2020Espacio AbiertoIIMAS

Guillermo Soberón, impulsor de la ciencia mexicana

Por Yassir Zárate Méndez – 

Guillermo Soberón ayudó a la descentralización de la ciencia en México. Durante sus ocho años de rectorado en la Universidad Nacional Autónoma de México, contribuyó a fortalecer la infraestructura científica de nuestro país.

Brillante formación

Guillermo Soberón Acevedo nació en Iguala, Guerrero, el 29 de diciembre de 1925. Su vocación por el servicio y la solidaridad con sus semejantes se reflejó en su formación profesional, al convertirse en médico cirujano. Para ello, estudió en la entonces Escuela Nacional de Medicina de la UNAM, de donde obtuvo el título en 1949.
Posteriormente, hizo un doctorado en la Universidad de Wisconsin, en Estados Unidos, donde se especializó en Química Fisiológica, obteniendo el grado en 1956. De vuelta a nuestro país, se incorporó al ahora Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”, donde colaboró entre 1956 y 1965.

La página de El Colegio Nacional, al que Soberón Acevedo ingresó el 5 de noviembre de 1981, refiere que este destacado universitario fue profesor visitante “Edward Larocque-Tinker” de la Universidad de Wisconsin, así como profesor e investigador en la UNAM, donde ocupó los más altos cargos: director e investigador del Instituto de Investigaciones Biomédicas (1965-1970), coordinador de la Investigación Científica (1971-1972) y rector durante dos periodos (1973-1981).

Impulsor de espacios y la descentralización

Hace diez años, el doctor Guillermo Soberón concedió una entrevista a El faro, a propósito de la presencia de la UNAM en el territorio nacional.

En aquella ocasión, se explicaba que luego de ser nombrado como rector en 1973, el doctor Guillermo Soberón “inició una serie de gestiones ante el presidente Luis Echeverría, quien había creado el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) en 1970. De hecho, se estableció una alianza estratégica entre la UNAM y esta institución, que incluyó la incorporación de científicos a los esquemas de apoyo de la dependencia gubernamental”.

El ex rector refería que “la Universidad tenía un mayor desarrollo que otras instituciones. Esto quiere decir que teníamos más recursos humanos calificados. También contábamos con una cantidad superior de tiempos completos que trabajaran en investigación, así como más programas de investigación que estuvieran cambiando, además de un mayor número de programas de posgrado para formar investigadores”.

Esas particularidades fueron reconocidas por el entonces titular del Ejecutivo federal. Fue así que la UNAM obtuvo nuevos fondos para ampliar su infraestructura. Con los recursos asignados la Universidad triplicó “el espacio que en CU se dedicaba a la investigación; además, el presidente pensaba que esta era una apuesta segura y que le iba a significar un desarrollo importante al país. Eso contó y creo que no se le ha dado la valoración suficiente del impacto que significó”, nos indicó el doctor Soberón.

“Uno de los problemas que yo veía al proyecto original de la Ciudad de la Investigación es que se llevaba la investigación y la separaba del ramo dedicado a la enseñanza”, apuntó el ex rector, por lo que la propuesta puesta en marcha bajo su rectorado permitió la interacción entre ambos rubros.

La Universidad de la Nación

Fue así que comenzó un paulatino crecimiento de la presencia de la Universidad en otras entidades federativas.

“Respaldada por la tradición que construyó desde 1910, y luego con el impulso que significó la autonomía, la UNAM ha establecido convenios de trabajo con los diferentes niveles de gobierno (federal, estatal y municipal), así como con otras universidades e instituciones nacionales y extranjeras para diseñar propuestas que impulsen el desarrollo del país”.

De este modo, acotó el doctor Soberón, la UNAM fijó por primera vez en el país una política de investigación para su desarrollo en el largo plazo. Asimismo, enfatizó el apoyo a proyectos relacionados con la ingeniería y las ciencias de la salud.

“Ahí estaba la mayor necesidad y la principal oportunidad, y fue ahí donde dimos un estirón muy grande. Pero no descuidamos las otras áreas, porque nuestros investigadores eran requeridos por las secretarías para que les ayudaran; muchas veces se aplicó el sistema de alianzas en las que un investigador dividía su trabajo en dos tiempos parciales, uno para cada institución”, nos explicó Soberón Acevedo.

Para él, la Universidad tiene la obligación de contribuir a la resolución de los problemas que aquejan al país, y para ello la ciencia desarrollada en la institución ha sido fundamental en diferentes áreas, como la ingeniería y la salud.

Bajo su rectorado, la Universidad fortaleció la plantilla de científicos y aceleró la edificación de nuevos espacios. De hecho, desde que su paso por la Coordinación de la Investigación Científica a principios de los años setenta, diseñó una propuesta que implicaba la construcción de más instalaciones.

Para ese entonces, el rector Pablo González Casanova tenía la intención de construir una Ciudad de la Investigación, dentro de los límites del campus universitario, proyecto que finalmente no prosperó como se había planteado originalmente. Sin embargo, sí hubo un aumento considerable de la infraestructura.

Constructor incansable

Con el doctor Soberón se puso en marcha el Centro de Investigación en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas, antecedentes del ahora IIMAS, además del Centro de Ciencias de la Atmósfera y del de Ciencias del Mar y Limnología, ahora también convertido en Instituto.

Como parte del proceso de descentralización, en Cuernavaca inició actividades el Centro de Investigación sobre Fijación de Nitrógeno en Cuernavaca, que se convirtió en “la primera entidad académica que se estableció fuera de la zona metropolitana, ya que antes sólo existían estaciones de entidades de Ciudad Universitaria”.

Otro tanto ocurrió con el Observatorio Astronómico de San Pedro Mártir; las estaciones biológicas de Chamela y Los Tuxtlas; la Estación Regional del Noroeste del Instituto de Geología, a lo que se sumó la adquisición del buque oceanográfico “El Puma”.

También a Guillermo Soberón se debe el Programa de Descentralización de Estudios Profesionales, base de la Escuela Nacional de Estudios Profesionales, cuyas sedes se ubicaron en localidades del Estado de México y del entonces Distrito Federal: Cuautitlán, Acatlán, Iztacala, Aragón y Zaragoza. Ahora en esos centros de estudio se encuentra el 40 por ciento de la matrícula en licenciatura.

Apoyado en el Conacyt, impulsó espacios como el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior, en Ensenada; y el Centro de Investigaciones Biológicas, en La Paz, ambos en Baja California; y los centros de Investigación en Óptica y de Investigación en Matemáticas, en Guanajuato.

Destacado funcionario

La página de El Colegio Nacional recoge que el doctor Guillermo Soberón fue coordinador de los Servicios de Salud de la Presidencia de la República (1981-1982); secretario de Salubridad y Asistencia (1982-1986), secretario de Salud (1986-1988), y coordinador del Consejo Consultivo de Ciencias, órgano asesor de la Presidencia de la República en esta materia (1988-1995).

Asimismo, se desempeñó como secretario Ejecutivo de la Comisión Nacional para el Genoma Humano (2000-2004); secretario Ejecutivo de la Comisión Nacional de Bioética (2004-2005); y presidente del Consejo de la Comisión Nacional de Bioética (2005-2009), entre otros importantes encargos.

Formó parte de la Sociedad Mexicana de Bioquímica (de la que fue fundador); a la Sociedad Mexicana de Ciencias Fisiológicas; la Asociación de Médicos del Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubirán.

Su labor científica se centró “en el efecto de la desnutrición sobre los niveles enzimáticos de los mamíferos y la regulación metabólica del nitrógeno en organismos superiores, en particular el amonio y su conversión a urea como mecanismo de detoxificación, además de ser uno de los grandes promotores de la investigación científica en el país”.

Publicó 20 libros, además de 110 colaboraciones. Fue autor de Temas de salud, Salud para todos: ¿utopía o realidad?, Vericuetos en la investigación y desarrollo de vacunas (coedición de El Colegio Nacional con el Fondo de Cultura Económica), entre otros títulos.

Recibió el Premio de Ciencias (1965), otorgado por la Academia Mexicana de Ciencias; el premio de ciencias Elías Sourasky (1968); el premio Luis Elizondo (1974); el Premio Nacional de Ciencias y Artes (1980); el premio Abraham Horwitz de la OPS (1991), y el Reconocimiento al Mérito Médico (1999).

Fue designado Médico Ilustre de la Nación e Investigador Emérito del Instituto Nacional de Salud Pública y recipiendario de once Doctorados Honoris Causa (Wisconsin, 1976; Oviedo, 1979; Aguascalientes, 1979; Tel Aviv, 1982; Salamanca, 1986; Autónoma de Guadalajara, 1992; UNAM, 1996; Morelos, 1996; Hidalgo, 2004; Instituto Nacional de Salud Pública, 2007, y Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 2010).

Su ingreso a El Colegio Nacional se dio el 5 de noviembre de 1981, impartiendo la conferencia inaugural, “El sentido de la Universidad”, contestada por Miguel León-Portilla.

El doctor Guillermo Soberón Acevedo falleció el pasado 12 de octubre de 2020.

Botón volver arriba