Hiperplasia prostática benigna

Desde principios del milenio un equipo de investigadores universitarios descubrió en el Instituto de Neurobiología, ubicado en Juriquilla, Querétaro, que el yodo otorgaba ciertos beneficios terapéuticos a las pacientes de cáncer de mamá.
Quince años después, la perseverancia de la doctora Carmen Y. Aceves Velasco, investigadora titular del Laboratorio de Metabolismo Energético, ofrece logros aplicables a otros pacientes, a varones que padecen hiperplasia prostática benigna.
El pequeño grupo inicial comenzóinvestigando la fisiología tiroidea relacionada con el funcionamiento de la glándula mamaria, comenta la doctora Brenda Anguiano, integrante del equipo científico y doctorada en Ciencias fisiológicas en el Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM.
Amedida que progresaba la investigaciónadvirtieron que,dadas las semejanzas entre las glándulas mamaria y prostática, también esta podría beneficiarse con los tratamientos de yodo aplicados contra el cáncer de mama, específicamente contra la hiperplasia prostática benigna (HPB),unpadecimiento que consiste en el crecimiento no canceroso de la próstata.
Ambas glándulas, próstata y mama,funcionan como una respuesta a los estímulos hormonales, principalmente a los andrógenos y los estrógenos, presentes en todos los mamíferos. Algunas especies, particularmente la humana y algunas domésticas, tienen la susceptibilidad de género, es decir, las mujeres tienden a desarrollar enfermedades mamarias y los varones padecimientos prostáticos.
A partir de estas similitudes fisiológicas y, dado que el laboratorio había obtenido mucho conocimiento y experiencia en la aplicación de yodo a la glándula mamaria, hace cinco años escaló a entender la participación de estos procesos en la próstata,explica la doctora Anguiano.
Desequilibrio andrógenos-estrógenos
La hiperplasia prostática benigna se presentaa partir de los 40 años, pero este crecimiento ya no es fisiológico, como ocurre durante la pubertad, sino patológico. Anatómicamente, la próstata se encuentra debajo de la vejiga, rodeando a la uretra.
El primer síntoma de HPB es la dificultad para orinar, cuando el vaciamiento de la vejiga es muy lento; otro es que hay orina residual y eso, a largo plazo, provoca infecciones, inflamación y otras complicaciones para la salud del paciente, como despertarse en la noche con la urgencia de orinar.
No se sabe mucho sobre el mecanismo que está disparando este crecimiento, explica la investigadora. Sin embargo, algunos factores de riesgo incrementan posibilidades de desarrollo de hiperplasia. Uno de ellos es la edad, así como diversascondiciones o estilos de vida, por ejemplollevar una vida sedentaria y presentar obesidad.
Anguiano explica que en los varones, a partir de la cuarta-quinta década, empiezana disminuir los niveles de andrógeno, hormona de la que depende la próstata. Este descensono es tan abrupto como el que ocurre en las mujeres durante la menopausia, pero en términos del balance hormonal prostático aumenta la proporción de estrógeno versus la de andrógenos. Este desequilibrio entresendas hormonas sustenta la hipótesis de que sería el factor que favorece el desarrollo de la hiperplasia prostática benigna.
Efecto protector del yodo
Al inicio enfocamosnuestra investigación en el hecho ya sabido de que la próstata, al igual que otros tejidos, tiene la capacidad de captar yodo, recuerda la científica. Desde la época de los setentas ya se había descrito que, además de la glándula tiroides, había sitios extratiroideos que tenían la capacidad de captar yodo.
“Nosotros hemos demostrado que la próstata puede captar yodo en forma de yoduro, que es la principal forma en que la consume el ser humano, pero también en forma de yodo molecular. Para mejor describir los mecanismos de captura de yodo en la próstata administramos hormonas sexuales en un modelo de rataa fin de inducir un crecimiento prostático.
Antes de inducir este crecimiento a base de hormonas se hizo un tratamiento en el agua de beber, a la que se agregaba yodo. En las ratas tratadas con yodo se observó que el tamaño de la glándula no cambiaba. “De todos modos, era una glándula pesada, grande. Sin embargo, cuando analizamos al microscopiola estructura de su epitelio, encontramos que mientras una rata que había recibido las hormonas tenía un epitelio muy proliferativo y muy desarrollado,en las que habían tomado el tratamiento con yodo no se observaba este crecimiento.Esas evidencias permitieron que el equipo propusiera que,tal vez, el yodo tuviera un efecto protector en la hiperplasia prostática benigna”, precisa la doctora Anguiano.
El equipo de investigación, en el que también participa un estudiante de posdoctorado y variosmás de doctorado, maestría y licenciatura, empezó a desarrollar modelos experimentales de hiperplasia prostática y halló que, efectivamente, el yodo tiene un efecto protector en este padecimiento, por lo queel objetivo específico al que ahora está enfocado es descubrir los mecanismos a través de los cuales podría ejercer esa protección.
Del laboratorio al Hospital General de Querétaro
Del laboratorio al Hospital General de Querétaro
Paralelamente a los estudios de ciencia básica, el equipoempezó a trabajar un protocolo clínico en humanos en colaboración con el Hospital General de Querétaro, analizando los efectos del yodoen los pacientesque llegaban por primera vez con el urólogo y que todavía no tenían un grado de hiperplasia avanzado.A los seis-ocho meses de tratamiento ya se reportaba una mejoría en el vaciamiento dela vejiga.También se monitoreó el tamaño y el antígeno específico de próstata, que es una proteína que puede indicar patologías prostáticas.
Somos muy cuidadosos con los protocolos clínicos y le administramos al paciente una forma química especial de yodo, siempre bajo la supervisiónconjunta nuestra y de su médico, que puede ser el urólogo o, en algunos modelos, el oncólogo. Nosotros monitoreamos al paciente como parte del protocolo clínico experimental, detalla la doctora Anguiano.
Los pacientes monitoreados en el Hospital General de Querétaro presentaban hiperplasia prostática benigna en el grado uno o dos, que son los inicios de la enfermedad, por lo que aún no estaban medicados. Se les administró el yodo por vía oral y, de inicio, se les dio seguimiento durante ocho meses. El equipo comprobó que a los seis meses ya presentaban mejoría, es decir, aumentó su velocidad de flujo urinario yretenían menos orina. En el primer estudio participaron 25 pacientes con placebo y 25 pacientes que recibieron yodo.
Después de esta primera fase se abrió una convocatoria abierta a pacientes que ya tenían niveles de hiperplasia más avanzados y con tratamiento farmacológico, como bloqueadores alfa 1 adrenérgicos, que relajan la musculatura del esfínter y de la próstata y mejoranlos síntomas y el vaciamiento de orina.Al tratamiento prescrito de antemano por el urólogo, el equipo universitario le añadió el tratamiento con yodo. Esta segunda fase del protocolo aún está en curso, por lo que todavía no se ha valorado la eficiencia del tratamiento con yodo.Los resultados llegarán a mediados de 2015.
La dieta diaria suele incluir sal yodatada, que es una forma química que también tiene efectos protectores, aunque no tan eficientes para estos tratamientos como el yodo molecular. Por tanto, en el Instituto de Neurobiología proponenel consumo de este tipo de yodo molecularcomo agente terapéutico. La forma en que podemos tener acceso en nuestra dieta a ese yodo es principalmente a partir de las algas marinas del género Laminaria, porque contienen esta forma química que no se encuentra en la gran mayoría de los alimentos, comenta la investigadora. Y añade que están dando dosis más altas de las que se toman en la dieta diaria, pero inmediatamente aclara que la ingesta de yodo debe controlarse con rigor, porque cuando se sobredosifica puede alterar la fisiología tiroidea.
Vinculación con el apoyo de Conacyt
Esta investigación sobre la hiperplasia prostática benigna surgió porque en Conacyt hay convocatorias especiales para proyectos de fondos sectoriales, los cuales promuevenla vinculación entre la academia y algunos sectores, en este caso el de la salud. Aceptada la propuesta por parte de la Secretaría de Salud del Estado de Querétaro y con el visto bueno de un comité científico y otro de bioética, el protocolo de investigación también se sometió al comité de bioética del Instituto de Neurobiologíade la UNAM.
En el Instituto de Neurobiología estamos abocados primordialmente a hacer investigación básica, centrados en entender los mecanismos a partir de los cuales una molécula, en este caso el yodo, está ejerciendo sus efectos ante ciertos problemas de salud. Estamos caracterizando y viendo cómo le hace el yodo para tener esos efectos. Sin embargo, también estamos conscientes y, si es posible, buscamos vinculación a fin de que nuestra labor repercuta en unmejor tratamiento para ayudar a solucionar un problema de salud en nuestra sociedad, especifica la doctora Anguiano Serrano.
Desde muy joven, esta investigadora, ahora de mediana edad, siempre tuvo la visión muy clara de que quería hacer una carrera científica. No obstante, antes de terminar el doctorado y ser contratarse en el Instituto de Neurobiología tuvo la oportunidad de formar parte del cuerpo docente de otras universidades y centros de educación superior, pero de inmediatose dio cuenta claramente de que eso no era lo que más quería. “Siempre tuve muy claro que quería hacer una carrera científica y a medida que iba viendo que no era tan fácil, tuve que mantenerme y seguir siendo productiva; porque la ciencia es cuestión de paciencia y constancia”, confiesa.
“Hay que tener una alta capacidad de frustración en la vida, porque en ciencia una trabaja, trabaja y trabaja y puede lograr un resultado favorable y exitoso, pero a veces no sucede eso sino más bien lo contrario, cuando hay mucho trabajo detrás pero no se traduce en un resultado ‘exitoso’. Una tiene que estar luchando contra eso para poder mantenerse. Quien no tiene claro eso se desespera fácilmente y no persiste”, concluye la investigadora.
Por José Antonio Alonso García



