Especies exóticas e invasoras, un reto global

Por Yassir Zárate Méndez –
Ratas, plecos, gorriones y lirios acuáticos tienen un común denominador: se trata de especies introducidas accidental o intencionalmente en los ecosistemas de México. Gracias a diferentes factores, lograron adaptarse a sus nuevos entornos y han prosperado hasta representar serios desafíos para las especies nativas, pero también para las actividades económicas.

El faro en línea conversó con la doctora Morelia Camacho Cervantes sobre las especies invasoras y las exóticas, dos conceptos sutilmente distintos, como nos explica esta joven investigadora del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICMyL), de la UNAM.
Asimismo, nos ofrece detalles de la participación que tiene en el proyecto denominado Invasive alien species assessment, una iniciativa de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES, por sus siglas en inglés), propuesta de las Naciones Unidas similar al Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, con una vocación orientada hacia la biodiversidad y los retos que se enfrentan a escala planetaria.
Sutiles diferencias
Las especies invasoras son aquellas que, por diferentes razones, han salido de su rango de distribución nativo, es decir, del lugar donde han vivido históricamente. Una vez fuera de ese nicho, han podido prosperar y, eventualmente, llegan a crear poblaciones que pueden salirse de control, con lo que se convierten en un problema para la comunidad de especies nativas.
“Hay una clasificación entre las especies que solo están introducidas fuera de su rango y las que ya están establecidas. Las que solo están introducidas se conocen como especies exóticas y las que ya están establecidas, se conocen como especies invasoras”, puntualiza la doctora Camacho Cervantes.
Para la universitaria es importante establecer la diferencia entre invasoras y exóticas, porque no todas las que llegan a un nuevo nicho se convierten en invasoras.
“Hay un proceso por el que tienen que pasar, que incluye ser trasladadas, ser capaces de sobrevivir ahí y luego ser capaces de reproducirse y posteriormente dispersarse. Son los cuatro principales pasos para llegar a ser una especie invasora”, anota.
El factor humano
El ser humano es uno de los principales responsables de la introducción de especies en otros ecosistemas, acota la doctora Camacho. Sin embargo, discierne entre dos formas muy claras, según las intenciones que hay detrás de cada acción.
En algunos casos, nosotros, deliberadamente, movemos una especie de un sitio a otro por un propósito, que va desde el esparcimiento o la ornamentación, hasta razones de carácter económico. Un caso muy evidente es el de las mascotas, que después de cierto tiempo con ellas, si llegan a aburrirnos o somos incapaces de mantenerlas, solemos simplemente dejarla al garete.
Sin embargo, también puede ocurrir que la llegada de una nueva especie a un entorno diferente tenga otras motivaciones. En esa situación podemos ubicar a los llamados agentes de biocontrol; se trata de especies que nosotros hemos introducido en un lugar para controlar a otras donde se han esparcido hasta ocasionar daños, como en la agricultura. Entonces lo que se busca es atenuar o eliminar los daños.
En esta línea se encuentra el caso de la piscicultura. Es común que en algunos cuerpos de agua, como lagos, lagunas y estuarios, se cultiven tilapias o carpas, destinadas para consumo humano. Sin embargo, a veces algunos de esos ejemplares se han escapado, ya sea por descuidos de los cuidadores o por el impacto de fenómenos naturales, como ocurre cuando impactan huracanes o tormentas en las granjas piscícolas.
La segunda categoría, apunta la doctora Camacho Cervantes, está formada por aquellas especies que se introducen de manera accidental. Esta variante se encuentra estrechamente vinculada con la alta movilidad mostrada por nuestra especie desde sus orígenes.
“Cada vez estamos transportando más bienes y comunicándonos globalmente con más frecuencia. El tránsito entre continentes es cada vez mayor. Antes las barreras geográficas delimitaban dónde estaba cada especie”, refiere la especialista.
Ahora esos límites se han diluido porque nos transportamos de manera intensiva por vía aérea, terrestre, marítima, “y llevamos polizones sin querer”. A manera de ejemplo, cita un hecho muy puntual. En los ecosistemas marinos es muy común que se transporten especies de una costa a otra, a través del agua de lastre, que es la utilizada por las embarcaciones para controlar la flotabilidad.
“Puede ser que recojan agua en un mar o en un océano y luego se tengan que mover a otro, cambian la flotabilidad y tienen que soltar esa agua. En esa agua van algas, peces, crustáceos y cualquier cantidad de organismos. De una forma similar fue que se introdujeron las ratas a casi todos los lugares en el mundo. No hay lugares donde no haya ratas, y es que han viajado con nosotros como polizones. Es una de las especies invasoras más comunes”, reseña.
Acciones dañinas que parecían buenas ideas
En otras ocasiones, las decisiones que toman los colectivos humanos les abren la puerta a las invasoras. “En México tenemos como especie invasora el eucalipto, que es este árbol que crece muy rápido, que necesita poca agua, originario de Australia y fue reintroducido cuando se hicieron esfuerzos de reforestación hace unos cuantos años; eran buenas las intenciones, se quería reforestar, pero los mecanismos no fueron los mejores. Esto es cuando se introduce algo deliberadamente”, agrega la investigadora del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología.
Otros casos son aún más dramáticos. Tal es la invasión de plecostomus (Hypostomus plecostomus), también conocidos como plecos o peces diablo. Durante años, los dueños de acuarios importaron a estos peces desde Sudamérica; los empresarios los veían como unos eficientes barrenderos de las peceras: las mantenían limpias y daban buena vista.
El problema vino cuando los consumidores se aburrieron de los plecos o simplemente fueron incapaces de costear los acuarios en casa. Entonces empezaron a liberar a los peces en ecosistemas donde proliferaron y se convirtieron en una amenaza para las especies nativas. El problema ha escalado hasta el punto de generar impactos a la economía de cientos de pescadores, aunque el principal daño es a nivel ambiental.
Otro tanto ocurrió con el lirio acuático (Eichhornia crassipes), que infestó los canales de Xochimilco, luego de ser introducido en tiempos del Porfiriato. Una versión apunta que Carmen Romero, esposa del dictador Porfirio Díaz, quedó fascinada por la imagen ornamental de la planta, hasta el punto de pedir que se le cultivara en aquel humedal del sur de la Ciudad de México, sin imaginar las consecuencias que acarrearía para el ecosistema. De hecho, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza la considera como una de las especies más agresivas del mundo, ante su alta capacidad de resistencia y proliferación.
Para la doctora Camacho Cervantes, es muy clara nuestra responsabilidad. “Nosotros somos el principal vector. Como hemos llegado a un punto de control de nuestro alrededor, de poder transportarnos, de mover bienes, lo que se conoce como la globalización, esto involucra mover especies también”.
IPBES e Invasive alien species assessment
Ante la creciente pérdida de biodiversidad, se planteó la necesidad de buscar una solución al problema. Fue así como se dio pie a la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES, por sus siglas en inglés).
“El IPBES tiene como objetivo hacer síntesis de ciencia para tener una sociedad más informada, pero también está dirigido a tomadores de decisiones, para que estos puedan tener información actualizada, global, que incluya taxones y ecosistemas diversos”, asienta la investigadora del ICMyL.
Camacho Cervantes explica que través del IPBES se han hecho diferentes asesoramientos, algunos de los cuales ya están publicados y circulando. Entre esos trabajos se encuentra uno a escala global para biodiversidad. Los documentos reconocen varias amenazas que ocasionan la pérdida de biodiversidad, como lo son el cambio climático, las especies invasoras, la sobreexplotación de recursos y la degradación de hábitat.
“Uno de los esfuerzos del IPBES es tratar de tener un documento que presente el estado del arte de estas amenazas a la biodiversidad. Se seleccionó las especies invasoras como uno de los más importantes, porque es un problema que ha ganado notoriedad porque va creciendo de manera muy acelerada. Ellos consideraron que era prudente hacer un asesoramiento global y ese es el Invasive alien species assessement, en el que colaboramos muchos investigadores”, detalla.
El asesoramiento se divide en una serie de capítulos que abordan los puntos más importantes en torno a las especies invasoras, y de los mecanismos a través de los cuales se mueven de un lugar a otro, de los efectos que puedan tener, tanto en los ecosistemas como en la sociedad. Cada uno de los capítulos cuenta con líderes, es decir, investigadores que coordinan el grupo de trabajo.
“Mi capítulo tiene que ver con vectores de introducción. Es liderado por una investigadora de Noruega, uno de Nueva Zelanda y uno de Japón. Ellos tres coordinan un equipo de trabajo, que abarca a trece o catorce participantes de países como Argentina, Japón, Canadá, México. Yo formo parte de este último grupo que mencioné; somos colaboradores del capítulo que nos dedicamos a secciones en particular. La idea es que todos tengamos en cuenta una perspectiva de cobertura global, con todos los continentes y todos los taxones. Eso es el Invasive alien species assessement. Se trata de un reporte del estado del arte global de las especies invasoras”, concluye la doctora Morelia Camacho.
Para finalizar, nos invita a seguir la página del IPBES (https://ipbes.net/es) y la de la Conabio (https://www.biodiversidad.gob.mx/planeta/internacional/ipbes.html), para más información sobre este tema.
RECUADRO
Lo que dice la CONABIO
Al ser introducidos en un nuevo medio, ciertos organismos desarrollan un comportamiento diferente al que tenían en su ecosistema de origen, ya que carecen de las medidas de control de su área de distribución natural. Esas medidas incluyen depredadores, condiciones específicas del ambiente o competencia por los recursos, que son las que mantienen a las poblaciones dentro de ciertos niveles de equilibrio en los ecosistemas donde han evolucionado de manera natural por largos periodos de tiempo. Los comportamientos nuevos pueden incluir cambios en los patrones de reproducción, crecimiento descontrolado de las poblaciones o conductas agresivas no mostradas en su medio natural.
