Las nuevas migraciones
La migración es un fenómeno sumamente complejo y multidimensional. Durante décadas, su estudio se ha reducido a la salida de personas de algunas regiones del país, con rumbo a los Estados Unidos. Más adelante, se ha centrado en quienes se encuentran en tránsito por el territorio mexicano, en su camino hacia la Unión Americana, principalmente hombres, mujeres y niños originarios de países centroamericanos como Honduras, El Salvador, Nicaragua y Guatemala.

Por Yassir Zárate Méndez –

Sin duda, México es un país fuertemente impactado por el fenómeno migratorio. Más allá de la gente que parte rumbo al vecino del norte, y de quienes cruzan el país en búsqueda del llamado “sueño americano”, tratando de mejorar sus condiciones de vida, también se ha convertido en centro receptor de inmigrantes, que por distintas razones han decidido llegar e instalarse en suelo mexicano.
El faro en línea ha conversado con la Dra. Ana Melisa Pardo Montaño, investigadora del Instituto de Geografía (IGg) de la UNAM, para abordar la multidimensionalidad de la migración, asunto en el que se ha especializado.
Tipos de migrantes
De entrada, la investigadora formada en la Universidad del Valle, de Cali, Colombia, pide poner atención en una suerte de dicotomía de los migrantes, divididos en dos grandes grupos: por un lado, está un conjunto de personas que vienen a México para establecerse, que habitualmente arriban para cursar algún tipo de programa de estudios, para laborar en alguna empresa o institución, o incluso por reunificación familiar; otro grupo de migrantes lo representan niños, niñas, adolescentes, mujeres, hombres y adultos mayores que están de paso, casi siempre con la mira puesta en Estados Unidos o Canadá. Aunque esa dinámica ha cambiado en los últimos años.
Si bien México es un país de tránsito, por distintas circunstancias los migrantes se están quedando en el país, sin que esos fueran sus planes originales.
“Vemos que van transitando por varios países, en muchas ocasiones con la idea de llegar a Estados Unidos”, refiere la doctora en Geografía por la UNAM. Sin embargo, una vez que se encuentran en a México, por distintas circunstancias, han acabado por establecerse aquí.
La Dra. Pardo Montaño resalta que el análisis de la migración debe partir de los puntos de procedencia de quienes se han desplazado. “En la región estamos viviendo distintas condiciones estructurales que están obligando a muchos colectivos a moverse”, refiere. La gente suele desplazarse por falta de oportunidades de empleo o por condiciones laborales precarias; por la situación de violencia que se vive en sus países; y a últimas fechas por los cambios en los patrones climáticos.
“Cuando uno habla de extranjeros en México, es muy importante pensar en todos los factores que estoy mencionando y, sobre todo, en las condiciones estructurales que se están viviendo, tanto en México como en distintos países de la región, incluso del mundo, porque ahora están llegando de países que no estábamos acostumbrados”, apunta la experta.
Nuevas migraciones
De acuerdo con datos del Censo de Población y Vivienda de 2020, disponibles en la página del INEGI, y facilitados por la especialista del IGg, la población estadounidense es la nacionalidad que mayor población concentra en México, con 751,363 personas, hasta el año 2020; esto representa el 64.23 por ciento del total. En segundo lugar, se encuentran quienes provienen de Guatemala, con 59,866 individuos, lo que equivale a 5.12 por ciento.

El tercer sitio lo tienen inmigrantes de Venezuela, con 56,198, lo que hace un 4.8 por ciento del universo de migrantes en México. Además, hay otros colectivos que “en ciertos momentos tienen o han tenido mayor presencia”, puntualiza.

Al entrar a un análisis más fino, la investigadora universitaria identifica que, en el caso de las personas provenientes de la Unión Americana, una porción significativa viene por cuestiones laborales, aunque otro segmento está formado por población adulta mayor, que ha decidido vivir su retiro en México.
De hecho, hay varias entidades que se han convertido en centros receptores de este último tipo de inmigración estadounidense, en particular en la franja fronteriza entre ambos países, como Baja California y Sonora, además de estados como Baja California Sur y la Ciudad de México.
A este segmento poblacional se debe agregar otro grupo que ha tenido una mayor relevancia en los últimos años: los hijos estadounidenses de migrantes mexicanos. Por diversas razones, grupos de connacionales han tenido que regresar al país, y han traído con ellos a los hijos que engendraron durante su estadía en la Unión Americana.
“Hay un importante número de jóvenes, de niños que son hijos de mexicanos que nacieron en Estados Unidos, que tienen la nacionalidad estadounidense y que se están registrando de esa manera”, nos explica.
El complicado camino del migrante
En los nuevos horizontes dibujados por la movilidad de diferentes grupos, en la región hispanoamericana hay algunos que se desplazan en circunstancias muy difíciles. Ese es el caso de la población procedente de Haití o de Venezuela, muchos de los cuales carecen de todos los documentos necesarios para validar los estudios que efectuaron en sus lugares de procedencia.
“En el caso de que tengan la documentación requerida, puede ser una forma de insertarse; lo que pasa es que cuando hablamos de población que se mueve en condiciones de irregularidad, lo que busca es llegar a Estados Unidos, o que apela a una condición de refugiado en México, la restricción en el tema laboral es bastante”, expone.
Eso dificulta de manera significativa que se puedan insertar en lo que hacían en sus países de origen. Además, hay que subrayar el hecho de que el proceso para la validación de los documentos es bastante complicado.
En el caso específico de los migrantes haitianos, el idioma se llega a convertir en una barrera muy importante. Esta restricción genera una dificultad para interactuar con la misma comunidad en México, situación similar a la de otras nacionalidades que no hablan español.
La Dra. Ana Melisa Pardo estima que más allá de estas adversidades, en general los migrantes, particularmente los que llegan a establecerse de una forma más o menos estable, sí llegan a integrarse en las comunidades donde viven, aunque eso no los libra de algunos actos de discriminación.
A partir de un ejercicio centrado en nacionalidades, la investigadora encontró que una cantidad significativa de migrantes colombianos, cubanos, argentinos y españoles logran obtener un empleo en sus áreas profesionales. En cambio, la población establecida en el sur del país, proveniente principalmente de Centroamérica, se dedica más a actividades agrícolas. Por su parte, grupos de haitianos logran desarrollar tareas comerciales, aunque sea en el sector informal.
“Depende mucho de la nacionalidad y también de las condiciones en que estas personas han llegado al país”, acota. Y es que obtener un permiso migratorio para trabajar es una tarea nada sencilla. El solicitante debe cumplir con varias condiciones y eso suele dificultar la inserción en el mercado formal.
Procesos de integración
Para la Dra. Pardo, el complejo fenómeno migratorio también permite diferentes procesos de integración, dependiendo del tiempo que las personas pasen en el país.
“Cuando uno está en tránsito, piensa en este espacio, como un espacio temporal, donde no necesariamente necesitan conocer todas las dinámicas, porque están de paso y se van a ir, pero cuando se van a quedar, ya hay cierta apropiación y mezcla, incluso un conocimiento del lugar donde se van a establecer, sin necesariamente perder las características que tienen por pertenecer a una cultura en particular”, resume.
A su juicio, la migración permite una mezcla de culturas, “que a veces no se quiere ver y por eso, muchas veces hay esos procesos de discriminación hacia la población migrante”, advierte.
Así, establece un paralelismo con el caso de la colonia mexicana asentada en Estados Unidos, donde se identifica una mezcla con la cultura estadounidense, aunque se conservan los rasgos propios, al tiempo que se intenta mostrar la cultura mexicana, lo que no les impide padecer discriminación, además de violencia, lo que dificulta su inserción y optan por mantener muy cerrada su comunidad, aunque acepta que en otros lugares hay más apertura y accesibilidad, lo que propicia una mezcla, “que es una de las cosas que nos deja la migración”, concluye la investigadora del Instituto de Geografía.
