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Proyecto Colmena sigue adelante

El Proyecto Colmena, que consiste en llevar micro robots de tecnología mexicana a la Luna, sigue su curso, afirmó el Dr. Gustavo Medina Tanco, líder de esta iniciativa del Laboratorio de Instrumentación Espacial (LINX), del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la UNAM. De esta manera, se prevé que la segunda fase se materialice en 2027, como se tenía planeado.

Por Yassir Zárate Méndez

Durante una charla con jóvenes universitarios, Medina Tanco refirió que a pesar del contratiempo que hubo con el módulo Peregrine, lanzado con rumbo a la Luna el pasado 8 de enero, Colmena mantiene su hoja de ruta, que incluye dos lanzamientos más, uno en 2027 y otro más en 2030. De esta manera, la UNAM mantiene la misión de enviar micro robots a nuestro satélite natural.

La carrera espacial

El investigador del ICN explicó a su joven auditorio que se ha reactivado una intensa carrera por llevar de vuelta a la humanidad al espacio. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurrió en el siglo XX, cuando se disputaban la hegemonía Estados Unidos y la Unión Soviética, la nueva contienda involucra a más actores, como Japón, Canadá y la Unión Europea, además de países con economías emergentes, que son los casos de China y la India, que en los últimos meses pisaron el acelerador a fondo y lograron alunizajes de naves no tripuladas.

Además, se ha sumado otro personaje que estaba fuera de la competencia hace más de medio siglo: la iniciativa privada. En el camino, se busca que los jóvenes participantes valoren sus aportaciones a esta iniciativa, sin importar su origen social o sus condiciones económicas, “ni la universidad donde estudian”. De este modo, se atiende la necesidad de participar en la carrera espacial.

“Llegamos tarde al desarrollo de empresas tecnológicas, ahora hay que subirse a la nave espacial”, sentenció el responsable del LINX.

Un vistazo al futuro

La participación de empresas trae consigo una bajada en los costos en la cadena productiva, y cuando bajan los costos, se abren oportunidades a los jóvenes, a las startups, a las pequeñas y medianas empresas y a la academia para participar en el sector aeroespacial, estimó el investigador universitario. Hasta hace unos años, expuso, era impensable que una universidad “como la nuestra”, participara en una misión a la Luna, debido a los altos costos de una aventura de ese tamaño.

“Sería totalmente impensada, porque este viaje costaría más que todo el presupuesto de la universidad en el último año, sin mencionar la tecnología”, refirió. Sin embargo, acotó que la revolución espacial que tiene lugar ahora mismo, “va a modificar todo completamente”.

A manera de ejemplo, mencionó nuevos servicios en torno al planeta, en las llamadas órbitas bajas. Esto significa que no solamente vamos a tener los satélites habituales, como los de observación de la Tierra, de meteorología, de telecomunicación, sino que habrá productos más innovadores, como polos industriales en el espacio, “en los que una nave orbita y presta servicios a clientes que quieren poner una fábrica que será como un gran contenedor”.

Allí se van a elaborar nanomateriales, semiconductores “sumamente especiales por las nuevas tecnologías”, así como moléculas para biotecnología destinados a tratamientos médicos novedosos. Se tratará de una nueva industrialización, aunque vaticinó que también se va a generar energía. Asimismo, proyectó la digitalización del espacio.

“Vamos a llevar allá los grandes sistemas de procesamiento y cálculo de empresas como Amazon o Google, que acaban calentando la biosfera y consumiendo una porción cada vez más creciente de energía en la Tierra. Usan más del 4% de la energía que se produce en el planeta”, asentó.

Prevé que este tipo de tecnológicas se pongan en órbita, con la ventaja de que no solo van a usar energía solar, sino que van a disipar esa energía al espacio exterior.

La nueva carrera espacial va a permitir “que pasen cosas nuevas”. Hará que el blockchain se dispare, ya que se puede usar este recurso no solo para dinero, sino para identificación de personas y elaboración de contratos, entre otras utilidades “que no nos imaginamos”. Ese proceso va a florecer en la próxima década. También va a comenzar a expandirse al mundo, y ocurrirá a partir “de los mayores premios, donde la Luna se va a volver parte de nuestra economía”, adujo.

Problemas en el espacio

En El faro dimos seguimiento puntual a las distintas fases del proyecto Colmena. Como estaba previsto, el módulo despegó desde Cabo Cañaveral el pasado 8 de enero, a bordo del módulo Peregrine, construido por la compañía Astrobotic Technology. Se trata de una nave “sumamente innovadora, que representa una nueva forma de ir al espacio”, con la colaboración de la iniciativa privada y que forma parte de “un gran esfuerzo de Estados Unidos para tratar de volcar el sector espacial hacia el sector comercial”.

Lamentablemente, tras su despegue, Peregrine presentó un problema después de la fase de separación. Así lo explica el responsable del LINX: “De los más de 500,000 componentes y piezas que tiene la nave, falló una valvulita, y esa valvulita provocó un proceso en cadena que acabó con una fisura por el exceso de presión en el tanque de combustible”. La fisura trajo dos consecuencias: por un lado, la pérdida de combustible, que “es obviamente fundamental para el viaje”, y, por otra parte, la fisura por donde escapó el combustible se transformó en una especie de motor, empujando a la nave, que tuvo dificultades para orientarse.

Llegó un momento crítico, en el que empezaron a descargarse las baterías de Peregrine, por lo que estuvo a minutos de perderse la carga por completo. Gracias a maniobras hechas desde el control de la misión, se pudo recuperarla y reorientarla hacia el Sol para que volviera a funcionar.

“Entre la pérdida de combustible y el hecho de tener esa especie de motor empujando la nave, se consumió más combustible para mantener la nave orientada hacia el Sol. ¿Cuál fue el resultado de eso? Que el alunizaje quedara comprometido. No se iba a poder hacer. Se estabilizó la nave para seguir la trayectoria hacia la Luna y tratar, por lo menos, de validar la tecnología que había allí. Eso nos viene muy bien, porque los principales objetivos de la misión eran validar la tecnología, el diseño, la construcción, la supervivencia al lanzamiento y la certificación, además de la validación de la tecnología en la Luna”, explicó el universitario.

Colmena, segunda fase

A pesar de este contratiempo, Gustavo Medina Tanco anunció que se mantiene la previsión para Colmena. Es así como la segunda fase de la misión se espera completarla para 2027. Esta incluirá otro tipo de robots, “que no van a tener nada que ver con los de Colmena 1, porque el objetivo de ellos es validar la aplicación”.
En esa misión irán dos o tres tipos de robots diferentes, considerados como opción viable para que operen en la Luna, y de esos se elija un modelo, que muy probablemente va a ser una fusión de diferentes aspectos para la misión de 2030. Así se tendría una plataforma de tecnología para trabajar en prospección y explotación minera en la Luna.

“México podría participar en asociación con otros países y empresas para hacer proyectos mineros en la Luna. Y después de eso tenemos planeada una misión a un asteroide, que es más complejo, pero también está en la línea del proyecto”, anunció el Dr. Medina Campo, quien subrayó que Colmena es un proceso, que implica un proyecto para desarrollar una estrategia basada en tecnología y luego validarla a nivel internacional.

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