La reconversión de suelos, factor en el desarrollo de pandemias

Por Yassir Zárate Méndez

La actividad humana actúa como un disparador de enfermedades que llegan a extenderse por una gran cantidad de países, como el actual brote de COVID-19, asentó el doctor Rodolfo Dirzo Minjarez, Premio Universidad Nacional 2003, durante la conferencia virtual “El impacto humano sobre la naturaleza: un detonador de pandemias”, impartida en El Colegio Nacional.
El investigador, radicado en Estados Unidos desde hace varios años, donde se desempeña como investigador en la Universidad de Stanford, citó al científico holandés y Premio Nobel de Química Paul Crutzen, quien acuñó el concepto denominado Antropoceno, como aquella era geológica marcada por la actividad humana, misma que ha dejado una huella nociva en la naturaleza, en muchos casos con consecuencias irreversibles, como la desaparición de especies de plantas y animales.
“El Antropoceno tiene una enorme cantidad de manifestaciones, siendo una de las más prominentes el impacto antropogénico sobre los sistemas biológicos, sobre los sistemas que mantienen la vida en el planeta. Uno de ellos es el impacto antropogénico con el cambio del uso de la tierra, con la situación de los terrenos, del área de terreno que tenemos en el planeta”, refirió.
Deforestación y defaunación

La tala inmoderada de bosques es uno de los rasgos distintivos del Antropoceno, lo que ha impactado en el equilibrio de los ecosistemas.
“Una métrica que es bastante utilizada para hacer referencia a este asunto tan profundo, el uso del terreno es la métrica de la deforestación. Hoy tenemos una tecnología verdaderamente fenomenal que nos permite hacer evaluaciones, manifestaciones, proyecciones y modelajes de la situación del impacto humano sobre el reino vegetal de muchas formas”, apuntó.
Rodolfo Dirzo agregó que, emparejada con la deforestación, ocurre la extinción masiva de especies animales que se encuentran en estado silvestre. Para describir este fenómeno, Dirzo ha acuñado el concepto de defaunación.
“Además del problema tan grave de la deforestación, tenemos el problema asociado de la fauna. Yo he querido usar un nombre que puede ser equivalente, que es el de defaunación, para hacer referencia al impacto humano sobre la vida animal en el planeta. La defaunación es un fenómeno que refleja muy bien lo que está pasando con los otros elementos de la biodiversidad planetaria”, expuso.
Es así como el cambio de uso de la tierra implica la contracción del hábitat de numerosas especies silvestres, lo que dispara el proceso de defaunación. A esto se agrega la explotación directa, la cacería y el tráfico ilegal, que sumadas también contribuyen a la desaparición de especies, a un ritmo tan acelerado como en las cinco extinciones masivas ocurridas en tiempos remotos.
Igual de nociva es la invasión de especies exóticas, que, al carecer de depredadores naturales, pueden llegar a acabar con especies endémicas, como ocurrió con el dodo y muchas otras en los últimos siglos. Asimismo, los “cambios en las estructuras climáticas también afectan a la fauna, impulsando la defaunación”, asentó Dirzo Minjarez.
En nuestro país, la actividad humana ha sido responsable de la desaparición de especies como el oso gris mexicano, el pájaro carpintero imperial, la foca monje del Caribe, la paloma de la isla del Socorro, el zanate del Lerma, el cóndor norteño, la carpita del Ameca, el cachorrito del Potosí, el ratón de la isla San Pedro Nolasco, la carpita de El Paso, la rata arrocera de Nelson y la caracara de Guadalupe, hasta sumar al menos 49 especies.
Biomasa animal

Apoyado en trabajos de otros investigadores, el doctor Dirzo, quien fuera académico del posgrado del Instituto de Ecología de la UNAM, destacó el decremento de la fauna silvestre en los últimos siglos, que ha sido sustituida por animales domesticados, que son criados en amplios terrenos que pasaron de ser bosques y selvas a extensos campos ganaderos.
Así, en los últimos 10,000 años, es decir, desde la última glaciación y el desarrollo de la agricultura y la ganadería, la biomasa de animales en estado silvestre pasó de 300 millones de toneladas, a tan solo 23 millones para 2015.
En contraste, la biomasa de animales domesticados pasó de 175 millones de toneladas en el año 1900, a 1,400 millones de toneladas, también para 2015. Este aumento tiene una consecuencia: la destrucción continua de terrenos boscosos y selváticos, para dar paso a la cría de ganado.
Asimismo, ese cambio de uso de suelos puede alentar el aumento de poblaciones de especies animales potencialmente peligrosas para los asentamientos humanos, al ser portadoras de patógenos.
De bosques a potreros
Un ejemplo dramático del impacto nocivo de la actividad humana en la naturaleza ocurre aquí mismo en nuestro país, donde se han deforestado miles de hectáreas de cobertura forestal, para dar paso a campos ganaderos. Eso es precisamente lo que ocurre en la región de Los Tuxtlas, en Veracruz.
Destacó que esa zona, durante muchas décadas, “ha venido convirtiéndose en potreros, dedicados a la ganadería”, a un ritmo de 4 por ciento al año de pérdida de superficie arbolada.
La ganadería implica un manejo, que a su vez acarrea el desarrollo de una extensa infraestructura para aprovechar y explotar las cabezas de ganado en los terrenos forestales o selváticos reconvertidos en potreros.
A medida que aumenta la biomasa de animales domesticados, particularmente aquellos dedicados a la alimentación humana, “también se va aumentando las posibilidades de contacto entre la fauna que quedó relegada, que existía en el bosque, que al deforestarla se convierte en sitios que ya no son apropiados para muchas de las especies, pero sí para algunas de ellas, como algunos murciélagos, que en esta infraestructura encuentran un lugar apropiado para existir, además del hecho de que la reducción de la cobertura forestal reduce las posibilidades de supervivencia de la fauna nativa, abre espacios para otra fauna que se acomoda a las situaciones transformadas por la actividad humana”, explicó el investigador, quien fuera académico de la Facultad de Ciencias de la UNAM.
Riesgo de pandemias
La destrucción del hábitat de especies silvestres aumenta el riesgo de que ocurran zoonosis, es decir, la transmisión de enfermedades desde hospederos animales a humanos, como se sospecha que ha ocurrido con la COVID-19.
“No les va a ser difícil imaginarse las consecuencias que esto tendría en términos de la incursión de este tipo de animales, en su contacto más directo con esta fauna, o directamente con los humanos. Los factores indirectos de derrame, que pueden ocurrir cuando tenemos todo este contingente de patógenos tan enorme. Es prácticamente inimaginable que no hayamos tenido otras pandemias similares a las que estamos sufriendo ahora, cuando estamos generando este tipo de facilitaciones del contacto entre humanos y estos portadores de patógenos”, advirtió el doctor Dirzo.
Para contrarrestar estos efectos negativos, el investigador de la Universidad de Stanford propuso acercar la ciencia a las generaciones más jóvenes, apoyar las áreas naturales protegidas y los esfuerzos locales de conservación, consumir menos carne y ser más empáticos con la naturaleza.



