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Madame Marquise du Chatelet

-::- Por Patricia de la Peña -::-

“Deseo que se me juzgue por mis propios méritos o por falta de ellos, pero que no se me considere como un mero apéndice de ese gran general o de un gran maestro, o de alguna estrella que brilla en la Corte de Francia o de aquel afamado autor. Yo soy en mi propio derecho una persona íntegra, responsable de mí misma y de todo lo que soy y de aquello que digo o hago. Puede ser que existan metafísicos o filósofos cuyo conocimiento sea mucho mayor que el mío, aunque aún no los conozco. Sin embargo, son también seres humanos frágiles y con defectos; así que cuando sumo el número total de mis virtudes, confirmo que no soy inferior a nadie”

Madame du Châtelet a Federico el Grande de Prusia (The Divine Mistress)

Mujer del Siglo de las Luces, nace en París el 17 de diciembre de 1706. Se le reconoce como una mujer que no concibe la vida más que bajo los matices de la pasión. A la inversa de los moralistas de su tiempo, pensaba que “no se es feliz más que por el gusto y las pasiones satisfechas”. Procedente de una familia aristócrata, Gabrielle Émilie es apasionada y llena de excesos: el amor, el juego, la vida social, el trabajo. Muy distintas facetas distinguen su personalidad: científica, intelectual y también muy femenina. Se le ha calificado de mundana, amante de Voltaire durante 15 años, quiso aventurarse en ámbitos que eran en esa época exclusivamente masculinos, como la ciencia y la filosofía. Le dejó a la Biblioteca Nacional de Francia manuscritos e instrumentos científicos, y con motivo de la celebración del tercer centenario de su nacimiento, en 2006 tuvo lugar en París un encuentro de especialistas para hablar de su vida y obra. Su objetivo era lograr que los trabajos científicos que consideraba más importantes fueran accesibles a la mayor cantidad de personas; por este y otros motivos, Émilie du Châtelet, ocupa un lugar muy especial en la historia de la ciencia, por la aportación que hizo en su tiempo a la divulgación de ese conocimiento, y básicamente por considerarse una intelectual fuera de lo común.

Educación excepcional

Tradicionalmente, a las mujeres de buena posición económica del siglo XVIII se las enviaba desde muy jóvenes al convento, en espera de arreglarles un matrimonio ventajoso. Émilie fue muy querida por sus padres. Era una niña muy inteligente, lo suficiente como para que su padre lo notara, por lo que decide darle la misma educación y privilegios que a sus hermanos. El resultado es asombroso. La educan en casa, le dan libre acceso a la biblioteca de su padre, Louis-Nicolas, barón de Breteuil, favorito de la corte francesa. Émilie, cuyo nombre completo era Gabrielle Émilie Le Tonnelier de Breteuil, tenía apenas 9 años cuando su padre decide establecerse en su excéntrica casa en París, con vista al famoso Jardín de las Tullerías. Corría el año de 1697. Para cuando Émilie cumplió 12 años recibía enseñanzas en latín, italiano e inglés. La dejan hacer todas las preguntas que desee. Sus padres le transmiten su interés por las matemáticas, lo que aprende muy bien, además de equitación, danza, arte, canto, filosofía y metafísica. Émilie era estudiosa y disciplinada, espontánea e impulsiva. Cuando sus padres reciben visitas la autorizan a quedarse con ellos y a participar en las conversaciones. En cuanto a las matemáticas y las ciencias siempre estuvo en contacto con importantes invitados, como Fontanelle y Voltaire, con quien cultivaría una profunda y larga relación amorosa e intelectual. Fontenelle le habla de física y astronomía.

Durante su adolescencia, Pierre-Louis Moreau de Maupertuis (1698-1759), quien dirigirá la expedición para investigar la forma de la Tierra, le da clases de matemáticas, astronomía y geografía. Tres años más tarde, Émilie conoce bien la obra de Locke, de Descartes y de Leibniz, autores poco estudiados en las escuelas y que se reservaban a los varones. A las mujeres se les enseñaba a leer, escribir y algo de música y de arte únicamente, por lo que lo diferente de su educación le permitió desarrollar el talento que tenía.

El 20 de junio de 1725, con 19 años de edad, se casa con Florent Claude Chastellet (el nombre de Châtelet fue sugerido por Voltaire). El marqués era el hijo mayor de la casa du Châtelet, y como tal heredó el título y el oficio militar. Aunque la familia du Châtelet no era rica, el matrimonio fue por conveniencia y resultó ventajoso para Émilie, ya que la elevó en su posición social emparentándola con la nobleza militar. El marqués du Châtelet dedicaba bastante tiempo a sus obligaciones en una guarnición, por lo que pasaba largos períodos separado de su esposa.

Émilie y Voltaire

Émilie desea más libertad y alejarse del ambiente poco intelectual de su esposo. Gracias a las ausencias de él, Émilie tuvo una actividad social muy extravagante. La vida intelectual transcurría entre los salones y los cafés en donde se encontraba con pensadores de su época, con quienes gustaba discutir. Además, le encantaban la ópera, el teatro y el juego, que se convirtió en un hábito muy caro para ella. El marqués decidió que se separaran y es cuando ella se rodea de personajes de gran estatura intelectual, que finalmente era lo que más le interesaba. Entre ellos estaba el duque de Richelieu, Maupertuis y Voltaire. Con Voltaire fue con quien realmente llegó a establecer una magnífica relación, tanto de pareja como intelectual, que llegó a permanecer por el resto de su existencia.

En 1735 decide instalarse con Voltaire en la propiedad de su esposo, en el castillo de Cirey, al que convirtió en un lugar de estudio y experimentación. Trabaja junto a él en temas de física y metafísica. Allí mismo se construyen una biblioteca y un laboratorio de física. Vivirá en el lugar con Voltaire entre 1734 y 1749. Châtelet se dedica a estudiar las obras de Newton. Escribe el tratado Les Institutions de Physique. Más de 21 capítulos de su libro están dedicados a la ciencia, la materia, la gravedad, el peso y el equilibrio Émilie es realista y sabe que no puede compararse a Voltaire ni a Newton. Deja de lado la frivolidad y se concentra en el estudio y la reflexión. Su objetivo es más modesto: trasmitir los descubrimientos y el pensamiento de grandes hombres. Su intención era hacer que ciertas obras o teorías fueran accesibles a las personas cultas de su país. En el castillo de Cirey, Émilie y Voltaire trabajan juntos sobre matemáticas, física, filosofía y publican libros, a veces sobre el mismo tema pero exponiendo ideas diferentes.

Obras de madame du Châtelet

La primera publicación de Émilie es De la naturaleza del fuego y su propagación, de 1738. Cuando advierte que Voltaire está trabajando sobre el tema propuesto por la Academia de Ciencias y lo ve hacer experimentos en el laboratorio del castillo se apasiona por el asunto y decide escribir al respecto, sin decirle a Voltaire. Desarrolla ideas distintas, a veces contrarias. Ni ella ni Voltaire obtienen el gran premio convocado. Sin embargo, la Academia publicará su obra. Un privilegio sin precedentes para una mujer en esa época. La Francia del siglo XVIII contemplaba la interconexión entre la física y la metafísica en la época en que ella estaba escribiendo. Conociendo bien las obras de Newton y Leibniz, la marquesa se esfuerza por conciliar las teorías de ambos pensadores. Logra ordenar de manera admirable y lógica los conocimientos y presentarlos de manera densa pero clara. Durante cuatro años Émilie trabaja la traducción de la obra principal de Newton, haciéndola clara y accesible. Añade un comentario sobre el sistema del mundo. Por ejemplo, habla de una variación secular del eje de la Tierra. Laplace comentará años después que así es: la inclinación del eje de la Tierra presenta una variación secular que Émilie describió con gran precisión numérica, aunque dichas observaciones necesitaban instrumentos muy precisos que no había aún.

Acaba su obra justo antes de su muerte, la firma y la envía a la biblioteca del rey. En 1759 se hace la publicación póstuma de la traducción y del comentario de los Principia de Newton, reeditada en París en 1966. A madame du Châtelet se le debe la única traducción francesa completa de esta obra de Newton hasta el final del siglo XX.

Su legado

Entre los trabajos de traducción de madame du Châtelet se encuentra la obra de Mandeville La fábula de las abejas, un conjunto de ensayos que incluían “El origen de la virtud moral”, colección controvertida rechazada en toda Europa. Sin embargo, para Émilie se trata de uno de los mejores libros sobre moral. Por considerar que Mandeville no escribía bien y se dejaba llevar por su imaginación, editó algunos pasajes, pero la conclusión a la que llega sobre la tarea de esta traducción, ha sido calificado como un manifiesto feminista donde expresa lo siguiente: “Siento el peso total de los prejuicios que nos excluyen universalmente a las mujeres de las ciencias; es una de las contradicciones de la vida que siempre me ha sorprendido. A pesar de que la ley nos permite determinar los destinos de grandes naciones, no existe un solo lugar en el que sea posible entrenarnos para pensar. Dejo al lector reflexionar por qué en el transcurso de tantos siglos, una buena tragedia, un gran poema, una magnífica obra pictórica, un gran cuento, un buen libro de física, nunca ha sido producido por una mujer. Por qué estas criaturas cuyo entendimiento parece en todas las formas similar al de los hombres, parece ser frenado por una fuerza irresistible como una gran barrera. Que la gente exponga sus razones pero hasta que lo hagan, las mujeres tendrán derecho de protestar contra su educación […] si yo fuera rey […] rectificaría el abuso que significa el restringir a la mitad de la humanidad. Haría que las mujeres participaran en toda clase de derechos, especialmente aquellos relacionados con el pensar, con la mente. Parecería como si ellas hubieran nacido solo para engañar –el único ejercicio intelectual que se les permite. La nueva educación beneficiaría en gran medida a la raza humana. Las mujeres tendrían mayor valía y los hombres ganarían algo nuevo para imitar. “Estoy convencida de que las mujeres o no tienen conciencia de sus talentos debido a su falta de educación o que se reprimen en base a los prejuicios acerca de su valor intelectual. Mi propia experiencia lo confirma. El destino me permitió conocer hombres de letras que me tendieron una mano amistosa… entonces empecé a creer que era yo un ser con una mente”. A madame du Châtelet se le conoce por lograr una buena síntesis del Discurso del método de Descartes, de la metafísica de Leibniz y del comentario que hizo sobre los Principia de Newton. Esta publicación le permitió ser citada en la enciclopedia en un artículo sobre el newtonianismo. Por ello fue considerada una de los siete matemáticos y físicos más eminentes que contribuyeron a hacer accesible la obra de Newton. Madame du Châtelet tuvo tres hijos en su matrimonio: Gabrielle Pauline, Louis Marie Florent y VictorEsprit, quien murió a los pocos meses, en el verano de 1734. Después de ello, Émilie, quien contaba para entonces con veintiocho años, decidió no tener más hijos, aunque pasados los cuarenta volvería a quedar embarazada y moriría después de dar a luz. Voltaire, monsieur du Châtelet y Saint-Lambert la acompañarán cuando fallece el 10 de septiembre de 1749.

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