Por José Antonio Alonso García –
Tal vez este padecimiento sea el más investigado, analizado y estudiado tanto en las clínicas como en los laboratorios académicos y farmacológicos. Y uno de sus cientos de investigadores es el joven doctor Gonzalo Ramírez García, del Centro de Física Aplicada y Tecnología Avanzada, ubicado en el campus Juriquilla de la UNAM.
En entrevista para El Faro en línea, Ramírez apunta que las anteriores “son cifras alarmantes y que cada vez nos exponemos más a situaciones que predisponen a esta condición”.
Optimismo científico
Ramírez García es doctor en Química molecular por la Universidad Pierre y Marie Curie y ha realizado estancias complementarias en Sudáfrica, España y Francia; sus intereses de investigación son la nanotecnología, los biosensores, la ciencia de materiales, la química analítica y las terapias inducidas por la luz.
Es un optimista de la ciencia. “Estamos en un momento crucial –afirma–, pues podemos aprovechar herramientas tan poderosas como la nanotecnología para prevenirlo (cáncer), lograr diagnósticos tempranos y proponer terapias más efectivas. Ahora tenemos la capacidad de modular la actividad de los nanomateriales, y creo que sí podemos acercarnos a mejores métodos de prevención y diagnóstico, así como al tratamiento o la cura”.

Inició su trayectoria en el Centro de Investigaciones en Óptica (León, Guanajuato) y después fue catedrático Conacyt en el Centro de Investigación en Química Aplicada, en Saltillo, donde estudió durante dos años cómo interrelacionar factores alimenticios con el cáncer.
Una nueva ciencia: la teranóstica
Actualmente, su principal línea de investigación es el desarrollo de nanomateriales activables con la luz para la detección y tratamiento de cáncer y moléculas asociadas. “En conjunto, diagnóstico y tratamiento constituyen una nueva área de la salud llamada teranóstica, la cual incluye la detección, terapia y seguimiento de la enfermedad”.

Estos nanomateriales, de entre uno y cien nanómetros (nanómetro: milmillonésima parte de un metro), ofrecen diferentes tipos de luminiscencia y la tarea del científico es modificar su superficie para hacerlos excitables y reactivos con la luz. Otra de las ventajas es que, al ser fotosensibles, funcionan como elementos de contraste, de modo que pueden usarse como agentes de diagnóstico para detectar células malignas.
“Por su luz sabemos exactamente dónde están y, de esa manera, poder irradiar las células malignas para inducir una respuesta. Además, también es factible anclar en su superficie algún elemento terapéutico, como moléculas capaces de producir radicales libres que alteren la maquinaria celular. También ofrecen la posibilidad de observar la evolución de la enfermedad hasta su cura o desaparición”.
Contra cáncer de mama y de piel
Dado que la luz penetra pocos milímetros en los tejidos orgánicos, los padecimientos que investiga el doctor Ramírez son algunos tipos de cáncer superficiales, como los de piel o de mama. Y de este último, uno que presenta un receptor llamado HER2, un tipo de cáncer particularmente agresivo.
Aduce el investigador que parte de su quehacer diario también es lograr que los nanomateriales puedan ser más eficientes para permitir su aplicación en niveles más profundos del organismo.
Hay logros destacables al respecto. Hace un par de años alcanzó un 88% en la erradicación de células cancerosas in vitro con solo cinco minutos de exposición a la luz infrarroja. Pero “podríamos haber hecho un segundo tratamiento de cinco minutos, y hubiéramos eliminado el 88% de las células restantes”.
No obstante, y pensando en el traslado del laboratorio a la clínica, “en vez de enfocarnos en la eficiencia in vitro nos estamos concentrando en cómo interactúan esas nanopartículas luminiscentes con el sistema inmune y, de manera particular, con las proteínas”.
En el proceso el joven científico ha de considerar todos los aspectos de compatibilidad, cómo lograr que las nanopartículas no hagan daño y que tampoco acarreen efectos secundarios.
¿Sustituirán a la quimio y radioterapia?
Es un problema complejo porque el sistema inmune, de manera natural, reconoce de inmediato cualquier objeto que penetra en el organismo, y su reacción instantánea es rechazarlo, ya sea biológico, como los virus y bacterias, o tecnológico, como los nanomateriales.
“Debemos trabajar mucho con la superficie de estos nanomateriales, con las estrategias con que los enviamos a su lugar de destino para que lleguen a los tumores y con que sean compatibles con el sistema inmune”.
Sobre la posibilidad de que algún día cercano los nanomateriales activados por luminiscencia puedan sustituir a las quimioterapias y radioterapias, el doctor Ramírez apunta que en el mediano plazo los diagnósticos y tratamientos con nanomateriales podrían ya combinarse con ambas terapias para mejorar sustancialmente la calidad de vida de los pacientes. “Algunos de los sistemas que buscamos desarrollar también podrían transportar un fármaco anticancerígeno, al igual que ahora lo hace la quimioterapia, pero de manera dirigida hacia las regiones afectadas”.
En el laboratorio, el equipo de investigación ha inducido tumores de cáncer de colon en ratones y posteriormente ha logrado su detección a través de la luminiscencia. No obstante, debe afrontar algunos inconvenientes, “como que algunas de nuestras nanopartículas son capturadas y neutralizadas por el sistema inmune, pero nos vamos acercando”.
Del diagnóstico a la prevención
Por el momento, el investigador no se plantea el desarrollo de algún fármaco contra el cáncer de mama o de piel, sino que centra sus esfuerzos en obtener agentes de diagnóstico más efectivos que permitan, por ejemplo, con una muestra de sangre, detectar ese tipo de enfermedades.
“Hemos tenido éxito en la detección de síndromes o parámetros asociados al cáncer. Por ejemplo, cuando se degradan las células tumorales y aumenta la concentración de fosfatos en la sangre, hemos sido capaces de cuantificar esos datos reveladores. Estamos perfeccionando herramientas que arrojarán información alterna y complementaria a los diagnósticos tradicionales”.
En el equipo colaboran tres alumnos de doctorado, dos de maestría y cuatro de licenciatura, y su gran ilusión es lograr en un futuro cercano una buena herramienta de diagnóstico que mejore el nivel de vida de las personas.
“Con un diagnóstico oportuno ya no serán necesarias terapias largas, dolorosas y costosas; por eso nuestro equipo está enfocado en desarrollar mejores herramientas de diagnóstico”. A un futuro más lejano, el doctor Gonzalo Ramírez García alienta la esperanza de desarrollar un tratamiento anticancerígeno.