Editorial

Estufas de leña

Editorial – El faro 158, mayo 2014

elfaro_la_luz_de_la_cienciaAlgunos contaminantes tienen una estancia relativamente corta en la atmósfera, que va de días a semanas, aunque no por ello dejan de influir significativamente. Ejemplos son el hollín, el metano y el ozono, que contribuyen al calentamiento global. Eliminar esos contaminantes del aire es relativamente sencillo y la mejora del clima del planeta se puede observar en pocos meses o años. Latinoamérica produce cantidades respetables de hollín debido al uso de fogones tradicionales, estufas de leña y otros sistemas de cocción y calefacción doméstica.

La combustión de la leña se considera neutra en términos de emisiones de CO2 a la atmósfera, ya que los árboles lo absorben durante su crecimiento mediante la fotosíntesis y cerca de una tonelada de carbono es capturado por cada metro cúbico de leña. Cuando mueren y se descomponen emiten la misma cantidad de carbono como si fueran quemados en procesos de cocción o calefacción; de este modo, si se usa la leña de forma responsable se sigue el ciclo natural del carbono en el cual el CO2 va a la atmósfera, después a los bosques, y viceversa.

Por lo tanto, quemar leña de árboles viejos o muertos como fuente de energía para sustituir los combustibles fósiles acaba siendo una contribución casi nula de emisiones de gases de efecto invernadero.

Por estas razones, la leña es un ejemplo de desarrollo sostenible, dado que suele provenir de bosques cercanos a los hogares y es obtenida por propietarios de tierras para mantener la salud de la cobertura forestal a través de la tala selectiva de árboles viejos y la recolección de madera muerta. La eliminación de estos árboles enfermos o muertos permite que los árboles sanos crezcan más rápido.

Sin embargo, la combustión de la leña produce partículas finas de tamaño micrométrico que pueden agravar enfermedades pulmonares o del corazón, y que también se han relacionado con cuadros de asma. En algunos países hay normas de emisiones de partículas, aunque muchas estufas de leña convencionales generan en promedio cuatro veces más partículas. Varios países, provincias y municipios han establecido leyes que prohíben la venta de aparatos que no se ajusten a los estándares de emisiones de partículas. La leña al quemarse en un aparato con un buen desempeño emite menos partículas que en otras más convencionales, como los fogones, y el consumo se puede reducir hasta en 33% cuando se utilizan sistemas de combustión desarrollados con nueva tecnología. En este número de El faro se habla de este tema tan importante para la salud de los bosques, de la gente del campo y del planeta en general.

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