El cambio climático y la economía
La economía y el cambio climático tienen una relación muy estrecha, aseguró el coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático (PINCC), de la UNAM.

Por Yassir Zárate Méndez –
Durante una conferencia ofrecida en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, efectuada en días pasados, el también investigador alertó sobre los costos económicos y ambientales que acarrea la variación en los patrones del clima.
La actividad humana tiene un enorme impacto en las actuales condiciones. La producción agrícola, la ganadería y la manufacturación de mercancías son algunas de las acciones de nuestra especie que generan gases de efecto invernadero, que a su vez aceleran el calentamiento global.
Efectos indeseados
Entre los economistas se maneja el concepto de externalidad. Para ejemplificarlo, podemos poner el caso de una empresa dedicada a la manufactura de teléfonos inteligentes. Los dueños de esa compañía solo quieren hacer el aparato y venderlo bien, con un margen de ganancia. Ese es su objetivo. Sin embargo, cuando elaboran sus aparatos, también generan otros productos que no estaban en la ecuación original para hacer teléfonos inteligentes.

Ese está detrás de la emisión de gases de efecto invernadero. Evidentemente, los industriales no están tratando de producir bióxido de carbono, sino teléfonos inteligentes. Ahora muchos de los fabricantes, quizás la mayoría de ellos, saben que uno de los efectos colaterales de la producción es la generación de esos compuestos que están teniendo un severo impacto en el cambio climático.
Los gases son el resultado de algo que pasa por la elaboración del verdadero producto que nos quieren vender, asienta el experto universitario.
Entre esas externalidades, si hablamos de cambio climático, nos encontramos con el metano, cuyas concentraciones en la atmósfera han aumentado significativamente en las últimas décadas, al igual que el bióxido de carbono y los clorofluorocarbonos, que hasta hace unos años usábamos en los procesos de refrigeración o en los fijadores de cabello y otro tipo de spray. Todo esto se ha ido acumulando y estamos muy lejos de reducir su presencia, con las consecuencias que ya estamos padeciendo.
Un momento clave: el boom de mediados del siglo XX

Estrada Porrúa hizo ver que una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial en 1945, hubo un despegue espectacular de la población mundial, emparejada con un muy importante aumento de las prácticas industriales.
Una vez lograda la paz, y a pesar de las tensiones originadas por la Guerra Fría, con conflictos bélicos muy localizados, se da un “boom socioeconómico” que se mantiene hasta la fecha, apenas frenado ligeramente por la emergencia sanitaria ocasionada por la COVID-19, que fue un bache muy importante para la economía, aunque se mantiene una trayectoria ascendente, con más población y más generación de mercancías, que dejan una huella de carbono cada vez mayor.
El incremento de la población implica un aumento en la producción de alimentos para satisfacer las necesidades de la gente. Como resultado, hay más gases de efecto invernadero en la atmósfera, como es el caso de la emisión de metano, en la ganadería, o de bióxido de carbono por las faenas en los campos de cultivo, entre otras externalidades.

Para el Dr. Estrada, la producción de riqueza está íntimamente relacionada con la emisión de gases de efecto invernadero. A partir de la segunda mitad del siglo XX, estos compuestos hicieron exactamente lo mismo que la población y el PIB. Más o menos a partir de 1950 empezaron a tener una presencia considerable en la atmósfera.
“En un artículo que publicamos hace algunos años mostramos que el cambio climático empezó en 1960, en un periodo como de diez años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, por este efecto de crecimiento de la población, y por el crecimiento de la economía, asunto que va íntimamente ligado a las emisiones” acotó el investigador de la UNAM.
Es casi una secuencia natural, porque si somos más, vamos a necesitar más alimentos, con lo que producimos más metano, que está muy relacionado con la agricultura y la ganadería.
Hay una correlación entre el aumento de la producción industrial y el cambio climático que estamos viviendo después de la Segunda Guerra Mundial, con un impacto en el crecimiento de la economía. Tenemos una clara influencia, afirmó el Dr. Estrada Porrúa, quien cuenta con un doctorado en Economía Ambiental por la Universidad Libre de Ámsterdam.

“Esto se ha podido demostrar con modelos econométricos, estadísticos, así como con modelos físicos del clima. Lo mejor que hay para entender el clima, todo esto lo han demostrado; esto se llama estudios de atribución. Uno ve que la temperatura aumenta o la precipitación no cambia y en la agricultura ya no producimos lo mismo. Se pueden hacer estudios de atribución. ¿Qué quiere decir? Veo que ha cambiado algo y me pregunto por qué ha sucedido, si es de manera natural o por la intervención humana”, puntualizó.
Asuntos a considerar
Hay dos asuntos que llaman a la reflexión. Uno de ellos son los costos de transición. La falta de respuesta y de adaptaciones por parte de la industria, para ayudar a reducir la emisión de gases de efecto invernadero, podría ocasionar que los productos de un país tengan que pagar algún tipo de impuesto verde.
Por otro lado, tenemos los costos de los impactos, llamados riesgos físicos, en los que México es un país particularmente vulnerable al cambio climático.
“Por cuestiones socioeconómicas, más de 20 millones de personas en México viven de la agricultura de subsistencia, porque aunque hay muchos esfuerzos, la ciencia todavía no está tan desarrollada como quisiéramos, para tener soluciones tecnológicas o soluciones de adaptación. No tenemos todo el conocimiento que quisiéramos para entender mejor el cambio climático y reaccionar de la mejor manera”, asentó Estrada Porrúa.
Por si fuera poco, estamos en un lugar del planeta donde vamos a tener cambios muy importantes en la temperatura y en la precipitación, con impactos de huracanes y eventos extremos. Si se da un aumento en la temperatura, implicará un mayor gasto para mantener ambientes de trabajo aceptables; se va a requerir más energía para las tareas de climatización.
Por otro lado, también se prevén pérdidas en la producción agrícola. “En varios cultivos y en estados del país tenemos pérdidas en los rendimientos de entre 5 y 20 por ciento. Y es que resulta que la productividad laboral se reduce de manera muy pronunciada si hay mucho calor”, expresó. Esa es una de las diferentes maneras en que el cambio climático entra en la economía.

Otra vertiente significativa es la salud. “Ustedes habrán oído hablar del dengue, que se transmiten por mosquitos, que nos pican y nos pasan la infección. Con el cambio climático pueden llegar a lugares donde antes no llegaban”, refirió. De hecho, en la Ciudad de México hay puntos donde se ha detectado la presencia de mosquitos transmisores del dengue.
A manera de conclusión, apuntó que las decisiones que tomemos en el ámbito económico, que implicarán un rumbo al planeta, definirán por dónde transitará el clima. Depende de nosotros qué tipo de desarrollo queramos.
