2019Grandes Maestros

El padre de la cosmonáutica

Por Yassir Zárate Méndez –

Julio Verne fue, es y muy probablemente será una continua fuente de inspiración para los innovadores. En la lista debemos incluir a Konstantin Tsiolkovsky, un pionero por demás singular.

En un lugar de Rusia

Nuestra historia comienza en Izhevskoye, provincia de Riazán, en el corazón de Rusia. En esa localidad nació Konstantin Eduardovich Tsiolkovsky, quinto hijo de un migrante polaco que se ganaba la vida como guardabosques para mantener a sus 18 hijos.

De sus primeros años, el pequeño Kostya, como lo llamaba la familia, vivió algunos episodios que marcarían el rumbo del resto de su vida. El primero de ellos fue el padecimiento de una escarlatina, que le dejó como secuela una sordera casi total. Eso lo llevó a aislarse de sus compañeros de colegio y a concentrarse en los estudios. Se volvió así un devorador de libros, rasgo que lo iba a distinguir por el resto de su vida.

El otro acontecimiento fue la perdida de su madre, Maria Umasheva, con la que se encontraba muy unido. Esa muerte agudizó el ensimismamiento de Konstantin, quien apenas contaba con trece años. A cambio, afianzó su amor por el conocimiento, a pesar de ser expulsado de la escuela. Fue así como empezó a diseñar algunos artilugios, como un astrolabio y algunas locomotoras, causando la admiración de su padre, Eduard Tsiolkovsky, quien se decidió a mandar a su hijo a estudiar a Moscú. Con dieciséis años, Konstantin se dirigió a encontrarse con su destino, siempre mirando hacia el Cosmos.

La biblioteca Chertkovskaya

A su arribo a la futura capital soviética, Tsiolkovsky no se matriculó en la escuela técnica donde había hecho la solicitud. De esta manera comenzó una de las carreras autodidactas más prolíficas de la historia de la ciencia.

A cambio de las aulas, el joven prácticamente se instaló en la biblioteca Chertkovskaya, donde devoraba libros de matemáticas, mecánica analítica, astronomía, física, química, literatura clásica y filosofía. El dinero enviado por su padre, entre diez y quince rublos al mes, servía para que Konstantin comprara libros, materiales didácticos y reactivos químicos. Su único alimento, según contó más tarde, era el magro pan negro.

Durante su primer año en la ciudad, efectuó estudios de física y elementos de matemáticas, para el siguiente se enfoca en el cálculo diferencial e integral, además de álgebra, análisis y geometría esférica. Casi nada escapaba a su sed de conocimiento.

Luego de tres años en Moscú, y sin un título académico que lo avalara, Tsiolkovsky fue llamado por su padre para regresar al hogar familiar en Izhevskoye. Pero antes de ese retorno, conoció al filósofo transhumanista Nicolai Fyodorov, quien lo inició en esta corriente de pensamiento, empeñada en lograr la felicidad de las personas a través del progreso científico. El transhumanismo va a jugar un papel fundamental en las ideas desarrolladas posteriormente por Tsiolkovsky.

Un científico singular

Tras permanecer un par de años en Izhevskoye, la familia se trasladó a Ryazan debido a que el patriarca de la familia se había jubilado. En esa ciudad el joven Konstantin Eduardovich comenzó su incipiente carrera científica.

Para entonces, la idea del viaje espacial ya se había instalado en su mente; sus numerosas y metódicas lecturas le habían hecho reflexionar sobre las posibilidades de los vuelos interplanetarios.

Como planteamos al inicio de este artículo, el infaltable Julio Verne iba a jugar un papel fundamental en la inspiración de Tsiolkovsky y sus trabajos posteriores. En esta ocasión se trata de la novela De la Tierra a la Luna, donde el genio francés relata cómo sería un viaje a nuestro satélite.

Gracias al conocimiento acumulado, Tsiolkovsky razonó que la idea planteada por Verne para lanzar la nave al espacio redundaría en la muerte de los tripulantes, quienes no resistirían la aceleración necesaria para que el vehículo pueda escapar a la fuerza de gravedad del planeta.

Konstantin puso manos a la obra para resolver la cuestión. Entonces, diseñó una centrifugadora, donde colocó… gallinas, en las que comprobó los efectos de la aceleración. Experimentos similares realizan ahora los cosmonautas y astronautas, como parte de su preparación para viajar al especio.

Este tipo de experimentos le fueron granjeando a Konstantin una inmerecida fama de científico loco. Pero eso estaba apenas por comenzar.

 

Un profesor de colegio

Cuando cumplió 22 años, Tsiolkovsky aplicó un examen para obtener una plaza como profesor de geometría y aritmética. A pesar de carecer de estudios formales y, por lo tanto, de un título, logró el puesto. Gracias a ello, fue asignado a una escuela en la ciudad de Borovsk.

En ese sitio iba a permanecer doce años; allí contrajo nupcias y formó una familia. Pero, sobre todo, dio continuidad a sus trabajos y escritos sobre los viajes espaciales. También se acentuó su fama de científico loco, situación que siempre lo tuvo sin cuidado.

En 1883 escribió el libro El espacio libre, donde presentó varios bocetos bastante avanzados sobre el diseño de naves estelares. En uno de sus diagramas se puede apreciar el interior de esos artefactos; ahí, Tsiolkovsky muestra a algunos cosmonautas desplazándose en estado de gravedad cero, mientras se lanzan pelotas. El visionario ruso incluyó un par de giróscopos, para ayudar a los tripulantes a mantener la orientación del vehículo espacial. Por si fuera poco, el diseño incluía una cámara presurizada, que permitía a los viajeros efectuar caminatas, sin permitir que escape el valioso aire.

La nave, de acuerdo con los planteamientos de Tsiolkovsky, se impulsaba disparando bolas desde un cañón colocado al costado, una idea que a los especialistas les pareció hasta ingenua, aunque el diseñador iba a cambiar su propuesta años más tarde.

El sueño espacial

“Visualicemos […] una cámara de metal alargada […] que dispone de su propia luz y oxígeno, con dispositivos que absorban el dióxido de carbono, efluvios tóxicos y otras excreciones animales […] diseñada para proteger no sólo los distintos instrumentos físicos sino también un piloto humano […]. La cámara contiene un gran volumen de sustancias que, si se mezclan, se convierten inmediatamente en una masa explosiva.

“Esta mezcla, al explosionar de forma controlada y uniforme en un punto determinado, fluye en forma de gas caliente a través de tubos que acaban en forma de trompeta o cuerno. Estos tubos se alinean a lo largo de las paredes de la cámara. Los explosivos se mezclan en el extremo delgado del tubo: aquí se obtiene la mezcla de gases calientes y densos. Tras sufrir una violenta rarefacción y enfriamiento, los gases son despedidos al espacio a una velocidad relativa tremenda por el extremo abierto del tubo”.
La extensa cita anterior forma parte del artículo “La investigación del espacio mediante vehículos a reacción”, publicado en 1903 por Tsiolkovsky en la revista Nauchnoye Obozreniye. El texto casi se explica por sí mismo. Para esas fechas, el inventor ya había madurado muchos conceptos, entre ellos el de la propulsión en el espacio.
Había descartado el uso de cañones y, en su lugar, propuso, el empleo de cohetes en varias fases, que recurrirían a una mezcla de combustibles basados en oxígeno y nitrógeno líquidos, una idea que se aprovecharía muchos años después, como lo refleja el proyecto Saturno.

            Si bien las ideas de Konstantin Tsiolkovsky tuvieron poco impacto en Occidente, en Rusia es considerado como el padre de la cosmonáutica, gracias a sus numerosas propuestas revolucionarias.

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