Por Sandra Vázquez Quiroz –
En las lavas cordadas el tiempo se detuvo. El Geopedregal brinda la posibilidad de viajar al pasado para observar el material magmático que se esparció por el lado sur de la cuenca de México.
Antecedentes


Hasta hace poco, el Geopedregal (un pedregal remanente), ubicado entre los institutos de Geología y Geografía de la UNAM, formaba parte de los pedregales amenazados por la urbanización de Ciudad Universitaria. Hoy está considerado como un aula viva gracias al trabajo encabezado por las investigadoras María del Pilar Ortega Larrocea, del Instituto de Geología, y Silke Cram Heydrich, del Instituto de Geografía y secretaria ejecutiva de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel (REPSA), así como el apoyo de un centenar de estudiantes y voluntarios que trabajaron para retirar cascajo, desechos y especies exóticas. Se trató de un esfuerzo de restauración que permitió la reintroducción de especies nativas y el registro de cada una de ellas.
En 2013, las autoridades universitarias firmaron el primer convenio de adopción para que el Geopedregal se rehabilitara; desde entonces la labor ha sido ardua. Después de más de tres años de restauración, el 17 de octubre de 2017, el doctor Luis Zambrano, entonces secretario ejecutivo de la REPSA, publicó en Twitter el siguiente mensaje: “Hoy se inauguró la zona restaurada del #Geopedregal”. Este hecho abrió paso al uso de este espacio para la docencia, la investigación y el esparcimiento de quienes estudien o visiten Ciudad Universitaria.

Aula viva
La doctora Silke Cram Heydrich explicó en entrevista para El faro en línea que el Geopedregal se considera un aula viva debido a que es un sitio que permite reforzar lo que se aprende en clase, ya que en él se encuentran elementos de la naturaleza que permiten poner en práctica temas como la restauración, variadas líneas de biología, geología, arte y ciencia social sin ir muy lejos.
“Pensamos que una forma de transmitir conocimiento es estar en los sitios en vivo y a todo color, haciendo actividad con las manos y viendo directamente”, apunta Cram Heydrich.
Por ejemplo, en el Geopedregal se identifican las especies nativas y las especies exóticas, cómo limpiar el área de maleza, la importancia de sacar ciertas especies desde la raíz y darles un tratamiento para llevarlas a la planta de composta, entre otras actividades.
Destaca que dadas las continuas restricciones para realizar prácticas de campo foráneas para algunas materias, por el tema de seguridad, el Geopedregal se ha convertido en un espacio donde los alumnos aprenden, practican, restauran, conocen, viven problemáticas y ayudan a conservar un sitio restaurado con vida.
“Los estudiantes tienen una necesidad de hacer trabajo de campo, para poder hacer transectos, medir parámetros, mirar el paisaje. Vienen grupos de la propia Universidad, del bachillerato. Está abierto a todo público e inclusive a escuelas para que puedan acudir los niños de primaria y secundaria”. La científica encargada de la REPSA recordo.

En este sentido, la Dra. Pilar Ortega Larrocea, investigadora del Instituto de Geología y responsable del proyecto desde sus inicios, destacó que las visitas de los más pequeños son importantes porque comprenden el concepto de restauración, lo observan y conviven con la biodiversidad del geositio.
Subrayó que antes de la contingencia sanitaria, el Geopedregal recibía anualmente unos mil estudiantes de preescolar, primaria, secundaria, preparatoria y licenciaturas que se imparten dentro y fuera de la UNAM. Ha recibido alumnos de la Facultad de Ciencias que cursan materias como entomología y colectan insectos; alumnos de edafología que estudian los tecnosoles y los suelos naturales; estudiantes de Ciencias de la Tierra, Geografía, Comunicación y de Artes y Diseño, además de otros provenientes de instituciones como la Universidad Autónoma de Morelos y la Universidad Autónoma del Estado de México, entre otras entidades de nivel superior.
La doctora Pilar Ortega señaló que el Geopedregal forma parte del Programa de Visitas a Museos y Espacios Educativos de la Secretaría de Educación Pública, como único proyecto de restauración ecológica y geopatrimonio, por lo que a partir del ciclo escolar 2019-2020 los niños de planteles de la Ciudad de México pudieron acercarse al espacio para explorarlo y aprender, sin embargo las visitas se suspendieron temporalmente, aunque están por retomarse.
Las investigadoras destacaron que recientemente el Geopedregal se integró al REDAUC, un programa del Conacyt que busca establecer una red de espacios de acceso universal al conocimiento científico, tecnológico y humanístico a través del arte.
Un espacio para mirar al pasado
El Geopedregal es un espacio seguro que proporciona una completa inmersión para quienes busquen estudiar temas como el relieve del sitio (antes y después); los tecnosoles y los servicios ecosistémicos; los skylight; las hondonadas y los microambientes. Por citar un ejemplo, la hondonada sur, en contraste con la hondonada norte, tiene en verano una diferencia de 15 grados centígrados, que se percibe cuando se camina por ellas.

Otros temas que involucran la parte macroscópica del sitio y con los que pueden experimentar los estudiantes son los polinizadores (abejas y murciélagos); temas de reintroducción y geológicos, como túmuli (subida de lava que se enfrío como un pequeño pastel); cuevas y lavas; excretas; propagación de composta y enfriamiento de lava.
Por lo que respecta al tema microscópico; aún hay mucho por averiguar sobre la biodiversidad en el suelo y las paredes con líquenes. “Con la colonización de líquenes se forma una capa de materia orgánica, llega una semilla y comienza a germinar; así va la sucesión hasta formar lo que es un pequeño matorral”, apunta la doctora Pilar Ortega.
La Dra. Silke Cram destacó que espacios como el Geopedregal abonan para tener superficies que infiltran agua, amplia biodiversidad y captura de carbono; son espacios que apoyan la enseñanza en el aula y que se transforman en aulas vivas para aprovechar su biorriqueza.
“Aunque los alumnos llegan a la UNAM a tener aulas en salones, se puede contar con espacios donde refuerzan su conocimiento; por eso tenemos el término aula viva al exterior, un laboratorio natural en el que los alumnos observan y viven lo que aprenden”, abunda.
El paisaje del Geopedregal provee además una atmósfera ideal para desarrollar arte plasmado en cuadernillos con temáticas particulares, como el realizado por alumnos de la Facultad de Artes y Diseño, o bien transmitir a través de fotografías experiencias particulares de los visitantes y conocer el antes y el después de un sitio restaurado.

Recientemente, el Geopedregal estuvo ligado a la exposición Nonsite: El Pedregal revisitado, de la artista Perla Krauze, además comenzó los festejos para celebrar su décimo aniversario con un encuentro de coro, teatro y danza.
El geopatrimonio
El Geopedregal acoge en su interior nichos que varían de un extremo a otro. A través de un sendero de roca volcánica las doctoras María del Pilar Ortega y Silke Cram contagian su entusiasmo al ver la gama floral, texturas y formas que ofrece el lugar en temporada de lluvias: flor del tigre (Tigridia pavonea), dalia (Dahlia coccinea), amole (Manfreda scabra), pasiflora (Passiflora subpeltata), helecho (Pallaea ternifolia), palo loco (Pittocaulon praecox) y copal (Bursera cuneata).
La doctora Ortega Larrocea destaca que “hay lugares con 20 centímetros de suelo y otros donde la roca está muy expuesta, pero a pesar de ello hay especies adaptadas que crecen sobre la roca, por ejemplo, la oreja de burro (Echeveria gibbiflora), lo que permite ver la adaptación biológica de estas especies. El espacio resguarda variedad de flora a cada paso: trompetilla (Bouvardia ternifolia), orquídea terrestre (Spiranthes aurantiaca), ayatito (Calochortus barbatus), tepozán (Buddleia cordata), nopal (Opuntia tomentosa) y flor de mayo (Zephirantes longifolia) y especies reintroducidas por la investigadora, como las dos especies de copal y encinos, además de otras propagadas con técnicas simbióticas, como la orquídea (Bletia urbana), lo que convierte al Geopedregal en un refugio de la orquideoflora del campus.

En cuanto a la fauna, las expertas destacan que mediante un sistema de fototrampas se ha observado que paulatinamente el Geopedregal está volviendo a ser habitado por especies nativas de la REPSA, como ardillón (Spermophilus variegatus), cacomixtle (Bassariscus astutus), tlacuache (Didelphis virginiana), murciélago magueyero (Leptonycteris curasoae) y mariposa de la alegría o xochiquetzal.
Hay en el sitio formaciones rocosas que los geólogos han estudiado, la Dra. Marie Noëlle Guilbaud, del Instituto de Geofísica, las llama túmuli, el sitio donde la lava formó un montículo, que se fue enfriando de la superficie hacia el interior, de forma análoga a un pequeño pastel que se cocina y forma grietas en la superficie, en la medida que va creciendo. Más adelante, el camino deja ver una parte basal de lava, donde se observa menos porosidad porque ahí fue más densa y los gases escaparon, como si fueran una soda que dejó oquedades en la superficie de la lava; actualmente funcionan como microambiente colonizado por líquenes y cianobacterias, dos organismos que dan paso a la formación de suelo.
Cualquier intervención en el sitio debe tomar en cuenta el paisaje volcánico y la biodiversidad, es por ello que mediante una propuesta de diseño paisajístico el Geopedregal planea realizar algunas transformaciones para que las visitas sean más placenteras, mediante la construcción de un camino alrededor que evite que la vegetación nativa del pedregal se mezcle con la maleza de la zona urbanizada, un fenómeno que sucedió durante el confinamiento, debido a la falta de mantenimiento.
Adoptar para cuidar
Las expertas destacan que el Geopedregal localizado entre los Institutos de Geología y Geografía de CU es uno de esos pedregales remanentes rocosos fuera de la REPSA, que forman parte de las áreas verdes de Ciudad Universitaria y pretende ser ejemplo de manejo de estos afloramientos, sin necesidad de transformarlos en jardines podados, como hay varios dentro del campus que cumplen su función como sitios de cohesión social.
Sin embargo, estas áreas llenas de belleza sin mantenimiento periódico denotan inseguridad y se convierten en sitios llenos de basura. Recientemente, el Geopedregal puso en marcha una actividad para retirar del camellón aledaño cerca de 300 kilos de basura. Ante ello, las expertas destacan que si cada entidad universitaria adoptara un afloramiento y se encargara de su mantenimiento, los sitios estarían libres de basura y lejos del estigma de lugar inseguro.

Cabe destacar que el Geopedregal es un espacio rescatado por y para estudiantes de la UNAM y externos que busca reivindicar la identidad del campus y la dignificación de los espacios universitarios. Es un lugar en el que se conjunta la diversidad biológica y geológica capaz de nutrir a las ciencias, las artes y las humanidades. En el marco de los diez años del proyecto, el Geopedregal ya es reconocido como el primer geositio universitario con una propuesta educativa encaminada a reconocer el geopatrimonio y realizada por los institutos de Ciencias de la Tierra.
Si deseas información sobre visitas guiadas y actividades escribe al correo geopedregal@geologia.unam.mx o busca Geopedregal en Facebook e Instagram.



