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Quelites de mi salud

Son tantos, que están casi en todas partes. Hasta en la sopa. Así lo atestigua el Recetario de quelites de la zona centro y sur de México, un hermoso compendio de sabores tradicionales editado por el Instituto de Biología de la UNAM.

Por José Antonio Alonso García – 

Hoy que estamos redescubriendo y revalorando la sabiduría y tradiciones de nuestros antepasados para contrarrestar la dieta moderna, así como enfermedades antes poco vistas, como la obesidad y la diabetes, volvemos la vista al ayer para recuperar lo bueno que el tiempo y otras circunstancias relegaron al olvido.

El doctor Robert Arthur Bye, del Jardín Botánico del Instituto de Biología de la UNAM, lleva casi 40 años investigando a los quelites de México. De origen estadounidense, este científico estima que “en todo el país hay cerca de 500 tipos de quelites, plantas cuyas hojas, tallos tiernos y en ocasiones las inflorescencias inmaduras se consumen como verdura”.

Técnica de alimentación prehispánica

Para la gente que vive en el campo, los quelites son parte de su ciclo natural alimenticio, porque después de sembrar el maíz, con las lluvias empieza a crecer en la milpa la hierba, pero algunas de estas plantas, erróneamente consideradas maleza, son comestibles. “Los campesinos cosechan y comen quelites frescos por lo menos durante un mes, mientras el maíz está creciendo. Después, en el caso de los rarámuris y otros grupos originarios, lo secan y lo conservan durante uno o dos años. Es una técnica de alimentación prehispánica”, explica Bye, una de cuyas líneas de investigación es la documentación histórica de los recursos vegetales útiles de México.

Hace 500 años, comenta el científico, los habitantes del Valle de Anáhuac consumían en su dieta diaria casi 100 tipos de quelites, sin embargo, hoy solo reconocemos menos de 15 de esa centena.

Beneficios en abundancia

A lo largo y ancho de México, la gente del campo prepara y degusta quintoniles, huazontle, amaranto (el brócoli mexicano), epazote, romeritos, verdolagas, berros, espinacas, pápalo, que son algunos de los quelites más conocidos y consumidos. No obstante, cada región del país tiene su especie preferida. Por ejemplo, en Yucatán se come mucho la hoja de la chaya, que ofrece un sabor semejante a la col. Entre sus muchos beneficios, de acuerdo con el Instituto Nacional de Nutrición, este quelite mejora la circulación de la sangre, favorece la digestión y la visión, desinflama las venas y hemorroides, ayuda a bajar el colesterol y de peso, aumenta el calcio en los huesos, descongestiona y desinfecta los pulmones, previene la anemia al reemplazar el hierro en la sangre, mejora la memoria y las funciones cerebrales y combate la artritis y la diabetes.

Los quelites se consumen de muchas formas. Algunas hojas y tallos se comen crudos. Otros se cuecen o fríen ligeramente y se combinan con sopas, tacos, quesadillas, pinole o esquites. En algunos platillos constituyen el componente principal y en otros sirven de condimento. También se usan con propósitos medicinales.

Del almidón procesado a la verdolaga

A nivel mundial, comenta Bye, la gente que solo está comiendo almidón procesado y no este tipo de verduras tiene problemas de colesterol, cardiacos, de obesidad. La verdolaga ayuda a resolver esto, porque es una fuente muy importante de omega 3 y omega 6, elementos nutricionales que están adquiriendo mucha fama e importancia para la dieta, por sus beneficios para la salud, y en concreto para el corazón. Además, algunos quelites contienen antioxidantes. Estos hallazgos han hecho que, en colaboración con el Instituto Nacional de Nutrición, los investigadores del Jardín Botánico efectúen una gran labor de estudio y análisis de las propiedades de estos alimentos tradicionales.

“Hemos encontrado a un campesino que cultiva verdolaga todo el año y manda cada día como una tonelada a Chicago. Lo que queremos hacer ahora es incrementar el consumo de quelites a nivel local, que cada comunidad reconozca sus quelites y por eso estamos trabajando con gente mayor en muchos lugares y en los talleres los tenemos a ellos junto con los niños de la escuela. Además, uno de nuestros retos es empezar a domesticar algunos quelites mexicanos, hacer fitomejoramiento”, concluye este científico.

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