Jiménez abundó sobre el artículo “El yodo molecular como adyuvante antitumoral y cardioprotector en los tratamientos convencionales de cáncer mamario, que recoge la investigación liderada por la Dra. Carmen Aceves, también del Instituto de Neurobiología de la UNAM.
Recogió que a partir de datos obtenidos en Estados Unidos, el cáncer de mama es la segunda causa de muerte por cáncer en la mujer, solo superada por el cáncer de pulmón.
Acotó que en años recientes, la detección temprana del cáncer de mama se asocia con un índice de supervivencia de un 99 por ciento, que contrasta con una supervivencia de tan solo 28 por ciento si es el cáncer ya se ha diseminado.
“Actualmente, al cáncer de mama se le considera como un conjunto de enfermedades y su tratamiento se ha individualizado de acuerdo con el tipo de marcadores que presenta el tumor, particularmente receptores a hormonas como los estrógenos y la progesterona o al receptor 2, del factor de crecimiento epidérmico humano, expresados por las células cancerosas”.
Con relación al tratamiento, se ha sustituido, en lo posible, la mastectomía, por la lumpectomía, y la quimioterapia se ha limitado a estados avanzados de la enfermedad. Sin embargo, a pesar de estos progresos, es claro que se requiere de mayores esfuerzos para combatir la enfermedad y, en particular, de nuevos tratamientos efectivos, accesibles, de bajo costo, al que tengan acceso todas las mujeres y no solo las de alta capacidad económica.
“El grupo de la Dra. Aceves y colaboradores ha investigado por más de 15 años el uso de yodo molecular, como un tratamiento adyuvante en el cáncer de mama. Basados en la asociación entre la baja incidencia de cáncer mamario de poblaciones asiáticas y el consumo de algas marinas, con altas cantidades de yodo, estudiaron las acciones y mecanismos del yodo molecular, sobre el epitelio mamario normal y canceroso en modelos experimentales preclínicos.
De acuerdo con lo señalado por la presentadora, los resultados alcanzados por la investigadora universitaria y su equipo fueron muy prometedores.
“Encontraron que el yodo molecular actúa directamente como antioxidante e indirectamente vía la formación de yodolípidos, como promotor de la apoptosis, es decir, la muerte celular regulada y la diferenciación celular. Los efectos antineoplásicos se demostraron en ratas con tumores mamarios, inducidos mediante el carcinógeno DMVA y en la línea celular tumoral humana MCFC7. El análisis del efecto adyuvante del yodo molecular en la quimioterapia utilizó, por el grupo de la Dra. Aceves, como modelos preclínicos, tumores mamarios, inducidos con MNU, geno trasplantes de células cancerosas en ratones inmunosuprimidos y caninos con cáncer mamario espontáneo”, reseñó.
Fue así como observaron que el tratamiento combinado con un agente quimioterapéutico, reduce el tamaño tumoral, evita quimio resistencia y la manifestación de efectos secundarios, al tiempo que promueve el tiempo libre de enfermedad y la supervivencia.
Explicó que en estudios clínicos piloto, el yodo molecular potenció el beneficio de la quimioterapia, de distintos tipos de compuestos muy utilizados, como el fluorouracilo, la ciclofosfamida, reduciendo el tamaño de los tumores, en una proporción importante de los pacientes, fue del 30 por ciento y alargando el periodo libre de enfermedad, luego de un seguimiento a cinco años. Se encuentra en curso un estudio fase III, registrado internacionalmente.
“Los hallazgos obtenidos por el grupo de la Dra. Aceves reportados en este capítulo son muy esperanzadores, y muestran la importancia de la investigación traslacional para la salud pública, en un padecimiento de alto impacto en la mujer”.
Diversidad de género, clave en proyectos de investigación
Por su parte, el Dr. Alberto Lifshitz, especializado en medicina interna y que ha sido responsable de varias áreas del sector salud, celebró la aparición del volumen, destacando que la clave actual es que los proyectos incluyan diversidad de género.
“Este libro materializa y concreta un esfuerzo de varios años, por generar una identidad propia a la ciencia femenina, y si se midieran los avances por la progresión del número de mujeres involucradas en las actividades científicas, habría que concederles que han alcanzado bastante éxito. En la carrera de medicina, el predominio de mujeres es ahora abrumador, como se muestra en los capítulos correspondientes de este mismo libro”, asentó el Dr. Lifshitz.
Añadió que los compromisos de las mujeres con la salud propia y de la familia, han propiciado que los índices sanitarios no estén más deteriorados.
“Ya se ha hecho énfasis en su papel en la educación, pero destaco aquí el que han tenido en la salud. Las mujeres han sido tradicionalmente las cuidadoras de enfermos crónicos y, por supuesto, ya es tiempo que los varones compartamos esta responsabilidad. Además de ponderar lo saludable que resulta divulgar los logros de las mujeres, a pesar de los obstáculos, el reconocimiento de las particularidades que imponen el género a todos los enfoques sanitarios, incluyendo los clínicos y la investigación, no dejó pasar la oportunidad para reconocer a quienes han liderado este encauce.
De igual manera, se pronunció por modificar prácticas que actúan en detrimento de las mujeres.

