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Karina Martínez Mayorga. Todo se conecta

Por Alicia Ortiz Rivera

ima5 ¿Será posible que haya alimentos con la capacidad de hacernos sentir mejor, de ponernos alegres incluso?

Al parecer así es. Nueva evidencia revela la posibilidad de efectos positivos en el estado de ánimo asociados con algunos saborizantes.

Este efecto se une a los previamente reportados para el chocolate y el té, entre otros. Los estudios en este campo por parte de la doctora Karina Martínez Mayorga, del Instituto de Química, están encaminados a encontrar los compuestos de ingesta diaria que tengan similitud estructural con otros de actividad biológica conocida.

A través de estos estudios, su grupo de investigación identificó saborizantes de consumo humano con posible efecto en el estado de ánimo, debido a su similitud con el ácido valproico, que es utilizado como antidepresivo.

La investigación de Martínez Mayorga se centra en estudios de reconocimiento molecular utilizando técnicas computacionales, espectroscópicas y experimentales.

Así, a través del modelado de sustancias que producen sabor, o que inciden en los mecanismos del dolor, la visión y otras percepciones, y análisis comparativo de sus características y estructuras moleculares en relación con otras sustancias que actúan sobre el sistema nervioso central, es posible indagar en los mecanismos de acción involucrados, y con ello contribuir al diseño e identificación de moléculas con efectos biológicos deseables. Su investigación incluye también la identificación de agentes antiparasitarios y analgésicos, en los que trabaja hoy en forma prioritaria.

Se trata del estudio de una serie de moléculas que la investigadora explica en entrevista con El Faro: “son fascinantes, los GPCR’s, receptores acoplados a las proteínas G, que actúan como la ventana de todo nuestra percepción del mundo exterior. Por ejemplo, la rodopsina, proteína que tenemos en el ojo, que capta la luz y empieza el proceso de la visión”.

Son, detalla, proteínas involucradas en procesos de comunicación celular. Aproximadamente el 50% de los medicamentos que se usan actualmente se procesan a través de estas proteínas, lo que indica su importancia para el diseño de fármacos, saborizantes y otras sustancias para consumo humano.

Las investigaciones apuntan a la identificación de moduladores del estado de ánimo. Para ello ha explorado fuentes naturales, saborizantes y compuestos que se emplean en la medicina tradicional, así como los mecanismos de acción en relación con algunos agentes terapéuticos, caso del ácido valproico.

“Es un área de estudio definitivamente muy innovadora, muy bonita. Es un tema que apenas está surgiendo”, indica. De ahí derivó un libro titulado Foodinformatics, en el que participa como editora y autora de dos capítulos.

Egresada de la Facultad de Química, luego de participar en el programa Jóvenes hacia las Ciencias, cuando fue estudiante de la Prepa 6, y con estudios de posgrado y posdoctorado también por la UNAM y por la Universidad de Arizona, Martínez Mayorga se incorporó al Instituto Torrey Pines para Estudios Moleculares, en Florida, y desde 2012 ingresó al Instituto de Química como investigadora, donde continúa su trabajo en una dinámica en la que, afirma, “todo se conecta”.

En el Instituto Torrey Pines para Estudios Moleculares trabajó en torno a los receptores de opioides, de la misma familia de proteínas de la rodopsina. Un ejemplo es el receptor de la morfina, relacionado con el dolor.

En suma, las estructuras moleculares que investiga la doctora Martínez están relacionadas con los llamados GPCR, involucrados a su vez con el dolor, la visión, los estados de ánimo y, de hecho, con todos los sentidos, por eso, acota, “todo estuvo conectado: hice la licenciatura en química de alimentos, me introduje al área de los GPCR, y todos esos procesos tienen que ver con la misma serie de proteínas”.

Además, ha aplicado innovadoras técnicas computacionales para modelar las estructuras moleculares y su desempeño e interacciones. “Pueden ser análisis muy burdos, con métodos muy generales o pueden ser métodos mucho más precisos”, añade.

Precisa que un punto clave es entender que se trata de procesos de simplificación para el análisis. “Debemos estar seguros que no estamos ignorando aspectos que afecten, cosas importantes. Si no ignoramos cosas importantes o que afectarán nuestros resultados, la predicción va a ser buena en general”. Esto, precisamente, ha potenciado el aprecio de estas investigaciones.

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