30 años de la Conabio (Parte 2)

Por Patricia de la Peña Sobarzo –

En la década de los 90, en México muchos creían que la deforestación era el precio que había de pagarse para incrementar las economías. No obstante, el doctor José Sarukhán, exdirector del Instituto de Biología y exrector de la UNAM, vio una alternativa y propuso lo que sería el programa de biodiversidad más exitoso en la historia del país: la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio).
Como un reconocimiento a su trayectoria en el estudio de la riqueza biológica y por la fundación de esta institución única a nivel mundial, en 2017, el doctor Sarukhán recibió el Premio Tyler por Logro Ambiental, el galardón más importante en ecología otorgado por Estados Unidos.
Durante su intervención en la mesa magistral que, como parte de las celebraciones por los primeros treinta años de la Conabio, tuvo lugar en El Colegio Nacional, el doctor Sarukhán narró algunos de los momentos más significativos que llevaron a consolidar a esta institución como un ejemplo en materia de desarrollo de tecnologías y estrategias para el conocimiento y uso de la biodiversidad.
Los primeros años de la Conabio
Con un presupuesto reducido y un equipo de pequeño de colaboradores, la Conabio comenzó a trabajar básicamente con los datos obtenidos de las Colecciones Científicas Mexicanas, en las cuales había datos valiosos, incluso de antes del siglo XVIII. Adicionalmente, encontró otras colecciones sobre biodiversidad mexicana en instituciones fuera del país, sobre todo de Estados Unidos, por lo que se abocó a recuperar la información correspondiente.
Sin embargo, se trataba de un listado de nombres en latín acompañando a los ejemplares. Esto hacía que ese material fuera accesible solo para un grupo muy reducido de personas, a pesar de tratarse –en el caso del Herbario Nacional y las Colecciones Nacionales– de esfuerzos realizados por la UNAM, es decir, con fondos públicos.

Ante esta realidad, el doctor Sarukhán y su equipo se propusieron hacer accesible esa información para la sociedad en general. Su primer reto fue dar contexto a esos datos, a través del desarrollo de sistemas de información geográfica que les permitiera conocer la distribución de los elementos fundamentales del ambiente en México, tales como climas, precipitaciones, geología, tipos de suelos y de pendientes, entre otros.
“Esto llevó tiempo, pero Conabio pudo formar un espléndido cuadro de sistemas de información geográfica que nos permitió dar un brinco hacia la parte del conocimiento”, externó el doctor Sarukhán.
El segundo reto fue aprovechar los recursos del presupuesto de la Conabio destinados a apoyar la investigación en las universidades e instituciones dedicadas al conocimiento de la biota mexicana. Se seleccionaron proyectos enfocados a cubrir la información faltante, con la idea de no volver a depender de la información que se encontraba en otros países y aumentar el conocimiento nativo. Esto fue lo que llevó al crecimiento del Sistema Nacional de Información de Biodiversidad (SNIB), la base más completa para uno de los países más grandes del mundo.
Surge el satélite de detección de incendios
La primera solicitud directa que recibió Conabio para desarrollar una tecnología específica llegó en 1998, un año que debido a la acumulación de materia orgánica seca en los suelos de bosques y selvas, provocada por las altas temperaturas y sumada a otros factores producidos por la intervención humana, se caracterizó por grandes incendios en amplias zonas de México cubiertas por masa forestal, aunque el fenómeno se dio también en otros países.
Siendo entonces secretaria de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca la doctora Julia Carabias, y ante las críticas vertidas desde la prensa sobre la gestión para hacer frente a los incendios, la funcionaria solicitó a la Conabio información sobre el impacto en las áreas más importantes, desde el punto de vista de la biodiversidad mexicana.
“En aquel momento no teníamos elementos con los cuales proporcionarle una respuesta sólida, por lo que la Conabio recurrió a la Fuerza Aérea de los Estados Unidos para obtener información que esta nos entregó en bruto, pues se negaron a ayudarnos para realizar la decodificación correspondiente”, relató Sarukhán.
Luego de una intensa labor, personal de la Conabio decodificó esos datos para generar la primera visión que existió sobre incendios en México, la cual se fue perfeccionando hasta que, finalmente, se logró realizar el primer reporte sobre daños a la biodiversidad por esta causa. Sin embargo, después de algún tiempo, la Conabio decidió que no podía seguir dependiendo de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y se dio a la tarea de obtener información a través de satélites artificiales.
“No obstante, se tuvo que hacer un enorme esfuerzo por aprender a distinguir lo que las imágenes del satélite decían, puesto que un punto de calor podía ser desde una chimenea muy intensa en una industria, como las de los pozos petroleros, hasta un fuego agrícola”, puntualizó el exrector de la UNAM.
Esto tomó mucho trabajo durante los primeros dos años, pero dio como resultado un sistema totalmente automatizado con el que ahora cuenta la Conabio. Este consiste en una franja del satélite que ve la imagen, va tomando los puntos de calor y los selecciona estado por estado. Veinte minutos después, los envía a cada una de las entidades para que tengan conocimiento de los lugares donde hay incendios.
Este sistema cuenta con toda la información geográfica: carreteras, puertos de observación, poblaciones cercanas, entre muchos otros, “de manera que puede ayudar de la mejor manera posible al combate de incendios, reducir los daños consecuencia de estos y, desde luego, a reducir las pérdidas de vidas de los brigadistas que trabajan para la Comisión Nacional Forestal”.
Actualmente, este es el sistema más automatizado y confiable que hay para cada uno de los estados de la República Mexicana, cuya información también se suministra a todos los países de Centroamérica. La banda del satélite cubre hasta el sur de Panamá y norte de Colombia, de manera que también a ellos la Conabio les envía información veinte minutos después de haber pasado el satélite, lo que sucede ocho veces al día.
Una sola tecnología, decenas de beneficios
La Conabio monitorea decenas de eventos utilizando la misma tecnología que desarrolló para la detección de incendios. Destaca entre estos la vigilancia que, desde hace 25 años realiza sobre los manglares mexicanos con una precisión de una hectárea, lo que permite saber qué se ha perdido y qué se conserva; qué se ha ganado y porqué.
Se trata de información accesible al público en general y que puede ser fundamental para denunciar actos indebidos. Tal es el caso de varias organizaciones no gubernamentales dedicadas al cuidado de los manglares, que la han utilizado para denunciar la destrucción de esos ecosistemas.
México ocupa el quinto lugar en áreas de distribución de manglares y esta es una herramienta de uso social, muy fácil de utilizar por cualquier persona.
“Lo único que tienen que hacer es pararse con su tableta o computadora en el campo y conectarse por satélite con la Conabio, para obtener información sobre cómo ha cambiado en los últimos cinco años esa zona del manglar en la que están parados. Es el mejor monitoreo que pueden obtener”, aseguró satisfecho Sarukhán, al concluir el relato de esta, que es una de las muchas historias de éxito de la Conabio.

