Mirando las estrellas

José Franco
Empezó como una fiesta. A José Franco y sus compañeros latinoamericanos del posgrado en la Universidad de Wisconsin-Madison se les ocurrió compartir algo de su cultura a los estudiantes estadounidenses y de otras nacionalidades. Se organizaron: quienes sabían cantar o tocar música llevaron sus instrumentos, otros declamaron poesía, unos más prepararon platillos típicos de sus regiones. Finalizaban los años sesenta. Hubo baile y gran ambiente. Al año siguiente y varios más se repitió el evento a petición popular. Lo llamaron “La Peña Latina de Madison”. Ahí se formó un grupo musical, una rica mezcla de culturas, sabores, deseos, tradiciones, al que se llamó Sotavento. Incluso llegaron a grabar un disco.
“Fue un éxito. ¡La pasé bomba!”
, asegura el doctor José Franco.
Sin tener antecedentes de investigadores en su familia, de niño se interesó en las ciencias a través de caricaturas. Contó con el apoyo de sus padres para sus estudios, pese a los recursos escasos, e incursionó así en un mundo totalmente novedoso. “Lo que hice fue básicamente romper con los esquemas con los cuales había vivido. No tenía una persona, un elemento de comparación; yo construí estos personajes y elementos de comparación a lo largo de mi vida, con mis profesores, con las personas que iba conociendo”.
Más allá de la anécdota, José Franco, doctor en física, Premio UNAM de Investigación Científica 2002, entre otros reconocimientos nacionales e internacionales, ubica estos episodios de su vida como momentos clave en que descubrió su pasión: la astrofísica. Trabajar descubriendo los secretos del universo le resultó espectacular, lo vivió con gran entusiasmo y, de paso, aprendió a organizar eventos masivos, divulgar conocimiento, ¡y pasarla bien!
La experiencia resultó especialmente valiosa cuando, años después, promovió la primera Noche de las Estrellas, replicada en varios lugares del país, con la participación de más de medio millón de personas que han acudido a mirar el cielo con ayuda de los telescopios, que para tal efecto se han colocado en zonas arqueológicas o en plazas públicas, como el Zócalo de la ciudad de México.
“Esas peñas latinas fueron mi inicio, perder el miedo a hacer cosas masivas”,
asegura.
La primera vez que fueron al Zócalo muchos de sus conocidos “tenían pavor. ‘¡No, Pepe, nos van a robar los telescopios, no esto, no lo otro!’, me decían”, recuerda a la distancia el divulgador de la ciencia.
Lo que sucedió fue que la gente se volcó entusiasta a observar un poco del Universo. Otro tanto ocurrió con el Reto México, que dio un Récord Guinness para el país, por la mayor cantidad de personas a la vez observando la Luna con telescopio. Se logró promoviendo la colaboración de autoridades locales, federales, instituciones académicas y grupos de la sociedad civil.
José Franco se inició en el estudio del medio interestelar desde su tesis de licenciatura. En Madison se incorporó a un grupo que llevaba algunas décadas desarrollando numerosas teorías. Terminó el doctorado con un buen número de artículos publicados. Volvió a México y se incorporó como investigador titular en 1983 al Instituto de Astronomía de la UNAM, al que dirigió durante ocho años. Desde entonces ha investigado fenómenos como la formación estelar autorregulada; la evolución de regiones fotoionizadas; la formación y destrucción de nubes moleculares; la evolución de remanentes de supernovas, de vientos estelares magnetizados y de nebulosas planetarias; la colisión de nubes de alta velocidad con el disco gaseoso; la actividad de núcleos activos de galaxias; la influencia de la presión de radiación en flujos con polvo interestelar y la magnetohidrodinámica del medio interestelar.
Ha sido invitado a exponer sobre su labor en instituciones de España, República Checa, Italia, Francia (cuyo gobierno le ha hecho varios y notables reconocimientos), Brasil, Argentina y Corea, entre otros países. Su trabajo es multicitado, ya que ha publicado numerosos artículos arbitrados, además de 16 libros, y pertenece a las más reconocidas sociedades científicas de su especialidad.
Actual director general de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, sobresale su participación en los más diversos foros, desde los altamente especializados, hasta programas populares de radio y televisión: “Creo que la gente tiene hambre de conocimiento, y todos los vehículos son buenos para transmitir un poquito de esto”, concluye.
Por Alicia Ortiz Rivera
