Pablo y los Mosquitos

Susana López Charretón, Martha Yocupicio y Selene Zárate, Tercera entrega de la colección de divulgación científica de la Sociedad Mexicana de Virología, 2021.
Por Patricia de la Peña Sobarzo
En el marco de la celebración del Día del Niño, el pasado 30 de abril, El Colegio Nacional y la Sociedad Mexicana de Virología realizaron una lectura especial para presentar el libro Pablo y los mosquitos. Se trata de la tercera entrega que Susana López Charretón, Martha Yocupicio y Selene Zárate suman a la colección de divulgación científica que iniciaron con Pablo tiene sarampión y Pablo se queda en casa.

A través de la narración de Eva Lobatón –quien además ha sido la responsable de ilustrar bellamente los tres títulos de la colección– en Pablo y los mosquitos las autoras explican, con la frescura y el ingenio que ya les son característicos, por qué los mosquitos, a pesar de ser organismos tan pequeños, pueden llegar a ser tan peligrosos como las bestias más feroces.
La historia comienza con la celebración del cumpleaños de Pablo en una noche de campamento. Mientras Sofía, Luis y Pablo leen un libro sobre los animales más temibles, un mosquito se para en la cara del festejado. Alarmada, Sofía les cuenta que a su primo Juan le dio dengue por la picadura de un mosquito, aunque no logra explicar exactamente por qué ni cómo fue que esto sucedió. Es entonces cuando los tres amigos deciden acudir con su maestra para informarse.
Con el apoyo de Ana, una amiga científica de la maestra, los niños aprenden que los mosquitos hembra son los únicos que pican, pues la sangre, que es rica en nutrientes, les brinda la posibilidad de poner sus huevos. A diferencia de estas, los mosquitos macho solo se alimentan del néctar de las flores.
Una vez que un mosquito hembra ha picado a una persona, busca un lugar con agua para depositar sus huevos. Cuando un mosquito pica a una persona que ya está enferma, en la sangre que chupa también recoge el virus y lo multiplica. Así, cuando pica a otra persona, le transmite ese virus, y si a esa persona enferma le pica otro mosquito más, la enfermedad se sigue propagando hasta convertirse en una epidemia. De ahí la importancia de que la población participe a través de cuatro acciones fundamentales: tirando los envases que ya no sirven para impedir que en ellos se junte el agua; limpiando los lugares donde suele acumularse agua, como floreros, fuentes y macetas; volteando las cubetas u otros recipientes para que se sequen; y tapando los contenedores que se utilicen para almacenar agua.
En las zonas cercanas a ríos, lagos y lagunas, o en aquellos sitios donde hay mucha humedad, se debe evitar arrojar basura para que el agua no se ensucie ni se estanque. Sin duda, Pablo y los mosquitos es una lectura obligada para chicos y grandes, especialmente en estos tiempos, cuando el mundo entero ha constatado cómo los virus, esos organismos infinitamente pequeños, pueden llegar a ser mucho más peligrosos que la bestia más feroz.
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