La fiesta de las matemáticas
“El objetivo del Festival Matemático es contribuir con la cultura matemática de los mexicanos”, asienta Paloma Zubieta López, quien forma parte del Instituto de Matemáticas (IM) de la UNAM y que desde 2010 tiene a su cargo la organización de dicho encuentro, al que asisten públicos de la más diversa naturaleza, para disfrutar de un conjunto de actividades refinadas con el paso de los años.

Por Yassir Zárate Méndez –
Abajo con mitos y prejuicios
El compromiso de los organizadores es el de contrarrestar los mitos y prejuicios que pesan contra las matemáticas.
De entrada, refiere que la mayoría de nosotros nos quedamos con la imagen de que en las matemáticas todo es mecánico, aburrido, difícil y que es solamente para unos cuantos iniciados.
“Es muy común en la sociedad mexicana decir ‘Fulanito es matemático; es muy inteligente’, como si inteligencia y matemáticas fueran equivalentes”, refierela Dra. Paloma Zubieta López.
Recalca que el Festival Matemático busca cambiar esas actitudes: “Trata de que la sociedad diga: ‘Ah, fíjate, esto que pensé que no era para mí, resulta que sí es para mí y sí me gusta’. Lo que tratamos es de cambiar la percepción de las personas mediante la divulgación. Queremos que a partir de estas actividades, las personas digan ‘Yo sí puedo hacer matemáticas, no son tan difíciles’. Tratamos de quitar estos mitos sobre las matemáticas”.
Los orígenes
En el camino, el Festival ha implementado una serie de estrategias para identificar a los diferentes tipos de participantes y ha formado un sólido equipo de colaboradores y voluntarios que para cada edición, se capacitan para atender al público.
Originalmente, el proyecto del Festival Matemático se trataba de una feria de ciencias, especializada en matemáticas. La idea era tener actividades para lo que normalmente llamamos “todo público”, que estuvieran disponibles en lugares públicos, como las plazas, y que fueran gratuitas.

A doce años de distancia, el Festival se ha consolidado. Ya no es solo una feria, sino que el equipo encabezado por Paloma Zubieta se ha detenido a reflexionar sobre la tarea que han desempeñado, y a partir de ahí han realizado investigación en torno al contenido y lo han ajustado conforme a diferentes contextos. En esa tesitura, han hecho estudios de público y han capacitado a jóvenes, que a su vez entrenan a un auténtico ejército de voluntarios.
La gestión
A la fecha, el Festival ha tenido lugar en las mismas sedes donde hay presencia del IM: la Ciudad de México, Cuernavaca, Juriquilla y Oaxaca. Ahora bien, cada uno de esos sitios representa retos y oportunidades únicos y muy distintos. Y eso es porque hay públicos, intereses y formaciones distintas, además de flujos diferentes de asistentes.
De hecho, para cada uno de los festivales se elabora un programa a la medida, gracias a la experiencia pedagógica aprendida.
El primer paso que se da es a través de la gestión, a cargo de la propia Paloma Zubieta. Esa tarea incluye la organización y determinar cómo se va a estructurar el encuentro. Y como toda fiesta, requiere de un sitio para celebrarla.
“Gestiono con las autoridades del lugar donde se va a efectuar el Festival para el caso de Ciudad de México. Los tres primeros años estuvimos en el centro de Coyoacán. Después tuvimos un festival en la explanada del MUAC, con lo que toda la gestión fue dentro de la UNAM. Después hemos hecho cinco festivales más en el Bosque de Chapultepec”, reseña.
La fiesta de las matemáticas
Una vez acordado el lugar, esta celebración organizada por el Instituto de Matemáticas elabora su menú de actividades. Y en ese punto hay una amplia variedad de posibilidades.
“Hay miles de actividades. La pregunta es cuáles de esas son las buenas. ¿Existen actividades mejores que otras o no? Empezamos trabajando un conjunto de actividades que ha crecido un poco. Ahora tenemos 45 distintas. Sin embargo, no todas se presentan todo el tiempo; algunas decidimos dejarlas, otras las ajustamos, otras las convertimos en algo diferente. En general, la cantidad de actividades presentes en cada evento ha variado”, repasa.
Rememora que en el primer festival, efectuado en 2010, ofrecieron entre 16 y 18 actividades diferentes. Lo que han hecho en este proceso es ajustar el discurso de cada actividad, tratando de conseguir que mensajes muy concretos pasen al público.
“Con los años hemos ido estandarizando las actividades y luego, mediante evaluación, comprobamos si las actividades se están comunicando los mensajes que determinamos o no”, anota.
Una situación que suele ocurrir con las ferias de ciencia, en nuestro país y en el mundo, es que nadie sabe qué está haciendo; en principio, como productos de divulgación, divierten, entretienen, generan vocaciones, cumplen una serie de funciones, pero de entrada nadie sabe nada más, reflexiona Zubieta.
“Nos tardamos años en entender este proceso y cómo funcionaba. En la actualidad tenemos muy claro cómo es el proceso de trabajo y así vamos evaluando. Lo que buscamos es que las personas se acerquen a las matemáticas”, externa.
Los públicos
El tercer gran elemento del proceso es el público. Paloma Zubieta advierte que en México estamos habituados a referirnos al “público en general” cuando se organiza un ejercicio donde queremos que vaya la mayor cantidad de gente.
“En la mayor parte de las actividades de divulgación te vas a encontrar que dice que son para público general. Y está muy bien, pero a los divulgadores eso no nos funciona, en el sentido de que público general es una categoría demasiado grande para darnos precisión de lo que estamos haciendo. El público varía en cada actividad dependiendo de los gustos e intereses”, explica la integrante del IM.
Por ello, desde 2014 comenzaron a estudiar a los públicos que acudían al Festival, lo que ha ayudado a perfilar cada actividad, para que cumpla su función con el público mayoritario que tienen. Cada una tiene una versión general, al tiempo que han “aterrizado” actividades con versiones particulares.
Ahora, si hay una actividad con los niños, trabajan de otra manera. Pero también cuenta el lugar donde se efectúa. Como ya adelantamos, el IM tiene unidades fuera del campus de Ciudad Universitaria. Cuernavaca, Juriquilla y Oaxaca han hospedado al Festival.
“Hemos probado las actividades con públicos rurales o con minorías indígenas, que eso ocurre en muchos lados de nuestro país. Hemos encontrado que las actividades de matemáticas muchas veces sesgan al público por su género o su cultura, mientras que en poblaciones rurales gustan más los retos visuales que las actividades que involucran contar, por ejemplo. Nos hemos dado cuenta que tenemos que atender a muchos públicos, de maneras muy distintas”, asienta.
Es así como han identificado cuatro grandes tipos de público. Por un lado, están los que llama obligatorios, que abarcan a “todos aquellos chavos que mandan de las escuelas”. Los obligatorios suelen ir acompañados. Esos acompañantes muestran una actitud distinta y representan un segundo tipo de público.
Otro tipo es aquel formado por las personas que van pasando por el sitio donde se efectúa el FM. De pronto ven algo y se acercan.
“Ese es el que me interesa en particular, porque son aquellos que no tienen obligación ni alguna razón para estar ahí, pero que llegan y se quedan. Me interesa saber por qué se quedan. Como divulgadora es para los que estoy trabajando”, explica.
Finalmente, está el grupo formado por los fans, todas aquellas personas entusiastas de las matemáticas.
El voluntariado
Para atender al público a los festivales se requiere un preparado y entusiasta grupo de voluntarios.
“Me di cuenta de que tenía que trabajar con un equipo cercano de personas. Por eso se generó un programa de servicio social, que lleva funcionando desde 2012 y que con el tiempo he ido puliendo. Entreno a estos jóvenes y ellos me ayudan a entrenar a un equipo de entre 200 y 300 voluntarios que necesito para atender a la gente que llega a un festival en la Ciudad de México. Con los años he ido desarrollando en qué tengo que hacer énfasis para prepararlos”, abunda.
Paloma Zubieta López reconoce que ha sido un reto importante encontrar cuál es la manera de que lo trabajado con un prestador de servicio, no tenga que volver a hacerlo con otro. Ha logrado una continuidad del proyecto y un avance de las actividades.
Esa disciplina se ha trasladado al ámbito académico. Junto con dos colegas, la Mtra. Patricia Magaña, de la Facultad de Ciencias, y la Dra. Clementina Equigua, del Instituto de Ecología, dan la materia de Comunicación de la Ciencia en la Facultad de Ciencias.
“Ellas la imparten a biólogos y yo a matemáticos, físicos, alumnos de ciencias de la Tierra y demás. Los contenidos de este curso son una introducción mucho más formal y académica a la divulgación”, subraya.
Resultados de la fiesta
Paloma Zubieta asienta que el Festival, y el resto de las acciones de divulgación emprendidas por el IM, no están encaminadas a que todo el mundo sea matemático, ni que todo el mundo las estudie. Su objetivo es que las personas se acerquen de una manera distinta a esta disciplina.
A raíz de su experiencia, puede afirmar que al público mexicano le gusta esta ciencia.
“Lo que pasa es que, en general, traen todos estos prejuicios e ideas acerca de las matemáticas, pero de lo que estoy segura es que a todos les gustan las matemáticas. Otro aspecto interesante es que muchas personas no conocen la carrera de matemáticas, no saben que existe. Gracias al Festival la descubren; se ha cumplido una función de orientación vocacional.
El Festival muestra a los profesores dinámicas para implementarlas con sus alumnos; también muestra materiales que pueden desarrollar fácilmente en su clase.
“Hemos generado orientación vocacional hacia las matemáticas y también de divulgadores. Se ha ido capacitando gente. El servicio social ha producido arriba de 40 prestadores. Trabajo con equipos como de ocho estudiantes constantemente. Ahora en la contingencia sanitaria hemos trabajado en versiones a distancia, que nos hemos dado cuenta que representan un problema distinto”, concluye la coordinadora del Festival Matemático.
Y es que las matemáticas están en todos lados. Ellas están detrás de las redes sociales con las que nos conectamos al mundo; permiten el Big Data; dan forma a algoritmos que usamos en nuestra vida cotidiana; ayudan a que funcione adecuadamente el metro; nos recomiendan cuál es la ruta que debemos seguir para llegar al trabajo o a la escuela; asimismo, nos ayudan a entender por qué debemos vacunarnos.
“La razón para saber matemáticas es que, finalmente, eso nos va a hacer mejores ciudadanos, con una visión crítica más plena. Gracias a las matemáticas puedo darme cuenta si los políticos están diciendo cosas reales o no, por ejemplo. Puedo creer o no en las encuestas. Las matemáticas y el resto de las ciencias no son cuestión de fe. Nos dan datos e información para entender cosas. ¿Por qué le diría a la gente que tiene que saber algo de matemáticas?, pues porque eso los hace unas personas mucho más plenas y críticas. Los hace mejores ciudadanos”, finaliza Paloma Zubieta López.
En suma, las matemáticas están en todos lados.




