Mitos y verdades sobre la araña violinista

Desde hace 35 años, la ciencia no tenía registro de nuevas especies de araña violinista. Pero eso ha cambiado.
Gracias al trabajo de campo del Dr. Alejandro Valdez Mondragón, catedrático CONACYT en la sede Tlaxcala del Instituto de Biología de la UNAM, y de su equipo, está por documentarse una nueva especie del género Loxosceles, al que pertenecen las arañas violinistas.
En entrevista con El faro en línea, Valdez Mondragón nos detalla que su hallazgo se debió a un proyecto financiado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), que inició hace año y medio. El propósito es el de estudiar la diversidad real de las arañas violinistas aquí en México.
Como apunta el investigador, la más reciente descripción para este género fue hace siete lustros.
“La última revisión que se hizo, no solamente para México, sino para toda Norteamérica fue hace 35 años. Tenemos que volver a revisar la parte taxonómica, la de distribución y las claves taxonómicas. Ese es uno de los trabajos que ya estamos haciendo aquí en el laboratorio”, apunta.
El investigador, quien ha hecho toda su carrera académica en la UNAM, precisa que Loxosceles es un género bastante amplio y diverso. Hay 133 especies documentadas en todo el mundo, de las cuales 39 son originarias de nuestro país, siendo el más diverso a nivel mundial. Ni más ni menos.
Esa cantidad implica un riesgo, por el interés médico del género: todas las especies se consideran de importancia médica debido a su mordedura venenosa, pero el dato debe matizarse. Hay muchos mitos asociados con estas arañas, asevera el investigador.
Mitos sobre un arácnido
Las arañas violinistas gozan de una injustificada mala fama. En este caso, la información disponible en Internet, particularmente en plataformas como Facebook, suele ser errónea y hasta alarmista.
“Regularmente todo el mundo conocen los riesgos de estas arañas. Saben de las arañas violinistas, lo ven en la televisión, en redes sociales, pero todavía hay muchos mitos en México. Y no solamente en México. Hablando con colegas sudamericanos, también allá, en Chile, Colombia, Argentina, hay bastantes mitos”.
Una de las falsas creencias más difundidas en México es que tenemos invasión de arañas violinistas provenientes de Sudamérica. Muchas veces cuando se maneja la palabra plaga o invasión se genera miedo y hasta pánico entre la población. En realidad no hay tal caso. Se nos olvida que hay 37 especies nativas y apenas dos son introducidas. Las originarias, nos recalca el investigador, han vivido durante millones de años en lo que ahora es el territorio nacional.
Parte de la labor de este grupo de trabajo es difundir información correcta, que sirva de contraste a la que circula en las redes sociales, que suele carecer de sustentos científicos. “Como laboratorio, como institución de la UNAM, lo que estamos haciendo es elaborar información por medio de carteles, de pláticas, de talleres. Damos conferencias en las escuelas, porque los niños son un grupo bastante vulnerable, pero que también están interesados en conocer este tipo de situaciones. Nuestro propósito como biólogos es proporcionar esta información a la sociedad, no solamente la cuestión científica, porque luego tendemos mucho a eso: generamos información como científicos, como zoólogos, pero esa información se queda en los papers o publicaciones o en el laboratorio; el resto del impacto social que tiene nunca se transmite”, acota.
Además, los niños son particularmente vulnerables. En caso de envenenamiento por picadura de alacrán o por mordedura de araña, en un menor siempre va a ser más agresiva la reacción, en comparación con un adulto.
Mordeduras y loxocelismo
En México hay dos géneros de importancia médica. Por una parte está el género Latrodectus, que incluye a las “famosas arañas” viudas negras o capulinas, cuyo veneno, a diferencia de las del género Loxosceles, es neurotóxico, ya que ataca al sistema nervioso central.
¿Cuál es la diferencia con el veneno de las arañas violinistas?, que el de estos arácnidos es “un complejo enzimático bastante grande, con diferentes tipos de enzimas y varios pesos moleculares, que provoca necrosis, es decir, muerte del tejido”. En casos muy extremos puede generar daño sistémico, con afectaciones a órganos internos como los riñones, el hígado o los intestinos, “y eso puede desembocar en casos fatales, acota.
“Es básicamente muerte de las células; es una apoptosis, debido al veneno, a la presencia de estas enzimas, y se va expandiendo”, detalla. Empieza con un ligero daño muy localizado, pero al paso de las horas, de los días, si no es tratado, empieza a crecer. Empieza como una úlcera, una pequeña llaga y va incrementándose al paso de las horas.
Desafortunadamente, el diagnóstico por mordedura de araña violinista suele complicarse. Algunas personas, cuando advierten lesiones en la piel, piensan que fueron víctimas de una mordedura de araña violinista, “por toda esta desinformación que hay en los medios”. Así, cuando acuden a una cita médica, sin tener ninguna evidencia, responsabilizan a esos arácnidos.
¿Qué puede haber pasado?, se pregunta el investigador, que muchas veces los cuadros de loxocelismo se pueden llegar a confundir con otros padecimientos, como pie diabético, lesiones cutáneas o fúngicas. Pero el diagnóstico, sin tener la plena conciencia que se trató de una mordedura de araña violinista, es bastante complicado. Incluso para los médicos.
Las pruebas más refinadas para identificar a plenitud la mordedura de uno de estos artrópodos se aplican en laboratorios de hospitales de alta especialidad, donde se cuenta con toxicólogos preparados en el manejo de estas técnicas, “y que por ende puede llegar a arrojar que realmente son casos fidedignos de loxocelismo”, asienta.
Otro inconveniente es la falta de registros fidedignos sobre mordeduras de estos arácnidos. Ni siquiera la Secretaría de Salud cuenta con un reporte confiable, toda vez que no se refina la información.
Esa situación se debe, en parte, a la dificultad que hay para identificar la mordedura de las violinistas. Sus quelíceros o colmillos son muy pequeños, a diferencia de otras arañas, que sí dejan una marca en la piel, como es el caso de la viuda negra.
Por si fuera poco, los accidentes con la violinista suelen ocurrir de noche, protagonizados por machos, que son errantes y buscan a las hembras, o están cazando: “se meten entre la ropa o las cobijas y ahí vienen los accidentes. El problema es que muchas veces la persona no siente que haya sido mordida; hay casos en los que no se siente la mordedura de este tipo de araña, ya hasta que presenta la lesión”, apunta.
Nuevos territorios
Como en muchas otras circunstancias, el cambio climático podría jugar un papel clave en la extensión de la zona de presencia de estos arácnidos. “Pensamos que el cambio climático en algún momento va a empezar a afectar a estos grupos de arañas. Es algo que vamos a estudiar. Si se aumenta la temperatura anual, en el país, en ciertas regiones, tal vez precipite que este grupo de arañas expanda su distribución o a lo mejor la reduzca. No lo sabemos. Es algo que está en proceso de ser investigado, pero no sería nada extraño que hubiera un aumento en la distribución de alguna de estas especies, sobre todo por los procesos de urbanización que hay, y por la deforestación en muchos lugares”, externa el investigador.
Sobre la presencia en lugares como la Ciudad de México, el Dr. Alejandro Valdez Mondragón señala que la especie registrada no es nativa de la ciudad, desconociéndose por qué medios fue introducida o transportada por el hombre.
Yassir Zárate Méndez



