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La búsqueda de vida en el Universo

La Dra. Antígona Segura Peralta, investigadora del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM (ICN), espera que en un máximo de veinte años haya alguna evidencia sobre la presencia de vida en otros planetas.

Por Yassir Zárate Méndez – 

La Dra. Antígona Segura Peralta, investigadora del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM (ICN)

En entrevista para El faro en línea, la universitaria apuesta por los exoplanetas como los principales candidatos para encontrar esas pruebas que confirmen que la Tierra se encuentra acompañada por otros cuerpos celestes en la categoría de planetas habitados.

Buenos tiempos para buscar vida en el Universo

Tras impartir la charla “La historia de la niña que amaba las estrellas y se maravillaba con los seres vivos”, en la sede de la Secretaría de Cultura federal, en entrevista, la integrante del Instituto de Ciencias Nucleares asentó que en los últimos años ha aumentado la cantidad de especialistas en astrobiología. 

 

“En la actualidad, la astrobiología ya cuenta con muchísimas más personas expertas alrededor de todo el mundo. Acabamos de tener un congreso en Estados Unidos, a donde fuimos aproximadamente 800 personas, cuando en los primeros congresos, hace 20 años, difícilmente alcanzábamos las 150”, refiere.

Agrega que esa comunidad científica ha crecido gracias a la incorporación de “mucha gente joven”, cuyas áreas de interés se han ampliado con el paso del tiempo. 

“Estamos haciendo investigación en muy diversas áreas, desde entender la vida en ambientes extremos en la Tierra, pasando por explorar las condiciones de planetas en el sistema solar, hasta entender la habitabilidad de planetas alrededor de otras estrellas, que son los exoplanetas”, abunda la Dra. Segura Peralta. 

En ese abanico de posibilidades, también dedican tiempo a tratar de entender el origen de la vida y las condiciones que se dieron aquí en la Tierra para que se diera ese evento, mismos que podrían darse en otros lugares del Universo, incluido nuestro sistema solar.

“En términos de astrobiología hemos crecido en todas las ramas y también en la cantidad de personas, y sobre todo de gente involucrada de diferentes áreas de la ciencia”, reitera.

Durante la plática ofrecida principalmente a jóvenes de bachillerato, la investigadora de la Universidad Nacional ofreció una reseña de su acercamiento a la astronomía y a la biología, estimulado en buena medida desde su entorno familiar. 

A partir de ese interés, y una vez finalizados sus estudios universitarios, comenzó un periplo que la llevó hasta la Unión Americana, donde efectuó una estancia posdoctoral de dos años y medio en la Universidad Estatal de Pensilvania, con el Dr. James Kasting, como consigna la página del Instituto de Ciencias Nucleares, que añade que “en el 2005 fue contratada como investigadora posdoctoral por el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) para trabajar con la Dra. Victoria Meadows como parte del Laboratorio Virtual de Planetas, un proyecto del Instituto de Astrobiología de la NASA”.

Ya en la entrevista, Segura Peralta explicó que su interés en la astrobiología le permite aprender de astronomía y sobre la vida.

“Siempre me gustaron las estrellas y siempre me interesó el fenómeno de la vida; en realidad me fascinó, no era un simple gusto, sino una fascinación por entender el fenómeno de la vida y a través de la astrobiología estoy entendiendo ambos mundos y eso fue lo que me trajo aquí”, resalta.

El trabajo en el Instituto de Ciencias Nucleares

En cuanto a los proyectos desarrollados en el ICN, destaca que hay dos rutas principales vinculadas con la astrobiología. 

Una de esas rutas se encontraba bajo la conducción del Dr. Rafael Navarro-González, quien se había enfocado en la detección de vida en Marte, “por pasitos”, y entendiendo las condiciones de ese planeta. En su momento, el interés del desaparecido investigador del ICN se orientó en si fue habitable en el pasado, entre otras cuestiones. 

“La otra línea de investigación es justamente la que yo hago, que tiene que ver con la habitabilidad de planetas alrededor de otras estrellas y con la posible detección de señales de vida en esos planetas; por supuesto estas señales de vida tendrían que captarse a través de telescopios”, acota.

A propósito de nuestro vecindario que es el sistema solar, y en particular sobre Marte, la investigadora expresa pocas esperanzas. 

“Quisiera creer que podría haber vida aquí en el sistema solar. La verdad es que Marte hasta ahora no ha manifestado ninguna posibilidad. Ha mostrado la posibilidad de que fue habitable, lo cual no significa que estuvo habitado; son dos cosas diferentes. Yo estoy perdiendo la esperanza con Marte, honestamente”, aduce.

En cambio, apunta la mirada más allá del cinturón de asteroides y la posa en la corte lunar joviana, y en particular en ese gélido satélite llamado Europa, al que ve como un lugar interesante.

Cuestionada sobre otra luna, en este caso de Saturno, la ya visitada Titán, reconoce que sería una vida como no la conocemos. En este caso, una vida basada en el carbono, pero con un líquido que no es el agua, sino el metano, y además funcionando a una temperatura de 180 grados centígrados bajo cero. 

“Ese sería un caso interesante. La verdad es que si encontráramos vida en Titán, me parecería lo más fantástico del universo”, remacha.

Candidatos siderales

A propósito de sus líneas de investigación, la Dra. Antígona Segura refiere que los exoplanetas, es decir, aquellos planetas que se encuentran orbitando en estrellas diferentes al Sol, tienen más probabilidades de dar señales de algún tipo de vida.

“Yo sigo apostándole a los exoplanetas, porque son más, y tenemos más probabilidades, en término de las muestras que podemos tomar, pero no está escrito nada”, reconoce.

Sin embargo, es optimista, por lo que confía en que de aquí a veinte años “estemos hablando de la primera detección de vida, aunque no me atrevería a apostar en dónde”. 

Ahora bien, ¿qué representaría ese descubrimiento? La investigadora del ICN es contundente: “Estamos empezando a hacer el experimento apenas. Sería el inicio de otras preguntas y de otros experimentos y de nuevas observaciones.

Esto consolidaría a la astrobiología como la ciencia que es, pero, además, como comunidad científica nos abriría muchas más preguntas”, finaliza.

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