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Los techos verdes, ¿alternativa ecológica?

Los techos verdes representan una opción en las grandes ciudades para contrarrestar la disminución de áreas verdes y mejorar la calidad del aire. Pero qué pasaría si presentaran un efecto adverso importante, como sugieren investigadores del Centro de Ciencias de la Atmósfera.

Si bien los techos verdes tienen beneficios comprobados, un estudio realizado por el maestro Williams Vázquez Morales, como proyecto de investigación de doctorado, y cuya dirección estuvo a cargo del doctor Arón Jazcilevich, investigador titular del Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA), demuestra que este tipo de techos provoca un fenómeno meteorológico llamado inversión, que conduce a una mayor concentración de contaminantes.

Echando raíces

El reciente auge en la construcción de azoteas verdes en edificaciones de diversos tipos en la ciudad de México no es casualidad. En 2005 se creó la Asociación Mexicana para la Naturación de Azoteas (AMENA), una asociación civil que tiene el objetivo de investigar, informar y capacitar sobre los beneficios ambientales, sociales y económicos que representan las azoteas verdes.

En 2008, el Gobierno del Distrito Federal decidió otorgar un 10% de reducción en el impuesto predial por la instalación de un sistema de naturación de azoteas. Y es que los beneficios son muchos: este tipo de edificaciones regula la temperatura y la humedad disminuyendo así el consumo de energía en aire acondicionado y calefacción; alarga el tiempo de vida de la impermeabilización; ayuda a controlar el flujo de agua de lluvia y contrarresta el efecto isla de calor, que es consecuencia de que las ciudades son más calientes que sus alrededores. Entonces ¿cuáles son las desventajas de este tipo de azoteas? En el CCA se realizan estudios sobre estos techos y sus efectos en la meteorología urbana.

Un estudio controversial

En entrevista para El faro, el doctor Jazcilevich explica que utilizan “modelos meteorológicos complejos que requieren de una gran capacidad computacional para simular y predecir el comportamiento de la atmósfera a distintas escalas espaciales”. En este tipo de modelos se necesita escoger la superficie en la que se va a trabajar, o en pocas palabras, la precisión. Pueden ser superficies de unos cuantos metros cuadrados, hasta cientos de kilómetros cuadrados. Entre menor es el área, mayor precisión se tiene en los resultados.

También toman en cuenta distintos parámetros atmosféricos dependiendo de la escala y del ambiente que se requiera modelar; no es lo mismo hacerlo para un ambiente rural que para uno urbano.

Entre más pequeña sea la zona, más parámetros se necesitan medir, algunos de los cuales son la humedad, la temperatura, el albedo (la cantidad de luz que refleja una superficie). Para el estudio en cuestión, estos parámetros se midieron a lo largo del día durante varios meses en una azotea no naturada y en otra naturada. La segunda se localiza en el Jardín Botánico de la UNAM y su vegetación se compone de cactáceas.

Estos aspectos se utilizaron en el modelo de meteorología urbana para simular qué pasaría si se colocaran techos verdes en todos los edificios localizados en las colonias Nápoles, Condesa y Escandón, que en su conjunto suman 42 kilómetros cuadrados.

Asimismo, explicó que “se necesita tomar en cuenta la morfología de los edificios que conforman la zona de estudio”. Para esto, se realizó un modelo en tercera dimensión del área de trabajo, a partir de datos de catastro y con la ayuda del Instituto de Geografía. Debido a la alta densidad de población en la ciudad, hacerlo llevó un año, lo que nos da una idea del arduo trabajo que implica este tipo de simulaciones.

El resultado del estudio fue que durante la mañana se reduce la altura de la capa de mezcla hasta en un 20% durante lapsos de 30 minutos aproximadamente. “La capa de mezcla determina la altura a la cual llegan los contaminantes: mientras más baja, mayor concentración de contaminantes”, precisa el investigador.

Una vez finalizado el trabajo, el doctor Jazcilevich explica que “si bien el efecto de reducir la altura de capa de mezcla es negativo, falta incluir los efectos que tienen las plantas en la reducción del material particulado. Sin embargo, el efecto predicho por nuestro trabajo debe tomarse en cuenta”.

Los resultados de este estudio concuerdan con las conclusiones publicadas por investigadores de todo el mundo. Sin embargo, la contribución se encuentra en los pasos que siguieron los investigadores del CCA; es decir, en la alta resolución del modelo, que no se había logrado anteriormente.

Además de la mayor concentración de contaminantes, también se deben tomar en cuenta otros factores: la estructura del edificio, para ver si puede soportar el peso extra que conlleva un techo verde, el alto costo de instalación y el mantenimiento.

Lo que plantean los investigadores del CCA es que se debe saber que este tipo de techos tiene efectos negativos para el medio ambiente y el bolsillo, y para tomar una decisión inteligente sobre la conveniencia de instalar uno, se deben sopesar los pros y los contras.

 

Por Brenda Vargas Rocha

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