La diatriba del agua

A principios del milenio un documento-mapa señalaba a México como uno de los países con un nivel de reservas de agua de 2,000 a 5,000 m3 por año por habitante en un color entre el verde y el rojo, que evidencia que no falta pero tampoco sobra.
El tema del agua estuvo sobre la mesa de discusión en la Cámara de Diputados mientras en las calles se elevaban de tono conversaciones y manifestaciones en protesta porque se argüía que la polémica Ley General de Aguas “la privatiza”, “la encarece”, “nos la roba”. La presión popular y de las organizaciones agrarias y ambientalistas logró que se pospusiera su aprobación.
Señalado el 22 de marzo como “Día Mundial del Agua”, El faro conversó con José Joel Carrillo Rivera, del Instituto de Geografía, doctorado en hidrogeología por la University of London de Gran Bretaña y experto en aguas subterráneas.
Sí, es un asunto que está muy de moda, reconoce de inicio el investigador. Y prosigue: no se sabe por completo el tema sobre el que se quiere legislar. En la gran mayoría de las cuencas (más de 650, Semarnat) no existe un monitoreo diario. Ni siquiera en la cuenca de México, donde no hay datos del agua que escurre por las cañadas, arroyos y ríos que llegan a su planicie. De lo que sí hay información bastante completa de escorrentía es de los ríos más caudalosos, porque están relacionados con las grandes presas que suministran agua y energía eléctrica a las ciudades y zonas de riego importantes. De ellos sí se genera información continua, pero se torna escasa sobre el resto del país, explica el científico.
Lo malo y lo bueno
La nueva ley en discusión, a decir del investigador, presenta algunos cambios básicos: unos negativos y otros positivos. Uno de los primeros es que “está permitiendo que se contamine el agua. Porque en esta propuesta se llama contaminación a cuando se alcanzan los niveles más altos marcados por las normas oficiales para que exista contaminación en el agua. Mientras no se alcance el máximo tolerado, no pasa nada. Traduciéndolo, es así: a un agua con 0.00005 mg de arsénico por litro se le puede echar más arsénico hasta llegar a 0.05, que es el máximo que se va a permitir antes de que se considere agua contaminada. En cuanto se llega a 0.05, la autoridad va a decir que se está contaminando, porque con esos valores ya causa problemas en la salud”. Para la ley vigente, según Carrillo Rivera, contaminar era “cambiar las condiciones originales del líquido”, es decir, si de 0.00005 se pasaba a 0.00006 ya se consideraba contaminación.
El segundo cambio es que “no se pueden monitorear ni estudiar conceptos que tengan que ver con el agua. A menos que la Comisión Nacional del Agua (Conagua) lo autorice. Va a haber un reglamento posterior a la ley que señalará qué se puede estudiar y cómo. Lo que sí ya se sabe es que podría caerle al infractor una multa de hasta tres millones y medio de pesos por su incumplimiento”.
Dos cambios positivos
La prohibición del estudio del agua tiene su parte positiva, aclara el doctor Carrillo. Abunda que ha asistido a varios congresos en Estados Unidos en los que se han expuesto trabajos de las condiciones del agua subterránea, por ejemplo, en varios estados de la frontera norte de México. Pero la verdadera sorpresa está en que los autores no son mexicanos, sino extranjeros. “De acuerdo con esta nueva Ley General de Aguas, estos investigadores ya no podrán llegar y hacer sus trabajos con la misma facilidad que antes”, precisa.
Otra novedad alentadora es que se busca que haya comunicación entre universidades nacionales y Conagua, así como establecer convenios con universidades extranjeras. ¿Por qué esto último? Porque como en México se ha generado y disponemos de muy poca información sobre el tema del agua subterránea, eso nos obliga a tener más y mejor control de las acciones a realizar, en la toma de datos, en estudios y en investigaciones, explica Carrillo Rivera.
Escasez de hidrogeólogos
Al cuestionamiento de que hay muy pocos hidrogeólogos que investiguen las aguas subterráneas de la república, responde que eso se debe, principalmente, a que los jóvenes no se interesan en el tema porque se dicen: ‘Voy a estudiar algo donde haya trabajo’. Le buscan donde vayan a tener opciones favorables de empleo y el panorama hidrogeológico no les ofrece esa ventaja que están buscando. Ejemplifica con que algunos de sus estudiantes de posgrado trabajan en la Conagua, pero cuando intentan aplicar los nuevos conocimientos no pueden porque eso implicaría un cambio en la interpretación oficial de los datos.
La relación entre la Conagua y la UNAM se limita, según Carrillo Rivera, en forma preferente al Instituto de Ingeniería, ya que con otros institutos, como Geografía, Geología, Geofísica y algunos otros, su interacción es comparativamente modesta. Y aclara que tanto en la Conagua como en el Instituto de Ingeniería se trabajan esencialmente aspectos que tienen que ver con la distribución del líquido. “Nosotros, como hidrogeólogos y expertos en aguas subterráneas, vemos el agua desde una perspectiva amplia, como sistema, incorporamos conocimientos de hidráulica superficial y subterránea, química, isotopía, vegetación, suelo y marco geológico”, concluye.
Agua potable: reservas a la merma
En nuestro país hay diferencias muy grandes en cuanto a la disponibilidad de agua. Las zonas centro y norte son, en su mayor parte, áridas o semiáridas; los estados norteños, por ejemplo, apenas obtienen 25% de agua de lluvia. En el caso de las entidades del sureste (Chiapas, Oaxaca, Campeche, Quintana Roo, Yucatán, Veracruz y Tabasco) sucede lo contrario, pues casi la mitad del agua que reciben es de lluvia; en las del sur también llueve mucho, sin embargo, sus habitantes tienen menor acceso al vital líquido, pues no cuentan con el servicio básico de agua entubada dentro de la vivienda.
En el Valle de México se encuentra la disponibilidad anual más baja de agua (apenas 186 m3/hab/año); en la frontera sur sucede lo contrario (más de 24,000).
Debido al crecimiento de la población, la disponibilidad de agua ha disminuido de manera considerable: en 1910 era de 31,000 m3 por habitante al año; hacia 1950 había disminuido hasta poco más de 18,000; en 1970 se ubicó por debajo de los 8,000; en 2005 fue de 4,573; y en 2010 disminuyó a 4,210 m3 anuales por cada mexicano.
Fuente: http://cuentame.inegi.org.mx/territorio/agua/dispon.aspx?tema=T Consulta: 13 de febrero de 2015.
Excesivo consumo de agua embotellada
Según las estadísticas, nuestro país es el primer consumidor de agua embotellada a nivel mundial, casi 250 litros al año por persona, más del doble que los estadounidenses (110 litros), segundo lugar de la lista.
La venta de agua embotellada asciende a poco más de 26,000 millones de litros al año, de los cuales 18,000 se comercializan en garrafón y 8,000 en botella. Cada familia, en promedio, gasta al año 1,800 pesos en agua embotellada. En términos generales, la industria del agua envasada percibe dos veces más dinero del que se recolecta por el suministro de agua a las viviendas.
México tiene un grave problema de calidad en el agua potable, como quedó de manifiesto al verse rezagado al lugar 106 del Informe Mundial del Desarrollo del Agua, auspiciado por la ONU en 2003, el cual evaluó la calidad del agua en 122 países. En este rubro, nuestro país resultó el peor de América Latina.
Fuentes: Revista del Consumidor, Servicios de Agua y Drenaje de Monterrey, Ecoosfera.
El agua, un elemento no renovable, imprescindible para la vida, se postula como protagonista entre las amenazas que se ciernen a nivel internacional, sobre el futuro del hombre. La problemática del agua afecta a gran parte de la población mundial, ocupando un lugar preferencial en la agenda de gobierno de todos los países. En 1992, el 22 de marzo fue establecido por la Organización de las Naciones Unidas como el día mundial del agua.
Por José Antonio Alonso García
