El impacto del cambio climático

Por Yassir Zárate Méndez – 

El cambio climático es inequívoco y las consecuencias ya se están sufriendo, como modificaciones en los patrones de lluvias que, a largo plazo, ocasionarán sequías en ciertas regiones del mundo, mientras que en otras habrá inundaciones, que afectarán a las cosechas, lo que producirá desabasto en alimentos, además de las enfermedades asociadas a estos fenómenos.

El tema del cambio climático se ha incorporado a la agenda mundial desde hace varios años. Ha trascendido el ámbito de las ciencias ambientales para insertarse como una prioridad en programas gubernamentales, educativos y científicos. Asimismo, ha saltado las páginas dedicadas a la ciencia, para aparecer esporádicamente en algunas portadas de diarios y revistas; igualmente, ha conseguido algunos minutos en noticieros de radio y televisión. Incluso ha dado pie a un esfuerzo multinacional, que ha agrupado a científicos de diversas disciplinas, que han enfocado el problema desde distintas perspectivas.

Así, con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) se ha dado a la tarea de recabar y contrastar información sobre el clima actual del planeta, lo que le ha permitido llegar a la conclusión, con un 90% de certeza, de que el cambio climático es el resultado de la acción humana, particularmente del proceso de industrialización basado en el empleo de combustibles de origen fósil, así como del uso masivo de vehículos automotores que utilizan derivados del petróleo.

Diagnóstico de un cambio en el clima.

En México, el Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA) ha sido la entidad académica y científica universitaria que ha dado un seguimiento permanente y puntual a este fenómeno. Los doctores Carlos Gay García y María Amparo Martínez, quienes se desempeñan como director y secretaria académica del CCA, son dos de los especialistas mexicanos en el tema, y con quienes El faro acudió para conocer la información más reciente al respecto.

De entrada, la doctora Martínez destaca que el crecimiento de la actividad industrial registrado en los últimos 150 años, sumada al cambio de uso de suelo de extensas superficies son dos de los factores que han incidido en el cambio climático global. En este punto, considera que el fenómeno debe ubicarse en un amplio contexto de “globalizaciones interrelacionadas –ambiental, climática, económica, energética y cultural– que en su conjunto dan como resultado una afectación al planeta”.

Como se ha explicado en diferentes oportunidades, la quema de combustibles de origen fósil libera a la atmósfera gases como el bióxido de carbono (CO2 ), cuya proliferación es señalada como un factor que ha incidido en el aumento de la temperatura: “El calentamiento observado en los últimos 50 años muy probablemente ha sido mayor que el de cualquier otro durante por lo menos los últimos 1,300 años”, destaca la investigadora.

De hecho, se estima que la temperatura global ha aumentado 0.74º C en el último siglo. La tendencia de calentamiento de los últimos 50 años es de 0.13º C por década.

Esto ha implicado la aparición de varios cambios de largo plazo en el clima, entre los que se incluyen “aumentos en la intensidad de los ciclones tropicales, en las ondas de calor y en la intensidad y frecuencia de eventos extremos como sequías y lluvias torrenciales”.

Asimismo, se han registrado sequías más largas y dañinas desde 1970, particularmente en los trópicos y subtrópicos. También son menos frecuentes los días y noches fríos y las heladas; mientras que son más frecuentes las ondas de calor, los días y noches calientes.

De acuerdo con los investigadores, aunque se lograra estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero a niveles del año 2000, para el 2100 habría un calentamiento de entre 0.3 y 0.9° C en la temperatura global, que sería adicional a lo ya observado; sin embargo, el escenario podría ser aún más candente, ya que de no tomarse las medidas pertinentes, sería posible tener un incremento de más de 6° C, lo que eventualmente tendría consecuencias devastadoras, como el aumento del nivel del mar en alrededor de 4 metros, a consecuencia del derretimiento acelerado de los hielos polares, lo que a su vez implicaría la desaparición de amplias zonas costeras y de los núcleos poblacionales asentados ahí.

A esto habría que sumar la alteración de los ciclos agrícolas, con la consecuente escasez de alimentos y el posible incremento de la hambruna. En su conjunto, esta serie de cambios puede acarrear transformaciones radicales, que tendrían consecuencias ecológicas y por supuesto económicas, sociales y hasta políticas y culturales. Los países con una alta vulnerabilidad, como es el caso de México, están ante la disyuntiva de iniciar una serie de acciones encaminadas a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, alentar el uso de energías alternativas, detener la destrucción de ecosistemas naturales y echar a andar efectivos programas de reforestación, entre otras medidas de mitigación y remediación, o enfrentarse a un escenario catastrófico.

Por una ciencia multidisciplinaria.

Recientemente, se hizo público el Pronunciamiento de las Academias del G8+5, que agrupa a las academias de ciencias de los ocho países más industrializados (Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Reino Unido, Alemania, Japón y Rusia) más las de México, Brasil, China, India y Sudáfrica, considerados como potencias emergentes.

Dicho documento establece que “se deben identificar prioridades estratégicas comunes a todos los países para poder implementar tecnologías ambientalmente sustentables para la adaptación y la mitigación, además de implementar incentivos innovadores a través del uso de instrumentos económicos y reguladores para acelerar la adopción de tecnologías limpias”. En este contexto, el secretario de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) y director del Instituto de Astronomía de la UNAM, José de Jesús Franco López, señaló que “tenemos que trabajar en la mitigación, reducir la cantidad de gases y trabajar muy fuertemente en la adaptación. Debemos tener inversiones importantes en estudios científicos y en el desarrollo de tecnologías que garanticen que vamos a proporcionar alimentación y energía para poder contender con estos cambios”.

De ahí la necesidad de diversificar las fuentes de energía, tomando las que sean más adecuadas a cada actividad o región. “No podemos seguir apostando todo el sistema económico a las mismas fuentes”, sostuvo la doctora Amparo Martínez.

Ante esta disyuntiva, la Universidad Nacional ha desarrollado un nuevo programa de investigación en cambio climático que apuesta por una ciencia multidisciplinaria y multisectorial. Sobre esta línea, el director del Centro de Ciencias de la Atmósfera, Carlos Gay García, subrayó la necesidad de conjuntar el conocimiento con la acción, binomio que debe apoyarse en “una sociedad vigilante”, que exija “armonía en las medidas que se tomen en los diferentes sectores”. Y es que para Gay García, el cambio climático global es el principal problema con el que lidiará la humanidad en los próximos años, al tiempo que implicará “cambios en el estilo de vida de la gente”.

Como se ha recogido en este número de El faro, es necesario alentar un sistema económico que busque el equilibrio entre el uso y la preservación de los recursos naturales, con un beneficio real para todos los sectores sociales, que a su vez permita un equilibrio entre las necesidades de la humanidad y las de la naturaleza.

 

 

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