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El solsticio y el reloj solar

Por Yassir Zárate Méndez – 

En algún punto a las afueras de nuestro sistema solar, a más de 23,000 millones de kilómetros de distancia, se encuentra la sonda espacial Voyager 1. Lanzada en 1977, se trata de la primera nave construida por nuestra especie en abandonar la helioesfera. Es un hito que tiene una curiosa relación con la determinación de las fechas y ubicaciones solares en que ocurren los solsticios, equinoccios o cualesquiera otros sucesos en la órbita aparente del Sol en torno a la Tierra.

El solsticio y la observación de los planetas

Como explica a El faro el maestro Daniel Flores Gutiérrez, del Instituto de Astronomía (IA) de la UNAM, la humanidad ha lanzado naves que se mueven en el sistema solar, algunas de las cuales ya salieron del Sistema Solar, como es el caso de la Voyager 1.

“Se requiere de una alta precisión en el posicionamiento de los planetas, para poder describir la trayectoria de algún complejo electrónico o de un satélite que se mueva en torno a la Tierra o entre los planetas. Su trayectoria, a través del sistema solar, tiene que ver con las interacciones gravitatorias con los planetas que tiene alguna nave que se mueva en el Sistema Solar, y para lograrlo se ha requerido conocer con precisión la ubicación de cada uno de los planetas, incluyendo una buena cantidad de asteroides, utilizados en la dinámica del sistema solar aplicados en los métodos de cálculo de efemérides.

Ello permite determinar cómo se observan los cuerpos del Sistema Solar desde la Tierra, y por lo tanto cómo se observa el Sol desde nuestro mundo, y de este modo determinar los sucesos orbitales, como los cálculos del solsticio”, nos explica.

La identificación de los solsticios y de los equinoccios se efectuó hace miles de años, pero sigue aportando beneficios para nuestra curiosa especie.

A la pregunta de si sirve o no observar esos instantes, el integrante del IA tiene una respuesta contundentemente afirmativa.

“La comparación de cálculos de posiciones y fechas de este tipo de sucesos, entre muchos otros más, permite hacer cada vez más precisos los cálculos, los movimientos de cada uno de los planetas. Por ejemplo, la teoría del movimiento de la Luna va mejorándose cada vez más. Estamos hablando de fracciones muy pequeñas, fracciones decimales muy pequeñas. Sin embargo, a largo plazo, con las nuevas lecturas se pueden determinar mejor estas posiciones de observaciones de planetas o de objetos planetarios”, asienta Flores Gutiérrez.

El Sol detenido

La palabra solsticio viene del latín solstitium, que significa “Sol detenido” (solis y statum, que acabaron convirtiéndose en una sola palabra). ¿Pero qué ocurrió con nuestra observación del Sol para que se haya llegado a esa concepción?Hace miles de años, los seres humanos se valían de los astros como una suerte de calendario. El Sol, la Luna y ciertas estrellas ayudaban de muchas maneras.

En el caso del solsticio, el movimiento aparente del Sol evidenciaba muchos fenómenos, solo por la inclinación del eje de rotación de la Tierra respecto del plano de su órbita. “Al seguir el transcurso de los días del año, el Sol va moviéndose de modo aparente entre los grupos de estrellas en la bóveda celeste día a día, hasta alcanzar su posición extrema en el hemisferio norte celeste, es decir, la fecha del solsticio de junio. Pero, consecutivamente, desde el lugar donde vivamos observamos que cuando se va acercando a esta fecha, el Sol casi no se mueve. Sale prácticamente en el mismo lugar, y eso lo apreciamos más o menos de dos a tres semanas”.

Por ese motivo, se da la impresión de que el Sol está parado o detenido, porque, aparentemente, permanece en la misma región del cielo. Al observar la salida del Sol en el horizonte, se puede apreciar que lo hace en el mismo punto.

Pasado remoto

Si retomamos la idea de los astros como una herramienta para entender fenómenos como la migración de animales, podemos comprender la asociación descubierta por grupos humanos del pasado remoto.

“Meditando cuál sería el origen de esto, debemos pensar en aquella época de los cazadores recolectores, que de alguna manera se mantiene en la actualidad con grupos humanos que viven en el desierto, por ejemplo”, detalla Flores Gutiérrez.

Estos grupos, ahora y en la antigüedad, se han regido por la observación del Sol, e incluso de la Luna y, desde luego, por diferentes grupos de estrellas que se aprecian en la noche. Todo eso les indicaba dónde estaba la mejor tierra para colectar vegetales, o para cazar animales en diferentes regiones.

Por ese motivo tenían que migrar, porque los animales, de acuerdo con las estaciones del año, cambian su hábitat, así como variaban los productos vegetales que colectaban; esa es la razón de los movimientos de grandes grupos en todo el mundo. Por supuesto, Mesoamérica no fue la excepción.

Cuando había una disminución de estos productos naturales, como la falta de lluvia o de agua, los grupos humanos entraban en problemas. “Lo importante de todos ellos es que gradualmente el registro de estos sucesos permitió seguir las variaciones en lo que ahora llamamos las temporadas de secas y lluvias, para normar los ciclos de siembra y cosecha con la preparación de la tierra, que se daba más o menos entre diciembre y febrero. Después de eso, con el barbecho de la tierra y demás labores agrícolas, preparaban el terreno para sembrar las semillas y esperar la temporada de lluvias”, agrega.

Mesoamérica y el solsticio

Especializado en arqueoastronomía, refiere que los antiguos pueblos originarios de esta parte del mundo advirtieron la singularidad del solsticio y lo reflejaron en su arquitectura.

“Las sociedades humanas o los grupos humanos asentados aquí en América, particularmente en Mesoamérica, que abarcaría a una parte de México y de Centroamérica, también lo identificaron muy claramente, de tal manera que en esas grandes construcciones, que hoy podemos estudiar, esos vestigios arqueológicos, nos indican cierto interés en planear y observar los días en los que ocurriesen los equinoccios y los solsticios. Particularmente podemos hablar de los solsticios como un registro observable en la pirámide de Mayapán, que está cercana a Chichén Itzá, donde se registran los equinoccios”, acota.

Es así como Mayapán da cuenta de los solsticios y en otros sitios arqueológicos se observan de manera diferente. “Con eso quiero decir que cada ciudad mesoamericana tenía sus métodos diferentes para identificar el suceso solar que les era de interés”, añade.

Otros ejemplos son los de Xochicalco y Teotihuacan. En el sitio ubicado en el actual estado de Morelos, la evidencia de la relación con el solsticio se encuentra en la llamada plaza de la estela de los dos glifos, que marca muy precisamente los sucesos solares por el tipo de orientación que tiene, desde donde se observa el equinoccio en la salida y en la puesta, y donde también se puede apreciar los solsticios.

“Otro lugar evidentemente es Teotihuacán. Desde un montículo que está al poniente de la Pirámide del Sol, más o menos a un kilómetro, se distingue que en el solsticio de verano, desde ese montículo se observa que el Sol sale en la Pirámide de la Luna, más puntualmente en la primera plataforma de la escalinata principal; ahí aún se ve salir el Sol en la actualidad”.

Las observaciones en torno al solsticio se utilizaban como una forma de confirmar que se estaba midiendo bien el tiempo a través de la cuenta de los días a partir de la fecha del inicio del año, se le inquiere a quien también es responsable del Anuario Astronómico Nacional.

“Ese es un buen comentario. Exactamente. Sabemos bien que existen los calendarios, los códices calendáricos, como el Borgia, como el Códice de Dresde, en el que se registraron con mucha exactitud diferentes ciclos astronómicos. Precisamente lo que se hacía con el seguimiento de los códices o la cuenta de los días, por ejemplo, que ahora llamaríamos en términos general el uso del calendario, era corroborado, comprobado, con la observación solar. Y esa es una parte muy importante que hay que saber reconocer en la actualidad”, finaliza el universitario.

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