2019El faroHistórico

Divinidad en Luz

Ciencia, tecnología y arte conjugados

-::- Por Patricia de la Peña Sobarzo -::-

La astronomía es una ciencia básica que requiere de muchos de los avances de distintas ciencias aplicadas, como la óptica, la mecánica y la ingeniería.

Así, un telescopio, que es el instrumento más asociado con la astronomía, requiere para su elaboración de un complejo equipo de científicos altamente capacitados en distintas áreas, desde ingenieros hasta físicos, pasando por astrónomos, ópticos y un sinfín de especialistas. Habitualmente las lentes de los telescopios se fabrican con vidrio. Y es este material el que amalgama a la astronomía con el arte, en particular con el arte de los vitrales. El espacio donde se dio magistralmente esta conjunción fue la Basílica de Santa Maria degli Angeli, ubicada en Roma, ciudad donde se concentran algunos de los templos más bellos y peculiares del mundo. El resultado de la conjunción astronomía-arte fue la instalación de vitrales en el domo de dicho templo, los cuales tienen una singular elaboración con lentes que permiten registrar distintos fenómenos astronómicos, tanto equinoccios como solsticios, así como un hecho que ocurre entre lapsos muy grandes: el tránsito de Venus a través del disco solar.

El intermediario

Uno de los protagonistas clave de esta translúcida conjunción astronomía-arte es el doctor Salvador Cuevas, investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM, ingeniero óptico especializado en instrumentación astronómica, quien sirvió de enlace entre el destacado vitralista italiano Narcisuss Quagliata, considerado uno de los mejores del mundo, y las autoridades eclesiásticas de Roma. A propósito de esta colaboración, el doctor Cuevas cuenta a El faro que un aspecto en común que comparten los vitralistas y los astrónomos es el vidrio, “nuestra materia prima”.

Refiere que la amistad con Quagliata data de hace varios años, pues parte de la obra de este artista se encuentra en México. Así, Cuevas destaca que el artista italiano “ha desarrollado nuevas técnicas, nuevas formas de expresar los vitrales” que lo han hecho merecedor, en un par de ocasiones, del Premio Nacional de Artes en Estados Unidos; incluso, su obra se exhibe en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.

Un día, relata Salvador Cuevas, le propusieron a Quagliata que hiciera un domo para la iglesia romana de Santa María de los Ángeles. El artista se entusiasmó mucho, porque ese templo lo construyó Miguel Ángel sobre las ruinas de lo que fueran las Termas de Diocleciano, que datan del siglo IV de nuestra era, al final del Imperio Romano.

Y Cuevas detalla: “Quagliata mismo buscó a los patrocinadores de la obra. No quería hacer una obra común y corriente. Mientras estuvo aquí en México habíamos hablado de los efectos de la óptica en el arte, de lo que los antiguos mexicanos habían trabajado en óptica y astronomía, como los efectos de luz en las pirámides. Sabíamos que nuestros antepasados tenían esa experiencia y nos preguntábamos por qué no traer esos conocimientos a la actualidad”. “Cuando yo era chico y me llevaban a la fuerza a las iglesias”, prosigue, “me sorprendía que la luz entrara verticalmente. Puede uno ver la luz del sol en las bancas donde está la gente, o en los altares. Pero en Europa eso no pasa, pues ahí la luz del sol está mucho más inclinada. Hay otro tipo de efecto luminoso, por eso los vitrales de las iglesias y catedrales lucen muy bonitos, pues la luz no entra directamente desde arriba”.

Conjunción a través de la luz

El doctor Cuevas nos relata que, en primer término, Quagliata hizo una obra artística en vidrio. Su propuesta era que el visitante “sienta que a través de la luz se une a la eternidad, al infinito, al universo”. La obra del vitral fue elaborada por seis talentosos artesanos mexicanos y un chileno, quienes, junto con el artista italiano, moldearon y armaron la cúpula en México. El diseño de las lentes corrió a cargo del equipo del doctor Cuevas en el Instituto de Astronomía de la UNAM. Lo que se hizo fue colocar tres lentes de forma prismática para desviar la luz con el fin de que cayera perpendicularmente al piso y formara la imagen del Sol en el centro de la rotonda de la entrada de la iglesia en los equinoccios y los solsticios. Además, se incluyeron filtros de diferentes colores, con lo que se logró el efecto de ver la imagen del Sol con un matiz distinto dependiendo de la época del año.

Salvador Cuevas apuntó que el trabajo, efectuado en seis meses, comprendió desde los cálculos de la forma de las lentes, basándose en la latitud, longitud y altura de la Basílica de Santa María de los Ángeles, hasta su fabricación y pulido, incluyendo también el de las partes mecánicas y del instrumental para alinearlas en el domo. De igual manera, se calcularon los dispositivos mecánicos de soporte de las lentes y su acoplamiento con la estructura del vitral. “Así”, continúa el astrónomo, “cuando yo llegué allá las lentes embonaron perfectamente en el lugar donde tenían que ir”.

Además de la impresión estética que pueda producir en los visitantes y feligreses, este vitral tiene también una función práctica, que quedó admirablemente demostrada el 8 de junio de 2004, cuando en la basílica se registró el tránsito de Venus por el disco solar. Dicho fenómeno se manifiesta cuando se alinean la Tierra, Venus y el Sol. Así, lo que entonces ocurrió fue que la imagen del Sol proyectada por el vitral sobre el piso del templo permitió seguir puntualmente la ruta de Venus. Entonces, afirma Cuevas, “se cumplió otro de nuestros propósitos, que era hacer un instrumento astronómico dentro de una iglesia”.

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