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La era de los escarabajos

Desde hace casi 300 millones de años, los escarabajos evolucionaron cuando todas las masas de la Tierra se estaban uniendo en un supercontinente y ocurrió la mayor de las extinciones masivas, que acabó con el 90% de todas las especies entonces vivas, como los trilobites. Desde entonces, los escarabajos se han diversificado con gran éxito y ocupan todos los ecosistemas terrestres. Fueron testigos del surgimiento y extinción de los dinosaurios y también del ascenso de los mamíferos, y en particular de una especie del orden de los primates, cuyos representantes hacen posible este texto.

2015_Andres_Ramirez_PonceSin llegar a ser los animales más carismáticos, los escarabajos han jugado y juegan un papel crucial en los ecosistemas por la gran cantidad de funciones e interacciones ecológicas en los que participan, como explica a El faro en línea el Dr. Andrés Ramírez Ponce, catedrático Conacyt e investigador adscrito al Laboratorio Regional de Biodiversidad y Cultivo de Tejidos Vegetales, de la Unidad Tlaxcala del Instituto de Biología de la UNAM.

La era de los escarabajos

Las cifras hablan por sí mismas y son contundentes. Los escarabajos son el grupo más diverso de seres vivos, con más de 420 mil especies descritas, es decir, más que las especies de hongos, plantas vasculares o algas, y 75 veces más que los mamíferos. De hecho, apunta Ramírez Ponce, algunos “dicen que vivimos en la era de los escarabajos”.

El investigador ha consagrado su carrera al estudio de estos insectos. Desde su formación en la licenciatura en Biología, cursada en el Instituto Tecnológico Agropecuario No. 23, en Oaxaca, hasta sus dos posdoctorados, Andrés Ramírez ha trabajado con Coleoptera, el orden al que pertenecen los escarabajos.

En el mundo hay 165 familias de este orden, mientras que en México se han documentado al menos 114, que representa el 70% de la representatividad mundial a este nivel, cifra superior a la de otros países megadiversos como Brasil (104) y Australia (113), sin embargo, la información más fina sobre diversidad y distribución en el país está muy dispersa y no hay un consenso sobre la cantidad de especies.

“Como es un grupo hiperdiverso, los pocos especialistas se enfocan en pequeños grupos. Yo en particular trabajo una superfamilia, que involucra a cinco familias, pero en Tlaxcala estamos haciendo estudios de todo Coleoptera, principalmente en algunas zonas con ecosistemas en buen estado de conservación, y los jóvenes que estudian aquí están aprendiendo de todo un poco, no solamente del grupo en el que me especialicé. Tenemos colaboraciones con otros investigadores de la UNAM y del extranjero”, asienta el investigador, quien cursó la maestría y el doctorado en el Instituto de Ecología de la UNAM.

La superfamilia que estudia Andrés Ramírez Ponce se llama Scarabaeoidea, que, si bien es uno de los grupos más estudiados, presenta muchos vacíos en su conocimiento básico. “Yo en particular trabajo principalmente con una tribu cosmopolita, que se distribuye a nivel mundial, con unos 55 géneros y casi 2000 especies, de los cuales 17 se encuentran en América con cerca de 300 especies. El principal problema de este grupo para su estudio es que representa un caos respecto a su taxonomía, clasificación y diversidad, pues ha sido un grupo olvidado, y tan sólo uno de sus géneros contiene más de mil especies, muchas erróneamente asignadas.

La tribu en la que se enfoca le ha permitido a Andrés Ramírez Ponce hacer estudios de taxonomía, sistemática filogenética, biodiversidad y de evolución en general, involucrando a alumnos de licenciatura y posgrado a partir de una línea de investigación que abordó desde la maestría, que continuó en el doctorado y hasta sus estudios posdoctorales, mismos que cursó en el Instituto de Biología, en 2014 y en el Centro Tlaxcala de Biología de la Conducta, de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, en 2015.

 

Importancia ecológica

En general, debido a su enorme diversidad, los coleópteros tienen una gran importancia ecológica y debido a que muchas de sus especies tienen gran sensibilidad al disturbio, funcionan como una suerte de termómetro de las condiciones de los lugares donde viven.

“El potencial de información que puedes obtener con ellos es enorme. Por ejemplo, se consideran como elementos bioindicadores que nos permiten conocer el estado de conservación de los ecosistemas, estudiar aspectos de biodiversidad y dinámica de las comunidades para conocer tasas de recambio o sustitución que pueden enriquecer la planeación de áreas prioritarias para la conservación, además de muchas funciones como sanadores del ambiente, como los escarabajos estercoleros que abonan el suelo y liberan de moscas y parásitos las áreas ganaderas y, finalmente, aspectos de importancia agrícola, forestal y pecuaria”, precisa el investigador.

Un ejemplo de la condición de bioindicadores la expresan los escarabajos acuáticos, pues generalmente los ríos y cuerpos de agua con buena calidad y adecuada oxigenación se encuentran habitados por algunas familias de estos insectos.


Nuevas especies y géneros para la ciencia

COLEOPTEROS 11 YZM WhatsApp Image 2018-04-09 at 3.19.51 PMFruto de su trabajo en Tlaxcala, Andrés Ramírez Ponce está en proceso de describir tres nuevas especies de coleópteros. “Todavía falta procesar una buena parte del material que está en alcohol. Después de disectar los genitales y montar los ejemplares, se ponen a secar, y después se trabaja taxonómicamente para conocer los géneros y especies a los que pertenecen, y entonces ahí pueden salir otras sorpresas”, asienta.

–Pero al menos son tres nuevas especies confirmadas.

–Sí, tres especies confirmadas, y al menos un nuevo género.

–¿Cómo sabemos que se trata de especies nuevas?

–Porque no corresponden con las descripciones de las especies conocidas. Cada vez vas afinando más el detalle de la información. Primero ubicas la familia, después el género, y al final, con la información que puedes tener de los genitales, que son una estructura taxonómica muy importante, puedes saber la especie.

“Si el grupo está revisado o si tiene claves, puedes saber que no es una de las especies que ya fue descrita. Si no hay claves o hay poca información, te vas a las colecciones para comparar con lo que ha sido colectado, y es así como vas construyendo tu soporte de información, además del intercambio de opiniones con colegas. Es una actividad muy dinámica, muy divertida, porque haces muchas cosas”.


A futuro

Para cerrar, Ramírez Ponce refiere que apenas están dando los primeros pasos, y seguir estudiando la diversidad de diferentes zonas, así como hacer estudios de revisión de grupos y filogenias que son una muy buena base para desarrollar investigaciones sobre aspectos evolutivos. Hay muchos grupos que necesitan ser estudiados, porque México es un país megadiverso y tiene muchas familias presentes, pero muy pocos especialistas.

“La importancia de levantar inventarios y formar alumnos que se especialicen en grupos que están poco trabajados nos permite generar información básica sobre la identidad taxonómica de las especies y de su distribución, que derivan en estudios más completos de sistemática filogenética, biogeografía, evolución, y que derivan en trabajos sobre conservación”.

            En suma, la tarea es inmensa. Asienta que cada vez hay menos especialistas dedicados a la taxonomía y el deterioro de los ecosistemas es mayor. Con la pérdida de los ecosistemas se pierden especies que nunca van a ser catalogadas, no se van a conocer sus características ni sus funciones en el medio donde se encuentran. Por ello es imperativo formar personas que se dediquen a estudiar grupos, y tratar de estudiar la mayor parte de las áreas conservadas de México. Es una auténtica carrera contra el tiempo.

Por Yassir Zárate Méndez

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