2022CIGAConciencia

Geografía ambiental al servicio de la comunidad

“Buscamos trabajar con comunidades que se asientan en espacios con alguna figura de protección ambiental, explorando formas de conservación basadas en la comunidad a partir de sus propios conocimientos y formas de gestionar su territorio”.

-Por José Antonio Alonso García-

El doctor Jaime Paneque, del Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental (CIGA), en el campus Morelia de la Universidad Nacional Autónoma de México, apunta lo anterior durante la entrevista exclusiva que concedió al boletín El Faro digital, de la Coordinación de la Investigación Científica. 

Dr. Jaime Paneque

Se refería el investigador al modo de trabajo en las comunidades con las que ha desarrollado su labor, mayoritariamente en la Comunidad Ecológica Jardines de la Mintsïta*, que está en el periurbano de Morelia en una zona de protección ecológica, y en la comunidad indígena Carpinteros, ubicada en la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca.

Interacción entre las sociedades y la naturaleza

Dentro de la novísima disciplina científica que es la Geografía ambiental, los temas de investigación hacia los que Paneque-Gálvez orienta su trabajo son: Conocimiento local, ciencia ciudadana e innovación social en comunidades rurales y periurbanas; Mapeo territorial, monitoreo ambiental y conservación comunitaria; Conflictos ambientales y luchas por la defensa del territorio, y Ecología política de la degradación ambiental (agua, bosques, agricultura).

La Geografía ambiental es el espacio resultante de la unión entre la Geografía física y la Geografía humana en su vertiente ambiental, explica el investigador. De esa alianza ha nacido esta joven disciplina científica hace apenas dos décadas, la cual describe y explica los aspectos espaciales de las interacciones entre individuos o sociedades humanas y su entorno natural. Es tan reciente el término que ni siquiera está popularizado dentro de la propia geografía, pues hay muchos geógrafos que aún no lo usan.

Uso de las nuevas tecnologías

Aprovechando la experiencia de mapeo participativo y análisis espacial adquirida durante su estancia doctoral por parte de la Universidad Autónoma de Barcelona en la Amazonía boliviana, Paneque-Gálvez se incorporó al CIGA hace nueve años para desarrollar, como parte de su posdoctorado, el uso comunitario de drones en asuntos forestales. En 2016, tras ser contratado como investigador en el CIGA, ganó sus dos primeros proyectos enfocados a entender los posibles beneficios y las limitaciones derivadas del uso de nuevas tecnologías por parte de comunidades rurales y peri-urbanas.

“Con estos proyectos empezamos a explorar el uso de varias tecnologías para hacer mapeo territorial y monitoreo ambiental junto con comunidades en situaciones de conflicto ambiental marginadas, en situación de pobreza y de exclusión social, que además estaban padeciendo situaciones de conflicto ambiental”.

Entre los objetivos prioritarios de esta labor científica resalta la generación de una cartografía precisa de los territorios que habitan y aprovechan las comunidades para su subsistencia, así como el monitoreo de diversos aspectos de interés, por ejemplo, las amenazas de diferentes tipos que padecen.

Detalla el especialista que una amenaza frecuente en situaciones de conflicto ambiental es el robo de recursos naturales o el daño provocado al ambiente mediante actividades ilícitas, como la minería y la tala de árboles de los bosques comunitarios.

Abunda Paneque-Gálvez que los drones pueden ser particularmente útiles para identificar esas amenazas y posteriormente generar información útil para mostrarlas como pruebas ante las autoridades.

Drones en apoyo a la conservación comunitaria

Tras haber participado en dos experiencias piloto en la Amazonía peruana en 2014 y 2015, la primera comunidad en México en la que se involucró fue en la Comunidad Ecológica Jardines de la Mintsïta, asentada en torno a un manantial que abastece de agua al 40% de la población de Morelia, y que es el más importante de la ciudad.

“Esta población se asienta junto al manantial y hace un esfuerzo muy importante de conservación y protección ambiental frente a una serie de amenazas que brotan en las inmediaciones del manantial, desde la sobreexplotación y contaminación de agua, a la expansión inmobiliaria o los incendios intencionados que se producen cada año”.

Ante el loable esfuerzo que los habitantes de esta comunidad ecológica despliegan por conservar sus recursos naturales, el equipo de investigación del CIGA les propuso implementar sistemas de monitorio participativo del humedal adyacente al manantial con drones, así como el monitoreo de la calidad del agua con equipos portátiles. 

Los investigadores han estado colaborando con la comunidad durante varios años transmitiendo sus conocimientos técnicos y científicos a fin de que sean los propios habitantes los que vuelen los drones, les den mantenimiento e, incluso, para que ellos construyan sus propios aparatos. 

Si bien en este caso la experiencia ha sido muy positiva, el investigador relata cómo en otras comunidades donde quiso trabajar con drones junto con sus estudiantes, y donde había un interés local en desarrollar capacitaciones y levantar información cartográfica y audiovisual para poder denunciar actividades ilícitas, no hubo condiciones de seguridad para trabajar. 

“En dos localidades en la Sierra Gorda de Querétaro, así como en una comunidad en la Sierra Norte de Puebla, sufrimos varios percances, siendo amenazados o amedrentados para no volar los drones ni permanecer en la zona”.

Agua, aguacate y madera

Otra de las comunidades en las que trabaja el doctor Jaime Paneque-Gálvez es la comunidad indígena Carpinteros, que está en la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca. “Hemos trabajado con ellos sobre todo temas de escasez de agua, pues hay familias que tienen problemas muy fuertes de acceso. Completamos un mapeo de la infraestructura hídrica a fin de comprender cómo podría mejorar su situación. A la vez, desarrollamos también un proyecto con drones que nosotros mismos ensamblamos y los capacitamos para aprender a construirlos, repararlos y volarlos por sí mismos”.

Fotos: Rodrigo Caballero

Relata el investigador que, hasta hace tres décadas, esta comunidad se dedicaba fundamentalmente a la producción y extracción de madera, que combinaba con el cultivo de la milpa, pero que paulatinamente fue abandonando esa actividad en favor del cultivo del aguacate, a partir de que se levantaron las restricciones a las importaciones por parte de Estados Unidos. 

“Con ellos hemos trabajado de manera conjunta el tema de la escasez de agua en la comunidad, la producción cada vez más intensa de aguacate y el tema forestal, porque han ido también retomando esa actividad abandonada, pero ahora de una forma más responsable con planes de manejo forestal sostenible, como una estrategia de conservación, porque es una comunidad cuyo territorio, en buena parte, está dentro de una importante reserva de la biosfera, donde los usos del suelo están bastante restringidos”.

Ciencia e innovación comunitaria

A fin de impulsar y analizar el uso de tecnologías para fortalecer el manejo y la defensa territorial que realizan las propias comunidades inmersas en conflictos ambientales, el doctor Paneque-Gálvez y su equipo de estudiantes actúa desde una lógica de ciencia socialmente comprometida. Buscan así que los conocimientos científicos que se generan sean útiles para mejorar las condiciones de vida de las propias comunidades. Además, trabajan bajo una lógica de coproducción de conocimientos, es decir, creando nuevos conocimientos híbridos a partir del diálogo de saberes entre los conocimientos tecnocientíficos de la academia y los conocimientos locales de las propias comunidades.

Asimismo, un tema de estudio importante de Paneque-Gálvez y su equipo ha sido el análisis de la innovación social y tecnológica que se produce en las comunidades para dar respuesta a los graves problemas que padecen. Esta innovación comunitaria se da a veces de forma independiente, y otras con colaboración de organizaciones sociales, ONG o la propia academia. Algunos de los ámbitos en los que han documentado y analizado innovaciones comunitarias son el de la producción, comercialización y distribución de alimentos basados en agroecología, el manejo del agua y el saneamiento, la conservación de la biodiversidad, y el desarrollo y la adopción de diversas ecotecnias.

Fotos: Rodrigo Caballero

Entusiasmo estudiantil y ganas de hacer mejor las cosas

Este joven investigador también da clases en los niveles de licenciatura, maestría y doctorado no solo en el CIGA, sino también en el Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad y la Escuela Nacional de Estudios Superiores Unidad Morelia. “Son jóvenes con mucho entusiasmo y ganas de hacer cosas que tengan un impacto social significativo. En general, son bastante conscientes de los graves problemas ambientales de nuestro tiempo y muestran un gran compromiso para empezar a trabajar en pro de una mayor justicia social y la sostenibilidad”, externa el académico.

Y concluye. “Mi esperanza para transitar hacia un mundo cada vez más justo y sostenible reside más en el poder de la propia ciudadanía que en el de los grandes poderes económicos y políticos, que claramente están en otras cosas”. 

* Mintsïta es el nombre de una princesa purépecha. Hay una leyenda al respecto que le da el nombre al manantial. La comunidad adoptó el nombre en purépecha, puesto que muchos de sus habitantes provienen de comunidades de la Meseta purépecha (nota del autor).

Botón volver arriba