2020Salud

Las batallas médicas contra la peste

Sandra Vázquez Quiroz

Orán es una ciudad como cualquier otra en el mundo en la que unos días son mejores que otros. Una ciudad en la que sus habitantes fueron alcanzados por la peste, pero continúan haciendo negocios, planeando viajes y teniendo opiniones porque “¿Cómo podían pensar en la peste que quitaba el porvenir, los desplazamientos y las pláticas? Ellos pensaban que eran libres, pero nadie puede ser libre mientras existan plagas”, conversan los médicos Bernard Rieux y Castel mientras intentan entender lo que está por venir para esta ciudad.

El párrafo anterior es un pasaje de la novela La peste de Albert Camus, publicada hace más de siete décadas (1947), en la que se narran las medidas sanitarias, las iniciativas médicas y las emociones de la gente cuando se encuentra ante circunstancias límite. 

Las pandemias han estado presentes a lo largo de la historia de la humanidad y el papel del médico se convierte en una figura fundamental para abrazar la posibilidad de alivio.  

Hay varios autores que tanto en la literatura como en el arte han intentado entender las diversas aristas por las que se transita cuando se está ante una pandemia. En la portada original del libro Leviatán, de Thomas Hobbes, aparecen dos figuras que podrían pasar casi desapercibidas, pero que recientemente fueron sujetas de análisis semiótico por parte del escritor Jesús Silva-Herzog Márquez, quien compartió este conocimiento en una conferencia vía Zoom para El Colegio Nacional.  

El escritor mexicano destaca que en la portada de Leviatán se observa una figura enorme que no es biológicamente humana, sino que representa de manera simbólica al Estado. Debajo del enorme coloso se observa una ciudad en calma y orden, en medio del cuadro hay dos figuras que rompen con la calma, se trata de dos médicos que están en apariencia andando hacia algún punto de ese lugar para atender posiblemente a enfermos de la peste, una enfermedad generada por la bacteria Yersinia pestis.

Los médicos de la peste aparecen en la portada del libro Leviatán cubiertos de pies a cabeza. La observación a detalle muestra un personaje con bata muy larga y otro con una bata mucho más corta, como si se tratara de una minifalda, ambas figuras se encuentran ataviadas con un sombrero y una máscara que asemeja el pico de un ave, en la mano cargan un bastón, el cual permitirá mover a los enfermos de la peste sin tocarlos.

En torno a esas dos figuras hay una ciudad en calma, el enorme coloso vigila desde arriba los movimientos de los dos médicos y las de sus pobladores, por eso se logra apreciar la quietud de una ciudad vacía, describe Silva-Herzog Márquez.

Ataviados con botas, moños, guantes y el bastón, los galenos usan el enorme pico integrado en su máscara como una especie de filtro a través del cual se atajan los olores que despiden los enfermos, quienes mantienen en sus cuerpos pústulas de sangre y pus, entre otros efectos secundarios que les produce la enfermedad. 

Dentro de la máscara colocan una serie de hierbas aromáticas: trozos de ámbar gris, hojas de menta, mirra, láudano, pétalos de rosa, alcanfor, clavo de olor para neutralizar, como se creía en la Edad Media, toda esa maldad que había en el aire.

Caminos de la peste

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, la peste es una enfermedad presente. Se localiza en Madagascar, la República Democrática del Congo y en Perú. Se trata de una enfermedad que se puede presentar en diferentes formas clínicas; la peste bubónica, cuya característica es la tumefacción dolorosa de los ganglios linfáticos llamados “bubones”, es la más frecuente. 

Por otro lado, se encuentra la peste septicémica, producida cuando Y. pestis se acumula en el flujo sanguíneo y genera un choque séptico. También está  la peste neumónica, que se produce cuando se inhala la bacteria y se aloja en los pulmones; el contagio se da de persona a persona a través de la inhalación de gotículas respiratorias infectadas. Actualmente puede tratarse con antibióticos.

Durante el siglo XIV la enfermedad transmitida por esta bacteria se conoció como peste negra y provocó la muerte de 50 millones de personas tan solo en Europa. Hay investigaciones como la publicada en 2015 en la revista Cell,  en la que se describe evidencia acerca de que Yersinia pestis afectó a poblaciones 2,800 años antes de Cristo. Mediante estudios de ADN de personas enterradas en fosas comunes de 2782 a. C. y 2794 a. C. se encontró evidencia de cepas antiguas de la bacteria.

Otro estudio publicado en la revista Plos One de 2012 reconstruyó de manera exitosa el genoma de Yersinia pestis, el cual reveló que un grupo de cepas de la bacteria divergieron antes de la llamada peste negra del siglo XIV, y que coinciden en fechas con la denominada plaga de Justiniano (siglos VI al VIII d.C.). El estudio también reveló pistas de posibles eventos de radiación que ocurrieron antes de la denominada peste negra y cómo este evento pudo afectar a poblaciones modernas de la bacteria.

En la portada del libro Leviatán, los médicos presentan una indumentaria correspondiente a la Edad Media, un periodo en el que prevaleció la idea de que males como la peste se debían a la ira divina, o bien a la impureza y corrupción de las almas, destacó Silva-Herzog Márquez en su exposición, quien agregó que “muchos pacientes entendían que estaban sufriendo un castigo de Dios por sus pecados y entonces le pedían al médico que les pegara con su bastón como parte de su arrepentimiento”.

El proyecto intelectual de Thomas Hobbes es entender el absurdo biológico de la humanidad, esa idea queda plasmada en el libro. “Nuestra condición biológica es la que nos lleva al matadero, nadie puede confiar en nadie, todos somos enemigos de todo mundo, si nos entregamos a la naturaleza vamos a morir”. De hecho, señala Silva-Herzog, que a diferencia de Aristóteles, quien consideraba que el hombre es un animal político, para Hobbes el hombre es el lobo del hombre. 

La manera de padecer la enfermedad en la Edad Media varió de acuerdo a las condiciones sociales. Cuando los médicos visitaban a los enfermos suministraban infusiones con hierbas y realizaban revisiones acercándose lo menos posible ayudados por su bastón.

Este periodo está marcado por una medicina que no logró aplacar la enfermedad y que incluso desconoció su forma de transmisibilidad, muy lejos de su lógica podía existir la idea de que una bacteria podría tener como vector una pulga.

A diferencia de las ideas escasamente científicas que prevalecieron en la Edad Media y lo poco que se conoció la enfermedad, en Orán, la ciudad en la que Albert Camus relata la reaparición de la peste, los médicos conocían la enfermedad a la que se enfrentaban, sin embargo, en discusiones de la comisión sanitaria, les costó trabajo aceptar que se trataba de la peste para no crear alarma entre los ciudadanos. Su incapacidad para aceptar la enfermedad estaba costando la vida de decenas de ciudadanos, posteriormente se decidió tomar medidas restrictivas de convivencia social.

Cuando la peste por fin disminuyó en Orán, en gran parte gracias al trabajo médico, las personas se arrojaron a las calles a celebrar, pero el Dr. Bernard Rieux toma la situación con cautela y advierte “cuando oía los gritos de alegría que subían de la ciudad… era consciente de que esta alegría está siempre bajo amenaza. Sabía que esta multitud alegre, ignoraba lo que puede leerse en los libros, que la bacteria de la peste no muere… que puede permanecer decenas de años dormida en los muebles, en la ropa, en las maletas y en las habitaciones… esperando despertar a las ratas para mandarlas a morir a una ciudad dichosa”.

 Durante la peste de mediados del siglo XIV muchos médicos enfermaron y murieron, se tomaron medidas de restricción dejando a la población en cuarentena, las personas se encerraron en sus casas y poco a poco se regresó a la cotidianidad, sin embargo, los rebrotes esporádicos continuaron por cerca de dos siglos.

Las pandemias forman parte de la memoria mundial. Varias áreas del conocimiento las estudian desde diversos puntos de vista; la literatura desde la infinita imaginación, el arte como un reflejo de la realidad y la biología molecular desde el entendimiento de su ADN.

Revista Cell: https://www.cell.com/cell/fulltext/S0092-8674(15)01322-7

Revista Plos One: https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0049803

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