Yassir Zárate Méndez
Debido a esa cercanía con las fiestas decembrinas, fue que se le dio el nombre de El Niño, por la Natividad del Niño Dios, de acuerdo con el canon cristiano.
El fenómeno se presentaba en plazos irregulares, pero de manera recurrente. Es decir, a diferencia de otros eventos, había años en los que ocurría esa situación, y otros en los que había cierta normalidad. Pero también empezaron a identificar que había años en los que las aguas oceánicas se enfriaban más de lo habitual; siguiendo la lógica del nombre dado a El Niño, en un primer momento se llamó al segundo fenómeno como el anti-Niño o El Viejo. Sin embargo, acabó por imponerse otro nombre: La Niña.
Un hecho con nombre y apellido

El faro en línea conversó con la Dra. Christian Domínguez Sarmiento, investigadora del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC)”, de la UNAM, a propósito de este suceso meteorológico, del que, explica, “tiene nombre y apellido”: se trata de El Niño/Oscilación del Sur (ENOS), “un fenómeno natural caracterizado por la fluctuación de las temperaturas del océano en la parte central y oriental del Pacífico ecuatorial, asociada a cambios en la atmósfera”, precisa la OMM.
Asimismo, el organismo multilateral precisa que “El Niño y La Niña son los componentes oceánicos, mientras que la Oscilación del Sur es el componente atmosférico, y ambos dan origen al término El Niño/Oscilación del Sur. Este fenómeno comprende tres fases: El Niño, La Niña y una fase neutra”.
La investigadora universitaria puntualiza que, durante la ocurrencia de La Niña, se presentan anomalías negativas en la temperatura de la superficie del Pacífico tropical, una franja que va desde las costas de Perú y Ecuador hasta Australia.
“Las temperaturas son más frías que lo normal, es decir, de un promedio que los científicos tenemos en 30 años, más o menos, de lo que llamamos clima. Vemos esas anomalías y si está más frío que en otras temporadas, esto es una anomalía negativa en la temperatura de la superficie del mar”, agrega.
Acepta que, si bien la definición es sencilla, trae muchas implicaciones en la temperatura ambiente y en las precipitaciones pluviales o la ausencia de estas, es decir, en eventuales sequías. Una vez más se encuentra implícita la estrecha relación entre el oceáno, la atmósfera y el suelo.

“La parte del océano tiene una respuesta atmosférica. Esto significa que a nivel mundial cambian los patrones a los que estamos acostumbrados, tanto en invierno como en verano, dependiendo de cuánto dure”, refiere.
La OMM indica que los episodios de El Niño empiezan con un calentamiento a gran escala de las aguas de superficie en la parte central y oriental del Pacífico ecuatorial, mientras que en los episodios de La Niña se produce un enfriamiento a gran escala de las temperaturas de la superficie del océano en la misma región del Pacífico.
Impacto a distancia
El asunto es que la influencia de ENOS se extiende a varias partes del planeta, aunque se ha avanzado notablemente en su comprensión y descripción.
A manera de ejemplo, la Dra. Domínguez refiere que, durante el invierno, en México se presentan normalmente bajas temperaturas, pero cuando ocurre La Niña, “vemos cambios”, que tienen como consecuencia inviernos más cálidos de los acostumbrados.
Actualmente, se vive un periodo correspondiente a La Niña, que comenzó desde 2020 y se prevé que se alargue excepcionalmente hasta finales de este año. En este caso, desde diciembre de 2021 y hasta al menos mayo de este año se han registrado altas temperaturas.
“Hubo mucho calor desde diciembre, y de ahí se extendió hasta mayo; parecía que nos estábamos incendiado en la Ciudad de México, con días muy calientes. Se alcanzaron 30 grados centígrados, y hasta 35 en algunos lugares, sobre todo en el centro de la ciudad. Algo similar también ocurrió a nivel nacional. Se dieron temperaturas más altas de las acostumbradas. Ahora vemos un cambio en los patrones con respecto a los que estamos acostumbrados en invierno y en verano”, abunda la integrante del ICAyCC.
En invierno, se sabe que La Niña influye para que en el norte del país, principalmente, llueva menos que en años en los que no se registra el fenómeno.
Esto no significa que deje de llover totalmente, pero si en esa región estaban acostumbrados a que en invierno lloviera entre 100 y 200 milímetros (un milímetro equivale a un litro por metro cuadrado), durante La Niña puede llover mucho menos de 100 milímetros, tal vez 20 o 50 milímetros, por ejemplo. Eso es menos de lo que regularmente tienen, puntualiza.
En consecuencia, hay impactos sociales, empezando con actividades como la agricultura, la ganadería o en la disponibilidad de agua para uso cotidiano o en el nivel de las presas.
“Actualmente, Estados Unidos tiene temperaturas muy altas; Europa enfrenta una ola de calor. Yo me atrevería a decir que estos cambios en los patrones mundiales de viento están relacionados con La Niña”, señala.
Los episodios de El Niño pueden tener el efecto general de producir un aumento de la temperatura media en la superficie a nivel mundial, mientras que los episodios de La Niña tienen un efecto de tendencia al enfriamiento. El intenso episodio de El Niño de 1997/1998 fue seguido por un largo episodio anómalo de La Niña, que empezó hacia mediados de 1998 y terminó a principios de 2001, con un claro efecto en las temperaturas mundiales, afirma la Organización Meteorológica Mundial.
Una Niña inusualmente prolongada
En esta ocasión, La Niña se ha extendido más allá del periodo que suele tener, una anomalía que no se presentaba desde hace veinte años, a decir de la investigadora del ICAyCC. Regularmente, La Niña dura un año, y ocasionalmente se puede prolongar hasta el siguiente; sin embargo, ahora ya lleva tres años.
“La tenemos desde 2020, cuando se formó más o menos entre mayo y junio de ese año. Luego continuó todo 2021 y va a mantenerse este 2022. Esto no se había presentado desde 1998, 1999 y 2000, una Niña que duró todos esos años y en la que México tuvo muchos impactos, como incendios forestales e inundaciones. Este es un fenómeno muy parecido al de la Niña de 1998-2000”, sostiene la experta universitaria.
Y una vez que finalice La Niña, se espera que ocurra un evento neutral, seguido por un probable retorno de El Niño, lo que podría significar que habrá una reducción de las lluvias en la zona centro-sur del país. La evidencia recogida a raíz del evento de 1998-2000 así lo deja entrever, ya que en 2002 ocurrió un evento de El Niño que duró hasta principios de 2003.
Se trata de una analogía de lo que ha pasado en otros años, y no propiamente un pronóstico. A este cuadro se debe añadir el factor del cambio climático, que podría acentuar los efectos del ENOS. Cuando hablamos de clima, debemos entender que se trata de un sistema entre el océano, la atmósfera y el suelo, que son los principales componentes del sistema climático. Las repercusiones que tenga la atmósfera a largo plazo, tarde o temprano tendrá impacto en el océano y en el suelo, o viceversa, se retroalimentan entre ellos.
Es un tema muy complicado por estas interacciones, “pero lo que se sabe en cuanto a El Niño o La Niña es que sus efectos se van a ver más exacerbados, van a ser mucho más intensos de lo que regularmente teníamos antes. Por ejemplo, lo que se sabe con el cambio climático es que las sequías en el norte del país van a ser más frecuentes y extremas”, describe.
Medidas a tiempo
Estas condiciones llaman la atención, por los impactos sociales que tienen, apunta, y cita el ejemplo de lo que ha ocurrido en Nuevo León, donde se presentaron cortes en el suministro de agua potable o lo que se vivió en 2021 en Chihuahua, que derivó en un conflicto social, con repercusiones en las relaciones entre México y Estados Unidos por las cuotas de agua que cada país debe recibir.
“Siempre hay una relación entre el clima y la sociedad, y lo que pase con estos fenómenos climáticos, que hablamos muy científicamente, pero la gente lo ve en sus repercusiones, como los campesinos o la gente que vive en el norte, que no necesita dedicarse a la agricultura, pero que no tienen agua para bañarse o para bajarle a la taza del baño. Son situaciones graves que va aunado el fenómeno climático que tenemos”, lamenta.
Por ello, se pregunta qué acciones tienen que emprender las sociedades para hacer frente a la situación. Sin embargo, apunta que en ocasiones, las autoridades se muestran omisas, a pesar de contar con suficiente información aportada por los investigadores.
“Me llama mucho la atención que se tiene esa información con meses de antelación, se conocen los pronósticos climáticos de lluvia y temperatura, pero no se toman medidas anticipadas; por qué no consultan a científicos para que les asesoren y así tomar medidas preventivas para enfrentar las sequías y su consecuente escasez de agua. La parte de cómo operan los tomadores de decisiones no me queda clara”, externa.
Apoyada en los modelos de predicción, adelanta que la sequía continuará en Sonora y en Chihuahua, aunque reconoce que esos modelos “tienen el problema que no ven la lluvia producida por los ciclones tropicales. Los modelos no son capaces de ver dónde va a tocar tierra un ciclón tropical con meses de anticipación, porque esos son fenómenos que se forman muy rápido. Probablemente si toca tierra un ciclón tropical en Sonora o se extiende hasta Chihuahua, va a llover mucho, lo que alteraría el pronóstico”.
Para concluir, expone que una temporada de lluvias buena se traduce en actividades agropecuarias benéficas para el país, aunque alerta que deben fortalecerse las prácticas de prevención, para evitar tragedias.
“Para la agricultura son buenas noticias, pero para la parte civil hay que estar al pendiente de los pronósticos meteorológicos, que van desde horas hasta días de anticipación, y tener protección, para tomar decisiones preventivas donde sabemos que puede haber problemas”, anticipa.
Ahora, gracias a los progresos científicos alcanzados en cuanto a la comprensión y el modelaje climático del ENOS, las competencias de predicción han mejorado en escalas temporales de uno a seis meses de antelación, lo que ayuda a la sociedad a prepararse para los peligros asociados a ese fenómeno, tales como las fuertes lluvias, las inundaciones y las sequías. Esas predicciones pueden suponer cientos de millones o incluso miles de millones de dólares de ahorro, agrega la Organización Meteorológica Mundial.
La ciencia ayuda.



