Darwin. Apto para todas las especies

El Colegio de San Ildefonso presenta en estos días una de las más ambiciosas exposiciones en torno a la vida y obra de Charles Darwin. En ella se puede apreciar el recorrido intelectual del naturalista inglés, así como varios pasajes de su intensa biografía.
“El viaje del Beagle ha sido con mucho el acontecimiento más importante de mi vida, y ha determinado toda mi carrera”, confiesa Charles Darwin en su Autobiografía, escrita poco antes de morir, y en la que consigna, de forma condensada, los acontecimientos más relevantes de su vida, incluidos los frutos de su labor como naturalista, entre los que destaca su teoría de la evolución de las especies a partir de la selección natural.
Observador de la vida
En estos días, el Colegio de San Ildefonso, una de las más emblemáticas instituciones de la Universidad Nacional, alberga la monumental exposición denominada Darwin, en cuya preparación han colaborado cinco de los museos de historia natural más importantes del mundo: el American Museum of Natural History, de Nueva York; el Museum of Science, de Boston; el Field of Museum, de Chicago; el Royal Ontario Museum, de Toronto; y el Natural History Museum, de Londres.
La muestra se complementa con una sala dedicada a la biodiversidad mexicana, considerada como una de las más ricas del planeta. Ahí se puede apreciar un jardín evolutivo y algunos ejemplares de especies endémicas del país, entre las que destaca el ajolote, la salamandra siempre juvenil, de la que se hace una abundante explicación.
Antes, a lo largo de ocho salas, los visitantes tienen la oportunidad de adentrarse en el mundo en el que Darwin fue madurando sus ideas en torno a la evolución y al concepto clave de la selección natural, que distinguió su propuesta de la de los naturalistas que le antecedieron, como Jean-Baptiste Lamarck o su propio abuelo Erasmus Darwin, que esbozaron algunos planteamientos sobre la rica variabilidad de las especies, y las razones que podían estar detrás de ese hecho.
En 1,105 m2, Darwin nos presenta taxidermias, manuscritos e instrumentos utilizados por el propio científico. Incluso se puede apreciar una réplica del estudio que tuvo en Down House, su residencia en las afueras de Londres, donde fue madurando paulatinamente sus ideas.
Un chico acomodado
El guion museográfico en San Ildefonso sigue muy de cerca la Autobiografía a la hora de recuperar varios pasajes de la vida de Darwin, particularmente antes del viaje en el Beagle.
Charles Robert Darwin nació el 12 de febrero de 1809 en Shrewsbury, Inglaterra, en el seno de una familia acomodada, riqueza debida a la habilidad del padre, Robert, quien combinó la medicina con los negocios para hacer una notable fortuna. La madre, Susanna, de apellido Wedgwood, provenía de una familia dedicada a la elaboración de porcelana, una de cuyas delicadas piezas se muestra en la exposición; se trata de un jarrón que reproduce una escena de corte clásico, tan del gusto de finales del siglo XVIII.
Charles cursó los primeros años de enseñanza en la escuela del doctor Butler, en Shrewsbury; ahí se espantó el tedio al volverse aficionado a la caza. Con todo, en esos años se adivinaba un esbozo del futuro científico. En la Autobiografía cuenta que desde pequeño se interesó por coleccionar insectos y observar los hábitos de las aves; además, junto con su hermano Erasmus Alvey había montado un laboratorio de química, lo que le valió ser apodado como Gas.
A los 15 años fue enviado por su padre a la Universidad de Edimburgo, con la esperanza de que aprendiera medicina, aunque el jovencito mostró muy poco interés por la ciencia de Galeno. Lo mismo ocurrió cuando fue inscrito en Cambridge, donde se prepararía para convertirse en pastor, una tarea que eventualmente podría armonizar con su interés por la naturaleza. “Mi padre estaba vehementemente en contra de que me volviera un señorito ocioso, cosa que entonces parecía mi destino más probable”, confesaría años después.
Pero el intento también fracasó. Lo único que sacó de los tres años que pasó en Cambridge fue el interés por coleccionar escarabajos, de los que se exhibe una notable muestra en San Ildefonso. Fue en esa etapa cuando ocurriría el episodio que cambiaría su vida para siempre.
Problemas para embarcar
La aventura del HMS Beagle comenzó el 27 de diciembre de 1831, aunque el joven Charles estuvo a punto de quedarse en tierra. Resulta que míster Darwin estaba muy enfadado con su vástago por los fiascos de Edimburgo y en Cambridge, por lo que se opuso terminantemente al viaje, al que consideraba como una locura y un desperdicio de tiempo.
La relación entre padre e hijo era tensa; de hecho, en alguna ocasión Robert Darwin hizo la siguiente reconvención a Charles: “Tus únicas preocupaciones son disparar, los perros y atrapar ratas y serás una desgracia para ti mismo y para toda su familia”. Afortunadamente, a la luz de la historia, el reproche quedó precisamente solo en eso y no en un vaticinio.
Pero volvamos al viaje que marcaría el derrotero del pensamiento del naturalista. La invitación para embarcarse en el Beagle fue hecha a través de John Stevens Henslow, un profesor de Cambridge con quien Darwin había trabado una profunda amistad, gracias al compartido interés por la ciencia.
Como se nos cuenta en la exposición, el capitán del Beagle, Robert FitzRoy, buscaba a un joven voluntario que hiciera el viaje para recolectar especímenes. Míster Darwin le había advertido que autorizaría el viaje si encontraba a “una persona con sentido común” que aconsejara el embarco. Esa persona de sentido común fue Josiah Wedgwood, tío materno de Charles.
Viaje alrededor de un viaje
El guion museográfico de Darwin aborda once puntos: Introducción, El mundo antes de Darwin, Primeros años de vida de Darwin, El barco Beagle, Los viajes en el Beagle, Londres Down, el barrio de Darwin, El estudio de Darwin, La ciencia contemporánea, El orquideario y La sala mexicana de biodiversidad.
Como se puede apreciar, el asunto del Beagle es de capital importancia. Sin ese viaje, que duró casi cinco años, Charles Darwin no hubiera podido recopilar la evidencia que sustentaría sus teorías, largamente maduradas en la quietud de Down House.
Una réplica a escala del navío nos permite lanzarnos a la misma aventura del científico inglés, quien en América del Sur encontró numerosos fósiles.
El otro punto relevante del viaje, y por lo tanto de la exposición, es la estancia en las Islas Galápagos. Con las observaciones y levantamiento de muestras que realizó, a la larga se cimentaría la idea central de la obra cumbre de nuestro personaje: las especies han evolucionado a partir de un ancestro común y se han diversificado gracias a la selección natural, empujada por la lucha por la existencia.
En este punto del viaje por el pasado y por el pensamiento de Darwin nos encontramos con las inmensas tortugas galápagos, que dan nombre al archipiélago, así como a diferentes especies de pinzones, que mostraban características que llamaron la atención del joven estudioso.
“Al considerar el origen de las especies se concibe perfectamente que un naturalista, reflexionando sobre las afinidades mutuas de los seres orgánicos, sobre sus relaciones embrio-lógicas, su distribución geográfica, sucesión geológica y otros hechos semejantes, puede llegar a la conclusión de que las especies no han sido independientemente creadas, sino que han descendido, como las variedades, de otras especies”, escribe Darwin en su obra cumbre.
Apuntes y libros
La experiencia del Beagle quedó asentada en una publicación, que sería el preámbulo para la aparición de El origen de las especies por medio de la selección natural, título completo de un libro llamado a revolucionar el pensamiento al establecer un cambio de paradigma desde el momento de su aparición en 1859.
En el libro, Darwin destaca que “se examinará la lucha por la existencia entre todos los seres orgánicos en todo el mundo, lo cual se sigue inevitablemente de la elevada razón geométrica de su aumento. Es esta la doctrina de Malthus aplicada al conjunto de los reinos animal y vegetal. Como de cada especie nacen muchos más individuos de los que pueden sobrevivir, y como, en consecuencia, hay una lucha por la vida, que se repite frecuentemente, se sigue que todo ser, si varía, por débilmente que sea, de algún modo provechoso para él bajo las complejas y a veces variables condiciones de la vida, tendrá mayor probabilidad de sobrevivir y de ser así naturalmente seleccionado”.
La referencia al economista y clérigo inglés Robert Malthus es toral para enmarcar la propuesta de Darwin, quien hacia 1838, cuando ya sistematizaba su investigación, leyó el Ensayo sobre la población, en la que se destacaba la lucha por la supervivencia.
El doctor y ex rector de la UNAM José Sarukán, señala que “El origen de las especies es un libro que revoluciona no solamente la biología, sino revoluciona la teología, las religiones, el pensamiento filosófico de la humanidad. En la biología ha sido el concepto que unifica todo el conocimiento biológico. Antes eran un montón de cosas sueltas. En mi opinión muy personal es el producto del pensamiento humano más influyente que se ha generado por persona alguna”.
Esta declaración es una de las varias que investigadores de la UNAM hacen a propósito de Darwin y sus aportaciones, mismas que enriquecen la muestra, que también consigna el caso de Alfred Russell Wallace, un joven naturalista que hacia mediados del siglo XIX se encontraba en el archipiélago malayo, y quien se puso en contacto con Darwin para exponerle ideas muy semejantes a la de este en torno a la evolución de las especies.
Ambos investigadores vieron pu-blicadas sus ideas de forma conjunta, aunque a la larga acabó imponiéndose la figura de Darwin, quien prosiguió con sus investigaciones, que publicaba luego de largos periodos en los que recopilaba datos.
El caso mexicano
La última sala de la exposición se encuentra dedicada a la biodiversidad mexicana, al ser el nuestro uno de los países con mayor abundancia de especies animales y vegetales.
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Por Yassir Zárate Mendez




