Por Yassir Zárate Méndez –
“La crisis de la Tierra es seria, es bastante seria, y la gente no percibe el cambio, así, de manera cotidiana, pero quienes estudian estos cambios en la atmósfera y en la superficie, los problemas con el agua, saben que los cambios están ocurriendo muy rápido y por eso están dando la voz de alarma”, aduce el especialista.
Acumulación de evidencias
Gracias al estudio de las capas de roca que preservan las huellas de lo que ocurrió en el pasado, podemos saber que ha habido crisis muy fuertes en la historia de la Tierra, puntualiza.
Se sabe que a finales del Cretácico hubo una crisis debido al impacto de un meteorito, que aniquiló a los dinosaurios y originó una masiva desaparición de muchas otras especies de flora y fauna. Una situación similar se dio a finales del Pérmico, “la más importante del tiempo Fanerozoico, que son los últimos 540 millones de años de la historia de la Tierra”, nos recuerda.

Todas esas crisis, como la Pérmica, la de finales del Cretácico, la del Triásico y principios del Jurásico, hace 200 millones de años, son crisis que se han reconocido gracias a los efectos que han quedado grabados en las capas rocosas de la Tierra, asienta el ingeniero geólogo.
“Los geólogos podemos saber que ha habido cinco grandes crisis. Es famoso eso de las Big Five, las cinco grandes crisis del Fanerozoico, aunque ha habido bastantes más, aunque de menor escala. Lo que tenemos que hacer es comparar lo que está sucediendo ahora con esas crisis que ocurrieron en el pasado”, apunta.
El impacto de nuestra especie
Sobre el impacto generado por nuestra especie en los cambios de los patrones climáticos y en la desaparición de especies, rasgos distintivos de la crisis que enfrenta la Tierra, señala que en su momento algunas voces apuntaron que hay ciclos naturales de calentamiento y también de desaparición masiva de especies.
De hecho, acota que durante el Cretácico, hace 100 millones de años, hubo cinco grados más de temperatura media en el planeta. “Entonces uno diría: ‘Bueno, no estamos tan mal con respecto al Cretácico. Estaban los dinosaurios muy campantes’, pero lo que sucede es que el cambio que estamos produciendo, es un cambio muy acelerado”, recalca el Dr. Morán.
Sostiene que ha habido debates sobre este punto, porque estas oscilaciones climáticas y de exceso de bióxido de carbono en la atmósfera, algunos autores las han atribuido a cambios propios de la naturaleza, que ocurren de manera periódica.
A manera de ejemplo, ilustra que el CO2 aumenta cuando hay mucha actividad volcánica. También puede incrementarse debido a la deforestación y la salida de metano de los suelos ricos en materia orgánica. Asimismo, puede venir del metano congelado que está en los poros de los sedimentos marinos. Hay diferentes fuentes de metano y de bióxido de carbono que son naturales.
Sin embargo, parte del análisis que se ha hecho consiste en identificar si la actividad humana era la que genera el CO2 o si las responsables son las oscilaciones que tiene la producción natural de estos gases de efecto invernadero en la atmósfera.
Luego de décadas de investigaciones, ahora ya hay una clara demostración de que el aumento de esos gases sí lo produce el ser humano.
“Sí estamos contribuyendo con una cantidad muy significativa de este tipo de gases y está calculándose en qué tasa están aumentando, que se ha comparado con la velocidad con que se incrementaron en otras crisis” , indica.
Esa velocidad es bastante superior con respecto a eventos del pasado.
Un cambio acelerado
El Dr. Morán Zenteno considera que lo que ahora está ocurriendo en el planeta sólo se encuentra por debajo de la catástrofe ocasionada por el episodio de Chicxulub. “Nos parecemos más al Chicxulub que a los otros cambios, que fueron más graduales”, externa.
La aceleración con la que se están incrementando los gases de efecto invernadero en la atmósfera y la aceleración del calentamiento global no tienen casi comparativo con ninguna otra crisis anterior, salvo la del Chicxulub, en la que en 24 horas el planeta quedó en un estado de desastre, explica.
“Fuera de esa, las crisis ocurren a una velocidad más lenta. Esa es la parte que preocupa: la rapidez con la que la actividad humana está generando esta crisis. Somos más de 7,000 millones de seres humanos en el planeta. Parece que somos una masa muy grande viva en el planeta”, abunda.
Nos recuerda que como especie, controlamos la mayor parte de la naturaleza viva con nuestras actividades, es decir, la tierra de cultivo, los bosques que se explotan, la pesca en todo el océano, la contaminación en los océanos, toda esa acción generada por 7,000 millones de personas, en particular la de aquellas que viven en los países más desarrollados.
Pronóstico reservado
Si bien parece que va a ser muy difícil contender con el calentamiento global y la reducción de gases de efecto invernadero, el investigador del IG se muestra optimista y considera que se puede hacer mucho por cambiar el rumbo de la situación.
“Los científicos muestran que si logramos ciertas metas en la emisión de gases de efecto invernadero, el cambio se puede volver más lento, y no tan trágicamente rápido como está ocurriendo”.
¿Y cómo se puede hacer?, se le plantea: “Pues hay muchas maneras, eso está demostrado: capturar bióxido de carbono, reducir las emisiones, reforestar. Aquí lo que nos falta es voluntad política, que entren estos temas a la agenda política”, advierte Morán Zenteno.
Reconoce que algunos países ya han empezado a tomar medidas, aunque en otros se han dado pasos hacia atrás.
“Tenemos regímenes y presidentes que consideran que el cambio climático es una noticia falsa y, por lo tanto, permiten que se abran minas de carbón nuevamente. Es un tema muy político, y mientras los políticos no lo incluyan en su agenda, no se va a poder resolver, porque los científicos ya dan las soluciones que hay, y ellos ya no pueden hacer más allá de eso, salvo empujar y hacer presión” , expone.
Es cuestión de que a través de esa presión, los políticos introduzcan en su agenda, de manera efectiva y real, este tipo de actividades y de acciones para hacer frente al cambio climático, aunque solo lo estaríamos mitigando y no deteniéndolo totalmente.
Educación y tecnología
Para el Dr. Morán, parte de la respuesta a la crisis ambiental que vive el planeta pasa por la educación.
“Ya se vio claramente en ciertos sectores sociales, que a los niños ya se les explica más el tema. Esta semilla que se siembra en ellos puede ser muy útil en el lapso de algunas décadas. Puede haber un empujón social muy grande hacia las agendas políticas”, prevé.
Otra palabra clave es la tecnología: los desarrollos tecnológicos pueden ayudar a reducir las emisiones y a capturar el CO2 que está en la atmósfera. Los servicios tecnológicos, el impulso a la investigación se tiene que seguir dando, aunque insiste que mucho de ese cambio pasa por la educación.



