Enfermedades emergentes

El brote actual de ébola será recordado como una de las epidemias más devastadoras de nuestro siglo, pero también como una oportunidad para debatir sobre el impacto a futuro de las enfermedades emergentes.
La lucha contra las enfermedades corre pareja con la historia de nuestra especie. A lo largo de miles de años hemos recurrido a distintas estrategias para hacerles frente. Un paso importante lo dimos cuando dejamos de verlas como un castigo sobrenatural, para empezar a entenderlas como el resultado de un complejo proceso de orden biológico, que perturba a nuestro organismo. Al estudiar sus causas y comprender sus consecuencias, hemos podido encontrar formas para contrarrestarlas.
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A grandes rasgos, hay dos clases de enfermedad: exógena y endógena. En el primero caso encontramos una amplia variedad de causantes: la exposición a sustancias tóxicas, la radiación, una lesión o infecciones. Las endógenas son el resultado de procesos que se dan dentro del organismo.
Para efectos de este artículo, concentremos nuestra atención en ciertas afecciones originadas por una causa externa. A medida que ocupamos los diferentes nichos habitables del planeta, entramos en contacto con otras especies, que durante siglos o milenios fueron el reservorio de virus, bacterias, hongos, protozoarios u otros parásitos.
Con el paso del tiempo se han dado casos de agentes infecciosos que comenzaron a provocar padecimientos en una especie distinta a la que habitualmente afectaban, como el ser humano. Cuando el salto se da de animales a personas recibe el nombre de zoonosis. Estas nuevas patologías suelen considerarse como enfermedades emergentes, ya que el mal es ocasionado por un nuevo agente; también puede ocurrir que la afección ya era conocida y tratada de una forma eficiente hasta lograr su erradicación o su contención, pero de improviso se da un brote en regiones donde era desconocida. Eso es lo que se conoce como enfermedades reemergentes, como ha ocurrido con el ébola que azota a algunos países de África occidental.
En entrevista para El faro, el doctor Carlos Arias-Ortiz y la doctora Susana López-Charretón, del Instituto de Biotecnología (IBt), ambos especialistas en el estudio de los virus, nos ofrecieron una amplia explicación sobre la dinámica de las enfermedades emergentes. El virtual incremento de estos males responde, entre otros factores, al crecimiento poblacional, como refiere López-Charretón: «Las enfermedades emergentes siempre han ocurrido. Por ejemplo, un cazador que perseguía a un mamut podía contagiarse de alguna de sus enfermedades y se moría. El brinco de la enfermedad animal-persona es relativamente fácil; lo complicado es el contagio persona-persona. Debido a que cada vez hay más gente en el mundo, este último brinco se ha favorecido».
Por su parte, Arias-Ortiz agrega que «no debemos olvidar que la gran mayoría de las enfermedades infecciosas que aquejan a la humanidad tienen un origen animal, es decir, son bacterias o virus que encontraron en las personas un hospedero ideal y se adaptaron para ser patógenos en nosotros, lo que nos indica que estas enfermedades siempre han ocurrido».
El caso del ébola
El ébola es una zoonosis y además una enfermedad reemergente, pues desde su identificación en 1976, tras dos brotes simultáneos en Sudán y la República Democrática del Congo, ha protagonizado episodios recurrentes.
Estudios realizados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) apuntan que algunos murciélagos frugívoros, especialmente aquellos de las especies Hypsignathus monstrosus, Epomops franqueti y Myonycteris torquata, son un reservorio natural del virus que ocasiona la enfermedad.
Para López-Charretón esta conclusión no suena extraña: «Los murciélagos son portadores de muchos virus, sin desarrollar necesariamente la enfermedad. A medida que van creciendo las poblaciones humanas se entra en contacto con las grandes colonias de murciélagos y se corre el riesgo de que los brincos de la enfermedad a humanos sean más probables».
Arias-Ortiz agregó que se debe realizar más investigación para conocer si los murciélagos son el reservorio principal. Ambos investigadores pusieron énfasis en la importancia de estos animales en el entorno natural como polinizadores y controladores de plagas, además de que no son los únicos que pueden ser potencialmente transmisores.
De hecho, la OMS establece que “el virus del ébola se introduce en la población humana por contacto estrecho con órganos, sangre, secreciones u otros líquidos corporales de animales infectados. En África se han documentado casos de infección asociados a la manipulación de chimpancés, gorilas, murciélagos frugívoros, monos, antílopes y puercoespines infectados que se habían encontrado muertos o enfermos en la selva”.
Un caso mexicano
El doctor Arias-Ortiz señala que muchos padecimientos son muy recientes en México, como el dengue, la fiebre chikungunya o el hantavirus, que agrupa varios virus ARN, los cuales son transmitidos por roedores infectados, que provocan problemas a nivel respiratorio. Además, algunas otras han tenido una fuerte reincidencia en los últimos años como el cólera, que tuvo su primera aparición en nuestro país con la epidemia de Puebla en 1833.
Todas estas enfermedades, de acuerdo con Arias-Ortiz, además de algunas que puedan aparecer en el futuro, tienen el potencial de convertirse en epidemias por las condiciones demográficas y económicas del país. Sin embargo, destaca que “la Secretaría de Salud ha adoptado los protocolos necesarios para contrarrestar un brote epidemiológico, ya sea de ébola u otro mal».
En tanto que López-Charretón apunta que «es absolutamente necesario que la información para prevenir y tratar los padecimientos sea brindada no solo en los centros urbanos, sino sobre todo en las zonas rurales, que son los lugares en los que existe una mayor probabilidad que aparezcan brotes de zoonosis. Además, en estas localidades no se cuenta con una gran infraestructura sanitaria».
El papel del científico
Ambos investigadores coinciden en que es necesario profundizar en la dinámica de las distintas enfermedades que aquejan a la humanidad y hacer predicciones que permitan articular acciones de prevención a nivel internacional. Sin embargo, ambos invitan a no tomar las predicciones como algo que necesariamente ocurrirá. Para ello toman como ejemplo el caso de la influenza, del que se llegó a considerar que el serotipo H5N1 era el que poseía el potencial para provocar una pandemia, aunque finalmente fue el H1N1 el que la originó.
Nos enfrentamos a nuevas enfermedades, pero también a viejos padecimientos que parecen resurgir o ser más resistentes. En este punto, la ciencia se recalibra con nuevos matices en la lucha contra la enfermedad. No obstante, es necesario que todos los sectores de la población se mantengan informados para tomar decisiones que beneficien a la colectividad.
Por José Eduardo González Reyes



