
Por Patricia de la Peña Sobarzo –
Por un lado, se tiene la diversidad genética que constituye la materia prima para que las instancias respectivas, principalmente la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), impulsen programas de mejoramiento con la finalidad de alcanzar una mayor producción y adaptación a diferentes condiciones ambientales y a los efectos climatológicos.
Por otra parte, está la diversidad de variedades, cultivos y especies no solo agropecuarias, sino también acuícolas, pesqueras, microbianas y de invertebrados que favorecen la alimentación saludable, nutritiva y diversificada de los mexicanos. Finalmente, la biodiversidad es parte estructural de los ecosistemas que cumplen funciones y servicios muy importantes, como filtración de agua, retención de suelos, polinización, entre muchos otros, que contribuyen a la producción de alimentos y con ello, a la seguridad alimentaria y el bienestar de la población.
“ha generado valiosas herramientas tecnológicas, únicas en el mundo, para impulsar diversas acciones enfocadas hacia el conocimiento y monitoreo de la diversidad biológica de México, la cual tiene un vínculo muy importante con la población rural, ya que es esta la que lleva a cabo sus actividades en el territorio, muchas veces en proximidad o incluso inmersos en las diferentes manifestaciones de la biodiversidad”. Dr. Víctor Villalobos Arámbula
Durante su intervención en la mesa magistral que tuvo lugar en las instalaciones de El Colegio Nacional, como parte de las celebraciones por los primeros treinta años de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), el doctor Víctor Villalobos Arámbula, secretario de Agricultura y Desarrollo Rural, reconoció el trabajo puntual y sistémico con que la Conabio.
La Conabio en el control biológico de plagas
En este mismo marco, el doctor José Sarukhán, a la sazón coordinador nacional de la Conabio, relató una de las tantas historias de éxito de esta institución, relacionada con el control biológico de plagas para preservar uno de los cultivos más importantes de México. Se trata de un hecho que comenzó con la solución a un problema global, derivando en la generación de una tecnología de interpretación del territorio.
Antecedentes
La grana cochinilla es un hemíptero que crece sobre los nopales y que produce ácido carmínico, un colorante natural que desde hace mucho tiempo se usa como tintura de textiles no solo en México, sino en toda América del Sur, donde también crece el nopal.

En el siglo XVIII, tras la Revolución Americana, los británicos experimentaron una sobrepoblación carcelaria que los llevó a convertir a Australia en una enorme prisión. Los soldados que cuidaban el lugar vestían las casacas rojas, mismas que eran teñidas con grana cochinilla que importaban desde distintos países de América. Sin embargo, en algún momento pensaron que sería mejor dejar de depender de otros países y se trasladaron a Argentina para tomar de ahí unos nopales; los llevaron a Australia, los sembraron, cosecharon y pudieron suministrar su propia industria de colorantes.
“El problema fue que, al momento de introducir los nopales –que probablemente eran Opuntia monocantha y otras dos o tres especies más– la falta de control biológico en sus plantaciones provocó que, como en Australia no existían anteriormente nopales, estos empezaron a cubrir millones de hectáreas provocando que fuera imposible pastorear al ganado, entre otros problemas”, explicó Sarukhán.
Probaron de todo para reducir la enorme extensión cubierta por Opuntia, hasta que a alguno se le ocurrió preguntarse por qué no había tanta en el sitio de donde la habían extraído en Argentina. Así que volvieron a aquel lugar, estudiaron y se dieron cuenta que existía una palomilla (Cactoblastis cactorum) que ovipositaba en las pencas de los nopales y las larvas se comían las puntas de estos, lo que reducía el tamaño de las plantas y su capacidad de reproducción.

Llevaron la palomilla a Australia, la estudiaron y la reprodujeron hasta que logró limpiar los 30 millones de hectáreas de nopales. Su agradecimiento fue tan grande por el servicio que dio a los australianos, que en la década de los sesenta erigieron el Cactoblastis Monument, un monumento dedicado a esta palomilla que se encuentra en el distrito de Dalby, Queensland.
Conabio en la generación de tecnologías para la interpretación del territorio
Varias décadas después de la experiencia británica en Australia, los promotores turísticos de algunas islas del Caribe recibían muchas quejas por parte de los visitantes, porque en las playas había Opuntia que les picaba los pies mientras caminaban descalzos sobre la arena. Entonces, alguien pensó que si en Australia habían podido limpiar de Opuntia con Cactoblastis cactorum, por qué no hacer lo mismo, y movieron la palomilla del continente americano hacia el Caribe.
“¿Y qué pasó? Como pueden imaginar, entre la capacidad de vuelo de la palomilla y los huracanes, esta empezó a moverse de isla en isla en el Caribe hasta que llegó a Florida y de ahí se fue distribuyendo hacia Texas y otras partes, lo que significaba un peligro potencial para muchos nopales de Estados Unidos, pero sobre todo para los de México”.
Considerando que nuestro país alberga la mayor diversidad de especies de Opuntia en el mundo –83 especies entre las que se encuentran los nopales y de las cuales 53 son endémicas– cuando tuvieron conocimiento de esta situación, los doctores Sarukhán y Soberón fueron a la Smithsonian Institution para revisar la distribución de Cactoblastis cactorum en Sudamérica.

Una vez que recolectaron los datos de los lugares en donde tenía presencia, construyeron con estos un mapa de bioclimas en los que la palomilla podía sobrevivir perfectamente. Al percatarse de que existía una enorme probabilidad de que llegara a México y acabara con todas las especies de Opuntia en el Altiplano Mexicano, dieron parte tanto a la Secretaría de Agricultura del gobierno mexicano, como al Departamento del Interior de los Estados Unidos, la instancia encargada de atender los asuntos relacionados con la protección de especies en peligro de extinción en ese país.
Así fue como Estados Unidos pudo reaccionar a tiempo, poniendo vedas para que varias especies de nopales que estaban en peligro de extinción no fueran atacadas, y encargándose de cazar y eliminar a la palomilla. Por su parte, la Secretaría de Agricultura del gobierno de México emitió una alerta nacional para vigilar los lugares por donde podría entrar a nuestro territorio.
“Afortunadamente, gracias a la información que proporcionamos con oportunidad, se pudo frenar y combatir. Esto fue un primer punto de contribución a una política pública de defensa concreta de la biodiversidad mexicana”, expresó el doctor Sarukhán.
Pero la generación de esta tecnología para la interpretación del territorio –que data del año 2006– no se quedaría ahí, pues desde entonces ha resultado en una herramienta muy útil, factible de aplicarse a innumerables circunstancias, como predecir la migración de especies vectores de enfermedades conforme el cambio climático las vaya desplazando, y una serie de elementos más vinculados a la conservación de especies en peligro de extinción.
“Y no hay nada que hayamos ido a comprar; todo, absolutamente todo el software, el trabajo de desarrollo de bioinformática con el que cuenta la Conabio, se ha hecho en casa”, concluyó satisfecho Sarukhán, antes de pasar a narrar otros momentos significativos en la historia ejemplar de esta institución.
Con esta tecnología, sumada a otras capacidades con las que ya para entonces contaba la Conabio, tales como la recopilación de información biológica a través del SNIB; de información geográfica, climática y ecológica con los sistemas de información geográfica; y el sistema automatizado de detección de incendios, la institución se consolidaba como la más importante a nivel mundial en materia de generación y manejo de numerosas herramientas de análisis de la biodiversidad.

