
Un equipo de investigación de la Universidad Nacional Autónoma de México sede Tlaxcala confirmó el hallazgo de una nueva especie de araña violinista. Con esta serían 38 endémicas del país
Por Yassir Zárate Méndez

Loxosceles tenochtitlan es el nombre científico asignado por el doctor Alejandro Valdez-Mondragón, y en colaboración con las alumnas Claudia I. Navarro, Karen P. Solís-Catalán, Mayra R. Cortez-Roldán y Alma R. Juárez-Sánchez, de la Unidad Tlaxcala del Instituto de Biología (IB) de la UNAM, a la más reciente especie descrita del género Loxoceles. El territorio en el que se encuentra abarca el Valle de México, además del estado de Tlaxcala.
De este modo, se ratifica que el nuestro es el país con más especies de este tipo de arañas, 38 nativas y dos introducidas, comúnmente conocidas como violinistas.
Investigación básica
Desde hace tres años, el grupo encabezado por Valdez-Mondragón se ha dado a la tarea de identificar nuevas especies de Loxoceles. Casi de inmediato hubo resultados satisfactorios. En 2018, confirmó la identificación de una nueva especie, designada como Loxosceles malintzi. Esta especie se distribuye en regiones de los estados de Puebla, Morelos y Guerrero, donde llega a compartir hábitats con otras especies, como L. misteca. El hallazgo de L. malintzi representó un hito para la aracnología, y en particular para la investigación dedicada a Loxosceles, un género de importancia médica, como explicaremos más adelante.
“Loxosceles malintzi fue la primera que encontramos, que fue de Puebla, pero también se distribuye en Morelos y en Guerrero. Fue la que descubrimos hace dos años. ¿Cuál fue la relevancia de esa primera especie?, [pues] de que no se había encontrado una especie nueva en México, de este género, desde hacía 35 años”, destaca el integrante del Laboratorio de Aracnología, del Laboratorio Regional de Biodiversidad y Cultivo de Tejidos Vegetales del IB.
Fue a partir de colectas en campo, efectuadas en comunidades del estado de Puebla, que obtuvieron ejemplares de la que acabaría siendo designada como L. malintzi. Luego confirmaron que hay presencia de esta violinista en Morelos y Guerrero. Pero ese fue apenas el primer paso.
Loxosceles tenochtitlan
Durante cierto tiempo, algunos especímenes de otras arañas violinistas fueron confundidas con ejemplares de la especie recientemente identificada.
“Considerábamos que la especie del Valle de México era una especie introducida, que se parece mucho a Loxosceles misteca. Como parte de nuestra investigación, financiada por Ciencia Básica CONACYT, comenzamos a hacer estudios genéticos, y al usar marcadores mitocondriales, nos dimos cuenta que las poblaciones de la Ciudad de México, Estado de México y Tlaxcala pertenecían a una especie genética y morfológicamente diferente a L. misteca, con la que la confundíamos”, refiere Valdez-Mondragón.
De manera general, Loxosceles tenochtitlan es una de las especies que tiene bien marcado el patrón en forma de violín en la parte dorsal del caparazón, aspecto que da nombre a estas arañas.
En casos como este se utiliza la biología molecular en estudios de biología sistemática moderna. “Estas nuevas herramientas nos han ayudado mucho, no solamente en este grupo, sino en otros grupos faunísticos y florísticos, para separar especies que, hace años, solo con el apoyo de la morfología, pensábamos que eran lo mismo. Son herramientas modernas, innovadoras, que nos ayudan a conocer un poquito más la diversidad de los grupos biológicos”, asienta el investigador universitario.
Una de las metas que tiene el grupo es que, en un par de años, a partir de esta nueva evidencia molecular, puedan datar cuál fue la diversificación en un tiempo geológico de todas estas especies que hay en México, por qué hay esta abundancia comparada con la de otros países, donde solamente tienen una o dos especies.
Y es que con la adición de L. tenochtitlan, se tienen reportadas 38 especies endémicas de arañas violinistas, sumando en total 40, debido a la introducción, años atrás, de Loxosceles reclusa y Loxosceles rufescens. Si tomamos en cuenta que en el mundo hay registradas 140 especies del género, salta a la vista la riqueza que bulle en los ecosistemas mexicanos… aunque pasaron 35 años sin que hubiera nuevas noticias de estas especies.
Un territorio singular
El investigador considera que “biológicamente hablando, algo influyó para que aquí en México tengamos la mayor diversidad de especies de violinistas en todo el mundo”. Una explicación podría encontrarse en la orografía: “México está lleno de montañas: la Sierra Madre Oriental, la Sierra Madre Occidental, el Eje Neovolcánico, la Sierra Madre del Sur. Y todos estos procesos complejos geológicos, pues se ven reflejados en la diversidad faunística y florística. No por nada México tiene entre 10 y el 12% de la diversidad biológica en el mundo”.
En cuanto a la distribución territorial de las violinistas, el doctor Valdez-Mondragón detalla que la mayor diversidad se presenta principalmente hacia el norte del país en zonas áridas, disminuyendo hacia la parte sureste.
Los hábitats principales de estas especies son bosques, matorrales, selvas bajas, bosques subtropicales y desiertos. Sin embargo, también se las llega a encontrar en zonas urbanas, porque han colonizado esos ambientes, donde les damos las condiciones necesarias para que se puedan establecer en las casas.
“Todo mundo conoce o había escuchado hablar de las famosas arañas violinistas, porque son peligrosas y hay muchos mitos y realidades al respecto”. Aquí les vamos a explicar esas realidades para desterrar los mitos.
Especies de importancia médica
“Todas las arañas son venenosas, pero no todas son de importancia médica”, asienta el investigador, quien hizo su doctorado en el Instituto de Biología de la UNAM. En el planeta hay seis géneros principales de arañas de importancia médica, porque “de alguna manera el veneno daña tejido o daña sistema nervioso central, en caso de un accidente de mordedura con los humanos”, explica.
La finalidad del veneno de las arañas, y el de cualquier arácnido u otro animal que tenga veneno, es el de capturar, primero inmovilizando, para luego matar a las presas que sirven de alimento.
“¿Qué pasó en la evolución de estos venenos? Que ciertos componentes o trazas de la bioquímica de esos venenos nos generaron un problema a nosotros como primates. A la araña le sirve para alimentarse, pero desafortunadamente a nosotros nos genera una reacción local importante, que puede causar amputaciones e incluso la muerte, si hay un daño interno, que ya es un caso muy severo de loxoscelismo”, puntualiza.
En México hay alrededor de 2,000 a 2,300 especies de arañas, pero de ese universo arácnido, menos del 1% se considera de importancia médica. De hecho, solo dos géneros de arañas están en esa condición. Uno es el género Latrodectus, que incluye a las arañas capulinas o viudas negras, “que son estas arañas oscuras, que tienen la pancita roja o tienen un patrón en forma de reloj de arena rojo”. El otro género es Loxosceles, donde están las violinistas.
“En el caso de Loxosceles, las 140 especies se consideran de importancia médica, porque comparten una enzima en el veneno, que es esfingomielinasa D, que es la que provoca lesiones en la piel, como necrosis o gangrena, básicamente”, precisa el doctor Alejandro Valdez-Mondragón. Esto justifica que sean estudiadas.
Mordeduras de arañas violinistas
La mordedura de las arañas del género Loxosceles no se siente. En la mayoría de los casos, la gente presenta un daño a nivel tisular entre 24 y 48 horas después de la mordedura. El especialista acepta que “es muy complicado identificar los casos clínicos. Cuando te muerde una viuda negra, el cuadro es muy marcado. De entrada, sientes la mordedura de la araña. Empiezas con el dolor local y luego la afectación en el sistema nervioso central y otras complicaciones”.
¿Pero qué pasa con las arañas violinistas? Pues que muchas veces no se siente la mordedura. Es hasta que la persona afectada presenta alguna fricción a nivel tisular, que lo atribuye a una araña violinista.
El cuadro clínico de Loxosceles es bastante complicado de diagnosticar, pero hay ciertas señales que apuntan hacia loxoscelismo. La primera evidencia es una llaga en la zona de la mordedura, “el famoso ojo de buey, que consiste en una parte violácea, que empieza a cambiar de coloración y pasa a color rosa alrededor. Posteriormente, hay otros síntomas, a la par del daño tisular. Empiezas con dolor intenso en la zona de la mordedura, malestar general, vómito, dolor de cabeza y corporal. Esos son los síntomas principales”, detalla. En casos severos, el paciente puede fallecer.
En caso de sospecha de mordedura de araña violinista se debe acudir al médico lo antes posible. Además, hay un grupo de expertos toxicólogos que efectúa evaluaciones, que se facilitan en caso de que sea posible capturar al espécimen sospechoso. “Nos mandan una foto y podemos identificarlo”.
En el ánimo de desmentir mitos, el doctor Alejandro Valdez-Mondragón asegura que las arañas violinistas no son especies agresivas y que no atacan a las personas ni las persiguen. Eso es simplemente una noticia falsa. Los incidentes ocurren durante incursiones nocturnas de las arañas, cuando salen de sus escondites en las casas, escondites que muchas veces les ofrecemos nosotros mismos, al no limpiar nuestras viviendas.
Para despejar estas ideas equivocadas, Valdez-Mondragón ofrece conferencias en escuelas para explicar cuál es la naturaleza de las arañas violinistas. Ahí, destaca el papel que juegan en los ecosistemas e incluso en actividades como la agricultura.
Por lo pronto, el proyecto encabezado por este investigador continúa y tiene en puerta la identificación de otras especies de arañas violinistas, con lo que podría aumentar la lista de estos arácnidos. Pero también tiene interés en otros géneros.
“Formamos un grupo de trabajo bastante fuerte y productivo. Empezamos a investigar distintos aspectos: taxonómicos, de diversidad, morfología, cuestiones genéticas. Se puede dedicar la vida por completo a estudiar arañas Loxosceles”, concluye.
Es así como se mantiene la fascinación por estos arácnidos.



