
Por José Antonio Alonso García –
La pradera marina como indicador ambiental

Recuerda la doctora Susana Enríquez que hace 25 años, al iniciar su trabajo de investigación en 1998 en la Unidad Académica de Sistemas Arrecifales del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología en Puerto Morelos, se encontró con un evento de blanqueamiento de corales en la zona sur del Caribe Mexicano.
“Fue muy alarmante y triste porque, de pronto, se veían todos los corales blancos y se produjo una gran mortandad que nos llevó a pensar: ‘Nos hemos quedado sin arrecife’. Hubo otro en 2005. En ese entonces estábamos descubriendo lo vulnerables que eran los corales a pequeñas anomalías térmicas, y lo perjudicial que era el cambio climático para este ecosistema. Afortunadamente, con el paso de los años pudimos constatar la capacidad de autorrecuperación del arrecife”, indica la experta.
Por el contrario, los efectos negativos de la industria turística cada temporada son más catastróficos, pues, al ocurrir más lentamente, van dañando de manera imperceptible. “Hoy, el sistema arrecifal no se parece en nada al que disfrutábamos hace 25 años”.
Alarmantes niveles de eutrofización
Hay muchos estudios en todo el Caribe, y también en la Unidad Académica de Sistemas Arrecifales, que documentan los cambios que el arrecife ha experimentado en el último cuarto de siglo y confirman la pérdida de corales, los cambios en la comunidad, la aparición de nuevas enfermedades y el fuerte incremento de algas.
“En nuestro laboratorio, por ejemplo, hemos descubierto que, en contraste con el arrecife, la pradera marina se ha extendido enormemente en el fondo de las lagunas arrecifales, pues ha ganado en dominancia, en área foliar y en diversidad de especies y productividad, alcanzando su óptimo ecológico en el norte del estado de Quintana Roo, donde el desarrollo turístico ha sido mayor y desde hace más tiempo”, refiere la científica.
No obstante, también ha constatado que ese óptimo ecológico está empezando a ser rebasado. Y aunque hasta el momento los efectos adversos son muy pequeños, contrastan sobre manera con lo que se ha documentado para las praderas marinas de otras partes del mundo. “Las praderas marinas están en fuerte regresión en todo el planeta, pero, afortunadamente, esto no se cumple en el Caribe mexicano”.
La mayor parte de todas las investigaciones ha documentado fehacientemente el estado de las praderas marinas de zonas templadas, con niveles de nutrientes más altos y cercanas a países muy industrializados. Sin embargo, lamenta la bióloga marina, falta mucha información todavía de zonas tropicales en países de economías menos favorecidas.
“En nuestros estudios hemos podido documentar para todo el Caribe mexicano unos altísimos niveles de nutrientes, que sobrepasan los niveles recomendados por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos para el mantenimiento óptimo de la salud del arrecife de coral”.
Estas grandes concentraciones de nutrientes son la señal de niveles alarmantes de eutrofización, inducidas, muy probablemente, por las arribazones masivas de sargazo que afectan al Caribe mexicano desde 2014. La pradera marina responde positivamente al incremento de nutrientes, “y más la que está cerca de los mayores desarrollos urbanos y turísticos de Cancún y la Riviera Maya”, expresa la científica.
Del peor norte al mejor sur
Para conocer mejor qué estaba pasando en las costas del Caribe mexicano, la doctora Enríquez estudió la zona más impactada por los cambios debidos a la presencia del turismo en la zona norte, Cancún y Puerto Morelos, y la comparó con la costa sur de Quintana Roo, donde la presencia del turismo es mucho menor.
“Buscamos describir suficiente variabilidad ambiental y logramos encontrar un gradiente (cambio progresivo) en el aumento de la disponibilidad de nutrientes en el ecosistema, y asociarlo con una progresiva transformación de la comunidad de la pradera marina. Así, pudimos reconstruir la película completa reuniendo ‘fotos’ fijas de la condición diferente en la que encontramos la comunidad a lo largo de la costa de Quintana Roo. Esta variación representaba diferentes momentos de la transformación. Después pudimos escalar estas transformaciones a toda la laguna usando imágenes satelitales”.
La investigación reveló que las praderas marinas del sur, comparadas con las del norte de hacía 25 años, ya empezaban a mostrar cambios debidos al incremento de nutrientes.
Este trabajo evidenció que las transformaciones más importantes están en el norte, cerca de Cancún, y han incrementado el tamaño de algunos grupos de la pradera marina, por lo que el sedimento que se va volviendo más oscuro por acumulación de materia orgánica.
Gracias a esta comparación, la doctora Enríquez y su equipo de trabajo han identificado varios indicadores, los cuales les han permitido diferenciar cuatro fases en el proceso de transformación y seis tipos de praderas marinas. Los cambios abarcan condiciones óptimas oligotróficas de estos ambientes arrecifales hasta condiciones con altos niveles de nutrientes en las praderas más transformadas del norte del estado.
“Todavía no hemos podido documentar grandes efectos negativos, pero sí cambios importantes que indican que estas praderas transformadas ya no son adecuadas para un ambiente arrecifal sano, porque ya no actúan como sumideros de nutrientes, sino que ahora son fuentes de nutrientes y están contribuyendo al avance del proceso de eutrofización. Es más, hemos descubierto que su contribución a la producción de arena o limo de carbonato ha disminuido de forma alarmante, comprometiendo el mantenimiento de la arena de las playas”.
Eutrofización antropogénica
Además del fuerte impacto del turismo en esta costa, las arribazones masivas de sargazo también han acelerado sobre manera el incremento de la fertilidad y el avance del proceso de eutrofización. Esta alga que llega del Atlántico y viaja hasta el Caribe libera súbitamente todo su poder de fertilidad al morir y descomponerse en las playas caribes.
Cita como ejemplo la doctora Enríquez que, durante un evento muy fuerte de arribo de sargazo durante el verano de 2018, se pudo documentar que tanto el pasto marino dominante, Thalassia testudinum, como un alga calcificadora también dominante, Halimeda incrassata, lo aprovecharon de inmediato y aumentaron su crecimiento, tamaño y el contenido de nutrientes de su tejido.
“Es interesante, que a pesar de que estos eventos afectan por igual toda la costa norte y sur de Quintana Roo”, explica la científica, “los cambios estructurales y biológicos de la pradera marina son mayores en el norte. La razón es que esta zona ha sufrido durante más tiempo el exceso de fertilidad por los crecientes vertidos de aguas residuales sin tratar adecuadamente de la población residente y de los desarrollos turísticos costeros”.
Asegura a continuación que, a pesar de los vertidos de aguas negras a las lagunas costeras, el Caribe mexicano ha ofrecido agua más o menos transparente y sin cambios de color muy drásticos durante mucho tiempo, gracias a que se renueva muy rápidamente con agua oligotrófica de la corriente de Yucatán.

No obstante, las grandes arribazones de sargazo alteran el color del agua porque depositan mucho sedimento y material en el fondo de las lagunas a pesar del esfuerzo por retirarlo de las playas. “Ya no se pueden ignorar estos cambios, porque son indicadores muy potentes del nivel de avance del proceso de eutrofización”.
¿Cómo está la costa sur?
Al sur, declara la doctora Enríquez, no se le está prestando suficiente atención porque no hay hoteles que se quejen de que llega mucho sargazo a sus playas. Es precisamente la zona que en este momento requiere de mayor atención porque sus arrecifes coralinos están en mejores condiciones, por cuanto los esfuerzos de conservación y protección pueden ser ahora más efectivos.
Para esta bióloga marina, uno de los primeros pasos es, ante todo, evitar la enorme entrada de fertilidad que aportan las arribazones masivas de sargazo.
“Y me atrevería a decir que los esfuerzos de restauración de corales que se realizan en el norte del estado con resultados tan pobres deberían implementarse en el sur, donde las condiciones ambientales son todavía óptimas para los corales. Ese esfuerzo es realmente una gran pérdida de tiempo y dinero, como los propios resultados parecen reflejar”.
Mensaje de esperanza
Si algo caracteriza a nuestra especie es su capacidad de aprender, sobre todo de sus errores, y tenemos el deber de aprender a hacer mejores sociedades, concluye la doctora Enríquez. El arrecife de coral es una fuente de sabiduría valiosísima porque es uno de los ecosistemas más antiguos del planeta, y ha conseguido generar una gran diversidad de especies e interacciones biológicas durante más de 200 millones de años.
Entender cómo lo ha hecho, qué factores críticos lo mantiene en equilibrio y dónde está su vulnerabilidad e inestabilidad podría darnos luz sobre los elementos que necesitamos atender para mejorar nuestra relación e interacción con él y en general con el nuestro entorno natural.
México tiene la suerte de poseer esta maravilla en su patrimonio natural, y también la responsabilidad de preservarlo para que las generaciones futuras puedan disfrutarlo y aprender de él. Para lograrlo, es obligatorio cuidarlo y protegerlo adecuadamente y esto es una responsabilidad actual de nuestra generación.
