CO2, cobija térmica del clima

Diversos análisis científicos aportan pruebas que van demostrando una realidad cada día más cierta, el cambio climático está aquí y ha llegado para quedarse.
-::- por José Antonio Alonso García -::-
“El cambio climático es uno de los grandes retos de la humanidad”, así comienza Mario Molina su plática ante un grupo de comunicadores de la ciencia. Y de inmediato anticipa uno de los problemas de este asunto: los mitos que distorsionan y opacan la realidad. El origen de algunos de ellos, que niegan la existencia del cambio, “es una campaña de relaciones públicas de grupos muy poderosos y muy bien organizados, con mucho dinero, que tuvo muchísimo éxito”. Fue una orquestación que se hizo de manera muy profesional, comenta este científico cogalardonado con el Premio Nobel de Química en 1995 por su contribución al descubrimiento del agujero de la capa de ozono.
Este mito empezó en Estados Unidos y se propagó por el planeta, diseminando el rumor de que “algunos prominentes hombres de ciencia piensan que realmente el problema no es tan serio, sino que es dudoso y científicamente riesgoso afirmar que existe el cambio climático”. No solo fueron las petroleras las instigadoras del rumor, sino que, además, el problema se politizó, a tal grado, que ya es parte del ideario político del partido republicano de ese país, relata Mario Molina. No solo actuaron por razones económicas sino que también aducen razones políticas.

El cambio climático pone en peligro garantizar el abasto de recursos en el presente sin comprometer el de las generaciones futuras. Algunos hechos ya lo están demostrando. Pero Mario Molina se confiesa optimista y afirma que este problema se puede ir solventando con el apoyo de la ciencia. Pone como ejemplo el enorme avance de la cultura y la ciencia, sobre todo desde el siglo pasado. Como ejemplo aduce que algunos teléfonos celulares tienen hoy en día más capacidad de computación que la nave Apolo que llevó al hombre a la Luna. También recuerda que en los últimos 50 años, gracias a la ciencia, la expectativa media de vida se ha duplicado.
Como la cáscara de una manzana
Los recursos naturales que ofrece el planeta son limitados; muchos de los problemas que padecen las sociedades son su carestía o ausencia, especialmente el agua. A ellos se suma la atmósfera, que “no se nos está acabando pero sí su capacidad de absorber los desperdicios de nuestras actividades”, precisa el doctor Molina.
La atmósfera, que no se ve lo que se ve son las nubes, es muy delgadita, muy frágil, como la cáscara de una manzana, pero es fundamental para explicar el clima, advierte Mario Molina. ¿Qué sabe la ciencia sobre el clima y qué puede hacer para mejorarlo?, se pregunta este Nobel investigador.
Midiendo la cantidad de energía que llega del Sol la ciencia puede calcular cuál debería ser la temperatura del planeta. Ejemplifica a continuación aseverando que se puede calentar una tina de agua con una resistencia, pero que después de cierto tiempo se alcanza el llamado equilibrio térmico y la temperatura del agua ya no cambia, porque la energía que recibe es igual a la que pierde.
En semejanza, nuestro planeta, desde hace muchos millones de años, está en equilibrio térmico, es decir, recibe energía del Sol, pero pierde, o emite, la misma cantidad de energía.
De menos 18 grados a más 15
Volviendo a la tina, Molina se pregunta: ¿qué pasa si se cubre con una cobija? Empieza a acumular la energía. De los 40 grados llegará a 50 hasta alcanzar el equilibrio térmico. “La cobija simplemente hace más difícil que pierda energía. Pero la pierde. Es como cuando nos ponemos un suéter, acumulamos energía y se acrecienta la temperatura de nuestro cuerpo”, ejemplifica.
De acuerdo con la ley física de la radiación, nuestro planeta, en la superficie, debería estar a menos 18 grados centígrados. Pero eso no es lo que ocurre. “¿Por qué? Porque la superficie terrestre está cubierta por una especie de cobija, igual que la tina”, especifica el científico.
La energía solar penetra hasta la superficie y la calienta, porque la atmósfera es transparente a esta energía. Y aunque la tercera parte la reflejan las nubes hacia el espacio exterior, el resto si llega a la superficie y la calienta hasta alcanzar el equilibrio térmico. En este punto, la superficie empieza a emitir energía hacia la atmósfera como producto de ese equilibrio. Pero la superficie tiene una cobija en la atmósfera que lo calienta a más 15 grados centígrados.
Químicamente, la atmósfera está compuesta por un 78% de nitrógeno y 21% de oxígeno, pero ambos gases son transparentes a la energía irradiada en longitudes de onda del infrarrojo, en las cuales irradia la superficie terrestre, de modo que si en la atmósfera solo hubiera nitrógeno y oxígeno estaríamos a menos 18 grados centígrados.
El 1% restante es, en su mayoría, un gas inerte, el argón (0.9%), que tampoco absorbe energía ni en el espectro visible ni en el infrarrojo. En menos de la décima parte complementaria de ese 1% se encuentran los gases que funcionan como la cobija térmica del planeta Tierra, que son el vapor de agua y el dióxido de carbono.
Todo el vapor de agua que hay en la atmósfera como gas (no cuenta el agua de las nubes) formaría solo una cobija de dos y medio centímetros de espesor alrededor del planeta, explica el doctor Molina. A su vez, la cobija que formaría el CO2 (400 ppm –partes por millón– en la atmósfera) tendría nada más unos pocos milímetros de espesor. Esa es la cobija térmica que tiene nuestro planeta, la cual eleva la temperatura de menos 18 grados centígrados a más de 15.
Sin CO2 nos congelaríamos
Muy pocos conocen el influjo del vapor de agua en el clima, que es el que más influye en la regulación del clima. Después de calentarse cerca de la superficie, el vapor de agua asciende enfriándose y la temperatura baja; finalmente, deja de ser gas, se condensa y se forman las nubes. Si desaparece el CO2 se enfría la atmósfera y el vapor de agua empieza a condensarse; al cabo de un par de décadas se habría condensado todo y no habría vapor de agua en la atmósfera. Sin CO2 estaríamos congelados.
En resumen, dice el premio Nobel, una cantidad pequeñísima de CO2 es prácticamente la parte importante de la cobija y eso es lo que controla el clima. Y expone una comparación: “Venus tiene tal cantidad de nubes que absorbe menos energía solar que nuestro planeta, pero está calentísimo porque prácticamente toda su atmósfera es de CO2 (96%). Es como una cobija gigantesca. Por eso en Venus no hay vida, todo se funde en su superficie” (temperatura media superficial: 482 ºC).
En los últimos dos siglos ha cambiado drásticamente la composición química de la atmósfera terrestre. Aunque la cantidad de carbono es variable en cada época de la historia, su promedio se ha mantenido por debajo de las 180 ppm en los últimos milenios. Y de repente, desde la Revolución Industrial, esta escala se dispara, sobre todo en la segunda mitad del siglo pasado, pues en la actualidad ha llegado a casi 400 ppm.
En consecuencia, concluye el doctor Mario Molina, las actividades antropogénicas están incrementando peligrosamente el espesor de la cobija y lo lógico es que el planeta se caliente. Los datos científicos son innegables. Una y otra vez se ha demostrado que ese incremento tiene origen antropogénico y está en el origen del cambio climático que algunos interesados quieren negar.