2020Instituto de Geofísica

Los sismos más grandes en México

por José Antonio Alonso García

Nada en el universo es inmóvil. La Tierra gira, el Sol gira, la galaxia gira, el Universo se expande. Y a escala ínfima, las partículas atómicas elementales se mueven, giran, oscilan, interactúan. Todo se mueve.

Los movimientos telúricos son mucho más antiguos que la humanidad. Nuestro planeta es una esfera que contiene materia en sus tres estados más simples: sólido, líquido y gas. Y este trío, desde el principio de los tiempos, se ha ido conjuntando de acuerdo con su correlación de fuerzas.

Su primer elemento constitutivo fue el gas. Después comenzaron a aparecer pequeñas acreciones de átomos y moléculas que dieron origen a la materia sólida. Finalmente, apareció el sustrato líquido que favoreció el surgimiento de la vida, el agua.

Memoria en movimiento

De acuerdo con el Servicio Sismológico Nacional (SSN), “Durante el reinado de Axayácatl [1468-1481] hubo fortísimos temblores que arruinaron casi todas las casas y edificios del Valle de México. Montes y cerros sufrieron derrumbes; también se formaron grietas en la tierra”. En 1496 hubo otro evento, que el SSN describe como “Temblor general; se llenó la tierra de grietas”.

Este documento destaca también dos movimientos telúricos en el siglo XVI. Del primero acota: “Temblor que dañó construcciones en México”; del segundo “… algunos edificios quedaron dañados. En Coyoacán se cayó el convento de los dominicos”.

En el siguiente siglo, XVII, acontecieron, según el SSN, cinco movimientos sísmicos de consecuencias no tan catastróficas como el de 1475. De entre ellos llama la atención el de 1665, “Causado por la explosión del Popocatépetl. Sentido en la Ciudad de México. No produjo daños”. Durante estos eventos naturales las víctimas debían de ser pocas, pues la escasa población y el tipo de construcciones no favorecían la pérdida de vidas o el derrumbe de las viviendas.

De los años mil setecientos el SSN refiere seis temblores que dañan templos, casas y bardas. El dato más significativo es la duración de tres de ellos. El de 1711 fue un “largo temblor que arruinó muchos edificios y tiró muchas casas”. En 1768, el gran científico y humanista “Alzate reporta que no hay edificio grande o pequeño que no muestre daños. Los puentes sobre las acequias y el Palacio Nacional fueron dañados. Se vaciaron las fuentes. Con reloj en mano, Velázquez de León observó una duración de seis minutos”.

Veintiún años después, el temblor de 1787 deja “daños en el Palacio, el Cañón de la Diputación; dañó muchos edificios más.

Duración, entre 5 y 6 minutos”. Diversos textos adjudican a este sismo una magnitud de 8.6 y un tsunami, llamado “el gran tsunami mexicano”, que provocó olas de hasta 18.5 metros de altura que se adentraron en tierra oaxaqueña entre 7 y 8 kilómetros y provocó la muerte de 11 personas, “pues las costas estaban escasamente pobladas”, acota el doctor Víctor Manuel Atienza, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM, en su libro Los sismos. Una amenaza cotidiana. Este ha sido el terremoto de mayor magnitud en la historia de México.

Cinco minutos de terremoto

El siglo XIX dejó en el recuerdo ocho temblores memorables. Dos de ellos (1800 y 1837) duraron entre cuatro y cinco minutos; sin embargo, a pesar de ser tan prolongados, los más dañinos fueron los del 18 y del 58. En la Ciudad de México, el primero, según el SSN, rompió algunos arcos “en los acueductos de Santa Fe y Belem. Provocó daños en puentes, cuarteles y edificios, en los conventos de la Merced, San Francisco y San Diego, en los hospicios de Terceros, la Santísima y San Hipólito, la sacristía de la catedral, las iglesias de Santa Vera Cruz, Santa Catalina y del Campo Florido”. Además, ocasionó “Ruina casi total en la ciudad de Colima y graves daños en Guadalajara: las torres y cúpula de la catedral se vinieron abajo, y otras iglesias y edificios”.

El otro gran temblor dañino del XIX aconteció en 1858, en el que “padecieron casi todas las casas y edificios de la ciudad [de México]. Provocó daños en Palacio Nacional, Casa del Ayuntamiento, Teatro Principal, Santo Domingo, Sagrario, San Francisco, Jesús Nazareno, etc. Se abrieron grietas en las calles y se levantaron las banquetas. Hubo gran destrucción en Texcoco. Duró 3 minutos, aproximadamente”.

Llegan las mediciones científicas

El siglo XX inicia con equipos científicos que registran la magnitud de los movimientos telúricos. Porfirio Díaz creó por decreto el Sistema Sismológico Nacional en 1904 e inauguró sus primeras instalaciones en Tacubaya en 1910. En los textos se advierte que, a medida que pasan los años, y gracias a las nuevas tecnologías, se incrementa la información, tanto en calidad como en calidad. Desde el 1 de enero de 1900 hasta el 31 de diciembre de 1999, los sismógrafos del SSN registraron 72 terremotos de magnitudes 7 – 7.9; y solo tres de entre 8 y 8.2.

El de magnitud 8.2 aconteció en 1932 y tuvo su epicentro en las costas de los estados de Colima y Jalisco, a cuatro kilómetros al sureste de la localidad de Casimiro Castillo. Afortunadamente, hace casi un siglo la población de Jalisco era mucho menor que la de ahora. La ciudad de Guadalajara, por ejemplo, apenas tenía 145,000 habitantes, pero actualmente ronda el millón y medio, que se elevan a cinco millones al incluir toda su zona metropolitana. Esta escasa población permitía que el número de muertos y heridos durante los eventos sísmicos fuera reducido.

“El peor de los peores”

El terremoto del sigo XX más recordado, por su enorme costo en vidas humanas y daños materiales fue el del 19 de septiembre de 1985, de magnitud 8.1, con el epicentro localizado a 45 kilómetros al noroeste de La Mira, Michoacán. En Lázaro Cárdenas, la mayor ciudad más cercana al epicentro, causó destrozos en el 80% de las viviendas, pero “no hubo desquiciamientos en labores ni perturbación de orden público o de las comunicaciones. La normalidad se restableció unas horas después del sismo”.

En Ciudad Guzmán, Jalisco, también fue grave la destrucción en viviendas y edificios públicos.

En la Ciudad de México el movimiento sísmico se comenzó a sentir dos minutos después de en La Mira, a las 7:19. “Inició en forma leve, pero se intensificó en unos cuantos segundos; posteriormente, empezó a disminuir su movimiento como si fuera a terminar; de repente incrementó su intensidad a un movimiento oscilatorio con una duración aproximada de dos minutos”.

Provocó gran destrucción en las colonias Centro, Tlatelolco, Roma, Doctores, Guerrero, Tepito, Morelos, Juárez, Merced… Destruyó casi 2,000 edificios, levantó el pavimento y rompió las redes de tuberías de agua potable y de distribución eléctrica en muchas partes de la ciudad.

En cuanto al número de fallecidos, son muchas las cifras que se han dado a conocer, desde los 9,000 de la Comisión Pluripartidista de la Cámara de Diputados, número basado en la información que le proveyó la Secretaría de la Defensa Nacional, pasando por los 15,000 de la Cruz Roja hasta los 45,000 de algunas asociaciones y organizaciones de damnificados.

Uno de los más catastróficos

Hubo en el siglo pasado otros dos sismos memorables en la Ciudad de México. De magnitud 7.7 y con epicentro cerca de Acapulco, se recuerda el de 1957 porque derribó de su columna al Ángel de la Independencia. Este evento lo cataloga el doctor Atienza como uno de los más catastróficos en la capital del país, porque “arrojó un saldo de 700 muertos y 2,500 heridos”.

El otro terremoto recordado, de 7.6, derrumbó durante la madrugada de 1979 las instalaciones de la Universidad Iberoamericana a las 5:07 horas; a pesar de una magnitud tan elevada, solo ocasionó cinco muertes cerca de su epicentro, en la localidad guerrerense de Petatlán.

En este siglo XXI se han dado dos movimientos telúricos de gran importancia. El primero, de magnitud 8.2, fue el conocido como terremoto de Chiapas, ocurrido el 7 de septiembre de 2017, con epicentro en el golfo de Tehuantepec, a 140 kilómetros al suroeste de Pijijiapan, Chiapas. A pesar de que causó muchos daños a las infraestructuras, solo se reportó un centenar de víctimas mortales. Este ha sido el más fuerte registrado en México desde el terremoto de Jalisco-Colima de 1932.

Doce días después de este gran temblor, a las 13:40 horas ocurrió un sismo, llamado terremoto de Puebla, de magnitud 7.1 y con epicentro en Axochiapan, Mor., a 120 kilómetros de la Ciudad de México. Provocó 369 víctimas mortales y el gobierno de la Ciudad de México contabilizó 11,495 inmuebles afectados.

La experiencia ha ido enseñando, tanto a las autoridades como a los habitantes de la capital de la República, que más vale prevenir que lamentar. El evento de 1985 hizo que mejoraran mucho los reglamentos de construcción y que se aplicaran más estrictamente las normas. El sismo de 2017 dejó dañados tantos edificios que se han restringido mucho los permisos de construcción de edificios de más de cuatro niveles.

Así como el agua marina se mueve incesantemente y el aire se convierte en viento, también la materia sólida busca acomodo bajo nuestros pies, nuestras viviendas y nuestros lugares de trabajo. Los sismos son historias que se repiten una y otra vez.

 

(1)
http://web.archive.org/web/20131023023421/http:/secre.ssn.unam.mx/SSN/Doc/Sismo85/sismo85-7.htm

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