Por Yassir Zárate Méndez –
Después del sábado 20 de febrero de 1943, Dionisio Pulido pudo presumir que era el dueño de un volcán. De hecho, antes de él, muy pocos seres humanos podían afirmar que habían visto el nacimiento de un volcán.

En este caso, hablamos del Paricutín (o Parícutin, como se propone en la grafía de este libro de Lucero Morelos Rodríguez, responsable del Acervo Histórico del Instituto de Geología de la UNAM).
Este magnífico volumen se puede disfrutar desde diferentes aristas. Por una parte, recoge valiosos documentos que dan cuenta de los hechos ocurridos hace 79 años, en la Meseta P´urhépecha, incluyendo el acta de nacimiento del que sigue siendo el volcán más joven de América.
Con un tono épico y minucioso semejante al empleado por los cronistas de Indias, los escribanos de la municipalidad de Parangaricutiro, Michoacán, dieron fe de los acontecimientos en sendos escritos que muy afortunadamente recoge el libro de Morelos Rodríguez.
Con este volumen, estamos ante un magnífico ventanal de la historia, que nos ofrece un amplio paisaje de un momento único, cuando “por primera vez en la historia”, los geólogos pudieron “registrar la formación de un volcán, su desarrollo y su muerte”.

En esa línea de relato, recoge el testimonio de primera mano (o más bien de primera vista), de Dionisio Pulido, quien acompañado de Agustín Sánchez, jefe de la tenencia de Parícutin, se trasladó hasta la cabecera municipal, para dar cuenta a las autoridades de lo ocurrido la tarde del sábado 20 de febrero.
Dice el acta de nacimiento del Parícutin que “el día de ayer como a las 18 horas se presentaron los CC. Sánchez y Pulido informándole, completamente excitados, de la aparición de una fogata que ellos no sabían qué era, y que había resultado como a las 17 horas de ayer en la Joya denominada “Cuitzyutziro”, al oriente del poblado de Parícutin”.
La narración, que desborda los límites de una sencilla acta de hechos, refleja los sentimientos y emociones de Dionisio Pulido, haciendo honor a los ecos mitológicos que había en el nombre de este campesino indígena michoacano.
Consigna el documento que tras ver esa “fogata” que brotaba prácticamente a sus pies en el terreno de labor, Dionisio Pulido “todo aterrado volvió la vista al Poniente o sea su pueblo, observando con sorpresa que allá abajo en la Joyita, se levantaban largas lenguas de fuego, con fuertes humaredas y estruendos nunca oídos, por lo que presa del pánico más terrible, huyó rumbo a Parícutin”.
La ígnea fuerza de la naturaleza se manifestaba así, como nunca se había visto, al menos no en estas latitudes, y menos presenciada por una persona.
Para Lucero Morelos, “la relevancia de este espectáculo de la naturaleza causó gran interés mundial en los científicos, ingenieros, artistas, pintores, políticos y turistas locales y extranjeros. Su nacimiento permitió por vez primera a los geólogos y vulcanólogos documentar el ciclo de vida completo de un volcán, es decir, observar todas las etapas de su historia, conocer aspectos de su formación, desarrollo y qué había en su interior”.

Si bien la erupción, “que a ratos semejaba una escena infernal”, no ocasionó la muerte de ninguno de los aterrados habitantes de la llanura p´urhépecha, sí provocó la desaparición de los pueblos de Parícutin y San Juan Parangaricutiro, hecho ocurrido “entre junio de 1943 y mayo de 1944”.
Una vez sucedido el desastre, la respuesta de los científicos mexicanos fue inmediata. Tocó al ingeniero Ezequiel Ordóñez Aguilar, decano de los geólogos del país, encabezar los trabajos de observación y registro. Para ello, a los dos días de tenerse la noticia, se trasladó hasta el teatro de las operaciones; incluso llevó consigo a su familia, que sería de mucha ayuda para organizar actividades benéficas para los damnificados del desastre.
Ezequiel Ordóñez “contaba entonces con el prestigio nacional e internacional por sus investigaciones pioneras sobre la geología mexicana”, a lo que sumaba más de medio siglo estudiando los volcanes de México. Por si fuera poco, él había descubierto “el primer pozo petrolero de producción comercial en 1904 en nuestro país”, subraya Lucero Morelos Rodríguez.
Este libro se puede consultar y descargar de manera gratuita en el siguiente sitio: https://www.geologia.unam.mx/igl/docs/libros/Paricutin_Morelos2022.pdf
Ordóñez Aguilar llevó una puntual bitácora de los primeros meses de la erupción. En sus apuntes daba cuenta de cada suceso notable, como la expulsión de lava, bombas volcánicas y cenizas, con lo que poco a poco se modificaba el relieve en torno al Parícutin.
A él se debe también un registro visual formado por más de 600 impactantes y bellas fotografías, cuya curaduría efectuada por Lucero Morelos son las que nutren este volumen.
Como destaca la autora, El Parícutin en 100 imágenes. Historia gráfica del nacimiento del volcán más joven de América, tiene el propósito de “difundir parte de la memoria documental de la erupción del edificio volcánico michoacano contenida en el rico y variopinto patrimonio documental y científico del Acervo Histórico del Instituto de Geología de la UNAM”.




