Por Yassir Zárate Méndez
Antonio del Castillo, Dolores Rubio Ávila y José Guadalupe Aguilera son algunos de los personajes que han pasado por el tamiz de investigaciones efectuadas por la Dra. Lucero Morelos Rodríguez, responsable del Acervo Histórico del Instituto de Geología (IG) de la UNAM.

Se trata de algunos de los pioneros de la geología en México, cuyos perfiles y bosquejos biográficos se encuentran en artículos y libros publicados en los últimos años por la Dra. Morelos.
A esos especialistas se suman los nombres de las instituciones precursoras en el estudio de la geología y otras ciencias de la Tierra en nuestro país. Ese es el caso del Real Seminario de Minas, la Escuela Nacional de Ingenieros (cuya sede se encontraba en el actual Palacio de Minería) y el Instituto Geológico de México o Instituto Geológico Nacional, un ente público creado en el cenit del Porfiriato con miras a conocer mejor el potencial minero del país, pero también para perfilar su naturaleza.
El interés de la investigadora universitaria se centra en la historia de las ciencias geológicas en México y también en aquellas en las que se apoya la práctica minera, las instituciones y las personalidades clave en el quehacer y fomento de esa actividad, sobre todo en los siglos XIX y XX.
“Me he propuesto explorar los orígenes y los modelos institucionales de estas dependencias, que han impulsado desde el siglo XVIII la práctica minera y las ciencias de la Tierra, como las conocemos ahora, como la geología, a través del seguimiento de la trayectoria de científicos y de ingenieros, así como el rescate y puesta en valor de materiales documentales, didácticos y escritos”, detalla en entrevista para El faro en línea.
Producto de esos intereses, ha publicado algunos libros, como autora, coautora y coordinadora. El siguiente es un repaso del camino que ha seguido.
Un paseo de la mano con Clío
La Dra. Lucero Morelos Rodríguez cursó la licenciatura en Historia en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. De ese periodo data su acercamiento a personajes relacionados con la geología, la minería y disciplinas afines. Entre ellos se encuentra un ingeniero michoacano, quien jugó un papel clave en la consolidación de la geología y otras geociencias en el país.
“Mi interés se originó cuando elegí un tema de tesis en la licenciatura; el proyecto se enfocó en la trayectoria de los precursores de las ciencias de la Tierra, en particular de un ingeniero michoacano, Antonio del Castillo, fundador y director del Instituto Geológico Nacional” , puntualiza.
Fue así como inició un viaje de la mano de Clío, para trazar la trayectoria de esos pioneros, perfilando la formación que habían tenido y las instituciones a donde habían acudido a prepararse o que fundaron. De esa manera se fue acercando a este “fabuloso gremio de especialistas; después me interesó indagar un poco más sobre cómo, para qué o por qué se había creado un instituto geológico en México. Esa pregunta me llevó durante el doctorado a indagar otro tipo de fuentes”, añade la Dra. Morelos.
Cabe precisar que la maestría y el doctorado los cursó en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. En ese derrotero por la búsqueda de las fuentes institucionales para ubicar los primeros años de ejercicio del Instituto Geológico Nacional, tuvo lugar un hallazgo documental, lo que dio paso a su rescate y difusión a través de publicaciones.
“Las preguntas han sido sobre todo desde la historia, naturalmente, de quiénes son, por qué estudian eso y para qué. Ha sido una aventura muy disfrutable, muy rica, de la que siempre estoy aprendiendo, por supuesto, haciendo preguntas constantemente a los geólogos” , refiere.
Una mujer de polendas
En sus investigaciones, Morelos Rodríguez ha rescatado la figura de Dolores Rubio Ávila, una mujer de polendas.
Rubio fue la primera estudiante de ingeniería de México, inscrita en la Universidad Nacional en 1910. En un artículo, la investigadora universitaria se propuso rescatar la incursión de las mujeres que abrieron brecha en este campo del conocimiento en nuestro país.
De paso, buscó “entender también el contexto de la matrícula, la división de ciencias de la Tierra de la Facultad de Ingeniería, que hoy en día está 50-50. Más o menos 50 por ciento de inscritas y 50 por ciento de inscritos, aunque la piedra de toque fue esta mujer, Dolores Rubio, quien optó, por primera vez en la historia de este país, por estudiar y matricularse en una carrera de ingeniería”, asienta.
Dolores Rubio Ávila abre esa ruta, al ser la primera alumna inscrita, además de que se desempeña en un empleo remunerado, que hasta hoy día subsiste, que es la de preparadora del gabinete de mineralogía, geología y paleontología.
“Es muy interesante conocer a estas precursoras, a los pioneros y sus proyectos educativos que se han fraguado a lo largo de los siglos XIX y XX, teniendo como sostén a la ciencia, porque en este caso, la geología también fue parte de esa agenda del Estado desde el siglo XIX, siendo considerado como un saber estratégico”, resume.
El Paricutín, un joven de casi ochenta años
El 20 de febrero de 1943 nació el volcán más joven de América: el Paricutín. En un terreno de labor michoacano, la tierra se abrió de repente. Con el paso de los días, se consolidó el edificio volcánico.
Fue un auténtico suceso, que de inmediato atrajo al país a investigadores de otras latitudes, amén de geólogos, geofísicos e ingenieros mexicanos, a quienes se sumaron pintores, periodistas, cineastas y fotógrafos que dejaron constancia del suceso desde otra perspectiva. A propósito del material visual disponible, Morelos Rodríguez fraguó una nueva iniciativa.
“Lo que nos propusimos fue hacer una selección de material de un álbum fotográfico, que contiene imágenes que retratan el nacimiento y desarrollo del edificio volcánico más joven de América, es decir, el volcán Paricutín, que nació un 20 de febrero de 1943 en la meseta purépecha”, indica la Dra. Morelos.
Se trata de una selección de cien placas que dan forma al libro El Paricutín en 100 imágenes. Historia gráfica del nacimiento del volcán más joven de América, el cual se encuentra disponible de manera gratuita en esta dirección electrónica:
https://www.geologia.unam.mx/igl/docs/libros/Paricutin_Morelos2022.pdf .
La idea también es la de invitar al público a acercarse a estos contenidos documentales, así como a otros materiales hemerográficos generados por los especialistas entre 1943 y 1952, mientras se mantuvo activo el Paricutín, cuya erupción permitió, por primera vez en la historia, “documentar un ciclo completo de cómo surgía un volcán, cómo iba creciendo, qué materiales pirotécnicos arrojaba y, de manera simultánea, representó un espectáculo de la naturaleza, que dejó atónitos a los expertos y al público en general”.
Agrega que la comunidad científica hizo del Paricutín su objeto de estudio. Una importante cantidad de especialistas prácticamente se fue a vivir a las faldas del volcán, para estudiarlo día y noche.
En ese grupo heterogéneo había “mineralogistas, geólogos y expertos europeos, estadounidenses y mexicanos, que se aproximaron desde distintas trincheras, como el cine, la fotografía, y por supuesto la ciencia y la tecnología”, acota.
Mención aparte merece la participación de Gerardo Murillo, el Dr. Atl, cuya serie pictórica sobre el Paricutín sigue generando un profundo impacto.
La idea busca poner en valor la documentación generada por los geólogos en nuestro país, misma que está resguardada en el Acervo Histórico del IG, del que daremos cuenta en otros artículos de El faro en línea.




