
Icono de los nuevos materiales
El doctor Figueroa, del Instituto de Investigaciones en Materiales, está en las páginas de las publicaciones que reseñan la labor de los grandes científicos jóvenes del momento.
José Antonio Alonso García
- En enero de 2019 fue el ganador de los Premios de Investigación de la AMC 2018 en la especialidad de Ingeniería y tecnología.
- Reconocimiento Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos 2016, en el área de Innovación tecnológica y diseño industrial.
- Premio Nacional de Energía Sustentable 2015, otorgado por la Secretaría de Energía, la Asociación Mexicana de Economía Energética, el World Energy Council, la Asociación Mexicana de Energía y la Asociación Mexicana de Gas Natural, por el proyecto “Manufactura de espumas de Mg con porosidad abierta para captura de CO2.
- Distinción otorgada en 2013 por la Fundación México con Valores en el ámbito de Creatividad técnica o invención.

Estos, y todos sus demás éxitos, comenzaron a fraguarse cuando apenas era un niño y alternaba la escuela por la mañana con las tareas agrícolas vespertinas ayudando a su padre. “Recibí una formación muy rígida, pero me gustaba la disciplina. En la casa todo era disciplina y trabajo. Mi papá nos decía: ‘Forzosamente, con la disciplina y el trabajo van a llegar a donde quieran’”.
No recuerda que algún hecho específico lo ilusionara en su infancia con ser científico. Tal vez algún programa de televisión de aquel entonces. “… pero cuando llegaba mi papá se nos acababa la televisión. Había cambio de canal y mi abuelo nos ponía a tocar violín. Me gustaba mucho el beisbol y futbol. En la escuela siempre me atrajo la parte de la química y la física. Tengo muy mala memoria. No memorizo números ni fechas. La forma en que estudiaba era a través del razonamiento; si razonaba y entendía, se me quedaba; si no se me hacía lógico, no me entraba. Tenía que ser algo lógico; si no, se me olvidaba”.
Un buen orientador vocacional
En la preparatoria tuvo la gran fortuna de contar con un buen orientador vocacional. “No se me olvida: todos los viernes, a la una. Era una preparatoria pública”. Esos viernes lo inclinaron por la ingeniería. Recuerda que en una clase de química el maestro hablaba sobre la radiación “y yo le hice una pregunta y me respondió: ´¿Por qué siempre me haces preguntas difíciles?´ Me quedé callado y me di cuenta de que podía hacer preguntas difíciles”.
Después de la preparatoria dejó un año la escuela. “Mi papá me dijo: ‘¿Para qué sigues estudiando? Ponte a trabajar conmigo en el taller. Necesito manos’, y dejé un año de estudiar”.
Alejandro era el más chico de seis hermanos y su vida comenzó a transcurrir entre las labores agrícolas familiares y el taller de zapatería. Entretanto, le tocaba ver cómo muchos de sus compañeros y vecinos del pueblo, desesperanzados por la situación, se iban a Estados Unidos. Tuvo muchos ofrecimientos para emigrar al país vecino, pero al final decidió irse al Tecnológico de Morelia.
Cambio de enfoques
En los ochenta hubo un cambio en todo el mundo, y lo que había sido la clásica disciplina de la Siderurgia se convirtió en la nueva ciencia de Materiales. “Ese cambio se me hizo interesante. Había muchos médicos, muchos ingenieros civiles, muchos arquitectos, y mi temor era que pasara a las filas del desempleo concluidos los estudios universitarios. Pero vi que Ingeniería en Materiales era una carrera en la que podía usar la física y la química. E inicié la carrera en Morelia”.
Como a todo alumno, algunas materias se le dificultaron, “las de memorizar. Las de un pensamiento lógico eran más fáciles. Estudiaba una o dos horas y, si lo entendía lógicamente, lo aprendía. Yo siempre he dicho que, si le dedicas ocho horas, pero completamente dedicadas, y después te vas al cine o a donde quieras, lo logras. Eso me ayudó bastante. Terminé en ocho semestres y me gradué por promedio”.
El lema: trabajo y disciplina
Siguiendo fielmente el consejo de su papá, “con trabajo y disciplina lograrás todo lo que te propongas”, inició de inmediato la maestría en el Instituto de Investigación en Metalurgia y Materiales de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. “Terminé en dos años. Después de la maestría decidí tomarme también un año sabático. Al estar ya casado y con un hijo me puse a trabajar en varias cosas para sacar adelante la familia”.
Tras el descanso, decidió seguir estudiando y aceptó un ofrecimiento para cursar el doctorado en la Universidad de Sheffield, Reino Unido. Antes, tuvo que aprobar un examen de inglés “muy complicado”. Me costó muchísimo trabajo pasar de los 550 puntos exigidos.
Durante la travesía académica por la licenciatura, maestría y doctorado los profesores de metalurgia insistían todos que Sheffield y Pittsburg eran los mejores centros de formación para los acereros. Llegado el momento de la gran decisión, una circunstancia favoreció que Figueroa encaminara sus deseos hacia Sheffield para obtener su grado de doctorado en Ingeniería de Materiales. Un profesor de la maestría había regresado de Sheffield y lo animó a irse allá. Y allá se fue, con su inseparable familia. “Una gran ventaja que he tenido es que siempre voy con mi familia”.
Hay universidades famosas, como el MIT, Caltech, Oxford, Cambridge, pero si se divide por departamentos doctorales, Sheffield es de excelencia en metalurgia, comenta el científico. Y de inmediato traslada esta comparación al Instituto de Investigación en Materiales de la UNAM: “Somos el decimonoveno a nivel internacional en materiales”. Y repite con orgullo: “Somos el decimonoveno. Nuestra producción científica y de impacto nos ubican en este decimonoveno lugar a nivel mundial”.
Concluida la estancia posdoctoral en 2008, lo invitaron a colaborar en el Advanced Manufacturing Research Centre with Boeing – Rolls Royce Factory of the Future, centro de investigación asociado a esa universidad del Reino Unido. “Básicamente lo que hacía era encargarme de la parte metalúrgica. Había otros colegas mexicanos ahí, pero en el área de mecánica”.
Pero la crisis económica global iniciada en 2008 puso contra las cuerdas a Alejandro por ser extranjero. “Cuando hay problemas económicos, el primero que se va es el extranjero”. En 2009 debía renovar la visa de trabajo, documento denegado a un colega norteamericano también empleado de la empresa. “Iba a nacer mi hija y le comenté a mi esposa: ¿Qué pasa si me toca también a mí? Lo sentí en carne propia. Cuando la epidemia del H1N1, por el hecho de ser mexicanos nos rechazaban pensando que teníamos el virus… Entré a la página de Conacyt, puse mi nombre y apareció esta plaza de investigador aquí en la UNAM. Ahí empezó todo. Era el momento más adecuado”.
En la UNAM
“Empecé desde cero, picando piedra. No me dieron nada. Vine a escribir y enviar proyectos a Conacyt, Papiit, Papime, Sener, respondía todas las convocatorias. Hubo muchos rechazos, muchas desilusiones, pero tenía que salir adelante. Trabajo y disciplina. Sí. Trabajo y disciplina. Tienes que ser persistente. Si no lo vuelves a intentar vas a quedarte en la mediocridad. Para un proyecto de ciencia básica apliqué durante tres años. Hasta que me lo dieron. Tienes que insistir una y otra vez”.
En sus laboratorios de Materiales Metálicos Avanzados –uno de los mejores en su área en América Latina–, y de Análisis Químico Elemental, enfatiza que “tenemos muchísimo trabajo. Tengo la ventaja de estar en la UNAM, que es una de las mejores universidades, y lo digo con todas las letras… Cuando regresé de Inglaterra, aquí no noté diferencia. Así te lo pongo… En esta oficina encuentro todas las facilidades para hacer investigación. El que no hace investigación en la UNAM es porque no quiere. Honestamente. Mando a mis estudiantes a Inglaterra y llegan a terminar aquí. Porque no tienen todas las facilidades allí. Y se dan cuenta. Y no solo se van a Inglaterra, también a Francia, España, Estados Unidos. Regresan y dicen: allá no hay esto ni aquello. Y empiezan a valorar el laboratorio que tienen aquí en la UNAM… Somos el decimonoveno por toda la tecnología que tenemos. Viene gente aquí a trabajar y se quedan sorprendidos”.
“Algo que siempre les he dicho a mis estudiantes es que si me ven que no viajo es precisamente por este laboratorio que tienen, porque prefiero tener un laboratorio con tecnología de punta a decir que viajé por el mundo. Un viaje, por ejemplo, a Asia, cuesta no menos de cincuenta mil pesos. Soy revisor en los proyectos PAPIME de la DGAPA y me sorprende mucho que un gran porcentaje pide congresos el primer año, cuando debe haber la preocupación por generar primero conocimiento”.
Los mejores recursos de investigación
Su principal línea de investigación es la solidificación rápida, tanto de materiales nanocristalinos y vítreos como de aleaciones nanocristalinas y vítreas. Otra línea que desarrolla son las espumas metálicas, o materiales porosos. “Gracias a las espumas metálicas pude obtener un proyecto muy grande de Sener-Conacyt, que fue el que me ayudó a construir, en gran parte, mi laboratorio”. También trabaja en aleaciones ligeras y superaleaciones con base en magnesio y aluminio, níquel, titanios, circonios, niobios, hafnios, “que muy pocos los trabajan, porque, para hacerlo, se necesita mucha infraestructura”.
Con uno de sus estudiantes de doctorado está desarrollando un proyecto de solidificación rápida con aluminio, metal que ofrece una microestructura muy particular, que no se puede conseguir por métodos convencionales. “El objetivo es trasladar este logro tecnológico a la parte automotriz. Así es como empieza todo. La ciencia de materiales es el estudio de sus estructuras y propiedades. Y pasar de la ciencia a la ingeniería es sumamente complejo. Muy pocos investigadores pasan de la ciencia básica a la aplicada. Del material que tú generas en tu laboratorio a que lo incorpore la industria a sus procesos, lo use una persona en la calle o genere beneficios sociales es sumamente complicado”.
Su compromiso dual, no solo con la ciencia, sino también con la sociedad, es reflejo de las nuevas exigencias. “Durante mi vida académica he tratado de diversificar mis objetivos: registrar patentes, hacer desarrollos tecnológicos, trabajos para la industria, y también publicaciones. Trabajo muy fuerte con ingresos extraordinarios”.
Entonces, se pregunta el joven científico, “¿cuál es la idea de mi laboratorio?, ¿qué deseo? Que sea sustentable. ¿En qué aspecto? Económico. Donde entregue en cuatro-cinco semanas a la empresa su proyecto, y ese trabajo le deje varios miles de pesos a mi laboratorio. Le doy a la UNAM la parte proporcional, ella me retribuye para seguir haciendo estos proyectos, les doy un pequeño estímulo a mis estudiantes, compro equipo nuevo y le doy mantenimiento al que tengo. Y no me preocupo en estar enviando proyectos a una entidad gubernamental donde voy a estar expuesto a un no o a un sí. Estoy creando una bola de nieve para que mi laboratorio genere sus propios recursos”.
El futuro es de los audaces, y el doctor Ignacio Alejandro Figueroa Vargas quiere estar entre ellos.
Estos, y todos sus demás éxitos, comenzaron a fraguarse cuando apenas era un niño y alternaba la escuela por la mañana con las tareas agrícolas vespertinas ayudando a su padre. “Recibí una formación muy rígida, pero me gustaba la disciplina. En la casa todo era disciplina y trabajo. Mi papá nos decía: ‘Forzosamente, con la disciplina y el trabajo van a llegar a donde quieran’”.
No recuerda que algún hecho específico lo ilusionara en su infancia con ser científico. Tal vez algún programa de televisión de aquel entonces. “… pero cuando llegaba mi papá se nos acababa la televisión. Había cambio de canal y mi abuelo nos ponía a tocar violín. Me gustaba mucho el beisbol y futbol. En la escuela siempre me atrajo la parte de la química y la física. Tengo muy mala memoria. No memorizo números ni fechas. La forma en que estudiaba era a través del razonamiento; si razonaba y entendía, se me quedaba; si no se me hacía lógico, no me entraba. Tenía que ser algo lógico; si no, se me olvidaba”.
Un buen orientador vocacional
En la preparatoria tuvo la gran fortuna de contar con un buen orientador vocacional. “No se me olvida: todos los viernes, a la una. Era una preparatoria pública”. Esos viernes lo inclinaron por la ingeniería. Recuerda que en una clase de química el maestro hablaba sobre la radiación “y yo le hice una pregunta y me respondió: ´¿Por qué siempre me haces preguntas difíciles?´ Me quedé callado y me di cuenta de que podía hacer preguntas difíciles”.
Después de la preparatoria dejó un año la escuela. “Mi papá me dijo: ‘¿Para qué sigues estudiando? Ponte a trabajar conmigo en el taller. Necesito manos’, y dejé un año de estudiar”.
Alejandro era el más chico de seis hermanos y su vida comenzó a transcurrir entre las labores agrícolas familiares y el taller de zapatería. Entretanto, le tocaba ver cómo muchos de sus compañeros y vecinos del pueblo, desesperanzados por la situación, se iban a Estados Unidos. Tuvo muchos ofrecimientos para emigrar al país vecino, pero al final decidió irse al Tecnológico de Morelia.
Cambio de enfoques
En los ochenta hubo un cambio en todo el mundo, y lo que había sido la clásica disciplina de la Siderurgia se convirtió en la nueva ciencia de Materiales. “Ese cambio se me hizo interesante. Había muchos médicos, muchos ingenieros civiles, muchos arquitectos, y mi temor era que pasara a las filas del desempleo concluidos los estudios universitarios. Pero vi que Ingeniería en Materiales era una carrera en la que podía usar la física y la química. E inicié la carrera en Morelia”.
Como a todo alumno, algunas materias se le dificultaron, “las de memorizar. Las de un pensamiento lógico eran más fáciles. Estudiaba una o dos horas y, si lo entendía lógicamente, lo aprendía. Yo siempre he dicho que, si le dedicas ocho horas, pero completamente dedicadas, y después te vas al cine o a donde quieras, lo logras. Eso me ayudó bastante. Terminé en ocho semestres y me gradué por promedio”.
El lema: trabajo y disciplina
Siguiendo fielmente el consejo de su papá, “con trabajo y disciplina lograrás todo lo que te propongas”, inició de inmediato la maestría en el Instituto de Investigación en Metalurgia y Materiales de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. “Terminé en dos años. Después de la maestría decidí tomarme también un año sabático. Al estar ya casado y con un hijo me puse a trabajar en varias cosas para sacar adelante la familia”.
Tras el descanso, decidió seguir estudiando y aceptó un ofrecimiento para cursar el doctorado en la Universidad de Sheffield, Reino Unido. Antes, tuvo que aprobar un examen de inglés “muy complicado”. Me costó muchísimo trabajo pasar de los 550 puntos exigidos.
Durante la travesía académica por la licenciatura, maestría y doctorado los profesores de metalurgia insistían todos que Sheffield y Pittsburg eran los mejores centros de formación para los acereros. Llegado el momento de la gran decisión, una circunstancia favoreció que Figueroa encaminara sus deseos hacia Sheffield para obtener su grado de doctorado en Ingeniería de Materiales. Un profesor de la maestría había regresado de Sheffield y lo animó a irse allá. Y allá se fue, con su inseparable familia. “Una gran ventaja que he tenido es que siempre voy con mi familia”.
Hay universidades famosas, como el MIT, Caltech, Oxford, Cambridge, pero si se divide por departamentos doctorales, Sheffield es de excelencia en metalurgia, comenta el científico. Y de inmediato traslada esta comparación al Instituto de Investigación en Materiales de la UNAM: “Somos el decimonoveno a nivel internacional en materiales”. Y repite con orgullo: “Somos el decimonoveno. Nuestra producción científica y de impacto nos ubican en este decimonoveno lugar a nivel mundial”.
Concluida la estancia posdoctoral en 2008, lo invitaron a colaborar en el Advanced Manufacturing Research Centre with Boeing – Rolls Royce Factory of the Future, centro de investigación asociado a esa universidad del Reino Unido. “Básicamente lo que hacía era encargarme de la parte metalúrgica. Había otros colegas mexicanos ahí, pero en el área de mecánica”.
Pero la crisis económica global iniciada en 2008 puso contra las cuerdas a Alejandro por ser extranjero. “Cuando hay problemas económicos, el primero que se va es el extranjero”. En 2009 debía renovar la visa de trabajo, documento denegado a un colega norteamericano también empleado de la empresa. “Iba a nacer mi hija y le comenté a mi esposa: ¿Qué pasa si me toca también a mí? Lo sentí en carne propia. Cuando la epidemia del H1N1, por el hecho de ser mexicanos nos rechazaban pensando que teníamos el virus… Entré a la página de Conacyt, puse mi nombre y apareció esta plaza de investigador aquí en la UNAM. Ahí empezó todo. Era el momento más adecuado”.
En la UNAM
“Empecé desde cero, picando piedra. No me dieron nada. Vine a escribir y enviar proyectos a Conacyt, Papiit, Papime, Sener, respondía todas las convocatorias. Hubo muchos rechazos, muchas desilusiones, pero tenía que salir adelante. Trabajo y disciplina. Sí. Trabajo y disciplina. Tienes que ser persistente. Si no lo vuelves a intentar vas a quedarte en la mediocridad. Para un proyecto de ciencia básica apliqué durante tres años. Hasta que me lo dieron. Tienes que insistir una y otra vez”.
En sus laboratorios de Materiales Metálicos Avanzados –uno de los mejores en su área en América Latina–, y de Análisis Químico Elemental, enfatiza que “tenemos muchísimo trabajo. Tengo la ventaja de estar en la UNAM, que es una de las mejores universidades, y lo digo con todas las letras… Cuando regresé de Inglaterra, aquí no noté diferencia. Así te lo pongo… En esta oficina encuentro todas las facilidades para hacer investigación. El que no hace investigación en la UNAM es porque no quiere. Honestamente. Mando a mis estudiantes a Inglaterra y llegan a terminar aquí. Porque no tienen todas las facilidades allí. Y se dan cuenta. Y no solo se van a Inglaterra, también a Francia, España, Estados Unidos. Regresan y dicen: allá no hay esto ni aquello. Y empiezan a valorar el laboratorio que tienen aquí en la UNAM… Somos el decimonoveno por toda la tecnología que tenemos. Viene gente aquí a trabajar y se quedan sorprendidos”.
“Algo que siempre les he dicho a mis estudiantes es que si me ven que no viajo es precisamente por este laboratorio que tienen, porque prefiero tener un laboratorio con tecnología de punta a decir que viajé por el mundo. Un viaje, por ejemplo, a Asia, cuesta no menos de cincuenta mil pesos. Soy revisor en los proyectos PAPIME de la DGAPA y me sorprende mucho que un gran porcentaje pide congresos el primer año, cuando debe haber la preocupación por generar primero conocimiento”.
Los mejores recursos de investigación
Su principal línea de investigación es la solidificación rápida, tanto de materiales nanocristalinos y vítreos como de aleaciones nanocristalinas y vítreas. Otra línea que desarrolla son las espumas metálicas, o materiales porosos. “Gracias a las espumas metálicas pude obtener un proyecto muy grande de Sener-Conacyt, que fue el que me ayudó a construir, en gran parte, mi laboratorio”. También trabaja en aleaciones ligeras y superaleaciones con base en magnesio y aluminio, níquel, titanios, circonios, niobios, hafnios, “que muy pocos los trabajan, porque, para hacerlo, se necesita mucha infraestructura”.
Con uno de sus estudiantes de doctorado está desarrollando un proyecto de solidificación rápida con aluminio, metal que ofrece una microestructura muy particular, que no se puede conseguir por métodos convencionales. “El objetivo es trasladar este logro tecnológico a la parte automotriz. Así es como empieza todo. La ciencia de materiales es el estudio de sus estructuras y propiedades. Y pasar de la ciencia a la ingeniería es sumamente complejo. Muy pocos investigadores pasan de la ciencia básica a la aplicada. Del material que tú generas en tu laboratorio a que lo incorpore la industria a sus procesos, lo use una persona en la calle o genere beneficios sociales es sumamente complicado”.
Su compromiso dual, no solo con la ciencia, sino también con la sociedad, es reflejo de las nuevas exigencias. “Durante mi vida académica he tratado de diversificar mis objetivos: registrar patentes, hacer desarrollos tecnológicos, trabajos para la industria, y también publicaciones. Trabajo muy fuerte con ingresos extraordinarios”.
Entonces, se pregunta el joven científico, “¿cuál es la idea de mi laboratorio?, ¿qué deseo? Que sea sustentable. ¿En qué aspecto? Económico. Donde entregue en cuatro-cinco semanas a la empresa su proyecto, y ese trabajo le deje varios miles de pesos a mi laboratorio. Le doy a la UNAM la parte proporcional, ella me retribuye para seguir haciendo estos proyectos, les doy un pequeño estímulo a mis estudiantes, compro equipo nuevo y le doy mantenimiento al que tengo. Y no me preocupo en estar enviando proyectos a una entidad gubernamental donde voy a estar expuesto a un no o a un sí. Estoy creando una bola de nieve para que mi laboratorio genere sus propios recursos”.
El futuro es de los audaces, y el doctor Ignacio Alejandro Figueroa Vargas quiere estar entre ellos.
NORMATIVIDAD ACADÉMICA DE LA UNAM PERSONAL ACADÉMICO
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TÍTULO PRIMERO |
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Artículo 2o.-Las funciones del personal académico de la Universidad son: impartir educación, bajo el principio de libertad de cátedra y de investigación, para formar profesionistas, investigadores, profesores universitarios y técnicos útiles a la sociedad; organizar y realizar investigaciones principalmente acerca de temas y problemas de interés nacional, y desarrollar actividades conducentes a extender con la mayor amplitud posible los beneficios de la cultura, así como participar en la dirección y administración de las actividades mencionadas. Fuente: http://www.abogadogeneral.unam.mx/legislacion/abogen/documento.html?doc_id=36 |



