El cambio climático que nos rebasa
Además de oceanóloga, climatóloga y comprometida con el cambio climático, la doctora Ruth Cerezo Mota es una apasionada, “a últimas fechas”, de la divulgación de resultados del cambio climático al público en general.

José Antonio Alonso García
Su participación en el Grupo 1 del Sexto Informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático el año pasado la condujo a esa nueva pasión.
“Siento que ha habido distanciamiento entre la academia y el público, que nos cuesta trabajo aterrizar nuestros resultados en un lenguaje más claro, y pareciera que mostramos poca disponibilidad para comunicar esta información en diferentes foros”.
El cambio climático, prosigue, es un tema urgente y debemos ser capaces de traducir y transmitir la información a la población sin importar con cuánta formación cuente. Las nuevas generaciones quieren aprenderlo todo con un tuit, ya ni siquiera con un hilo de Twitter, que son varios, sino con un solo mensaje de 150 caracteres. Buscan información muy rápida y muy resumida, pero esto no siempre se puede, porque cuando simplificas de más terminas tergiversando la información; por eso hay que tener cuidado con el balance, no usando un lenguaje muy técnico, pero tampoco simplificarlo demasiado.
El trabajo de Cerezo Mota consistió en revisar artículos científicos publicados en los siete años más recientes sobre el cambio climático, ciencias de la Tierra, química de la atmósfera, del suelo y del agua, así como de oceanografía, para reconocer cómo va cambiando el clima y cuáles fueron los nuevos fenómenos surgidos desde el último informe del IPCC en 2014.
Efectos más devastadores
La doctora Ruth Cerezo Mota, del Laboratorio de Ingeniería y Procesos Costeros, de la Unidad Académica Sisal del Instituto de Ingeniería de la UNAM, en la costa yucateca, participó en el equipo de redactores que elaboró el capítulo 8 sobre los cambios en el ciclo del agua a nivel global.
Al respecto, comentó que si no se realizan las acciones concretas conocidas y ya aprobadas el planeta sufrirá sequías intensas y, por el contrario, también habrá eventos extremos húmedos, como lluvias torrenciales; a nivel global, ocurrirá un déficit de lluvias de hasta un 30 por ciento.
A esto, la investigadora añade las lluvias torrenciales, que serán muy rápidas e intensas. No obstante, para finales de siglo también se prevé una disminución en el total de la lluvia en nuestro país.
“Va a llover menos, pero cuando llueva va a caer en forma de tormentas extremas que a nadie le sirven, porque el suelo tiene una capacidad limitada para filtrar y no puede absorber un volumen tan grande de agua en tan poco tiempo. Los campos agrícolas se anegarán y se perderán todas las cosechas”.
Especifica Cerezo Mota que en el caso de Yucatán, donde no hay ríos, las tormentas rápidas y furiosas generarán inundaciones perjudiciales no solo para la agricultura, sino que los mantos acuíferos no se recargarán debidamente.
“Esto implica riesgos de inseguridad alimentaria, así como pérdidas económicas y de infraestructuras. No es un escenario en el que quisiéramos estar, pero es al que vamos si no hacemos nada”.
En la península yucateca, donde se ubican las instalaciones de la UNAM Campus Sisal, las lluvias extremas son cada vez más frecuentes. Sigue lloviendo lo mismo, apunta la climatóloga, pero actualmente en vez de llover todos los días de julio a agosto, ahora llueve un día sí y cinco no. Cae mucha agua en poco tiempo y ocasiona mucho daño.
En cuanto al incremento del nivel del mar, otro de los efectos del cambio climático, afirma que “va a pasar sí o sí”. Para México, a finales de siglo, el peor de los escenarios prevé un incremento de entre 80 y 120 centímetros, por lo que “todas las zonas costeras están en un riesgo impresionante de inundaciones”.
Capacidad-ignorancia, incapacidad-conocimiento
En sus 15 años de experiencia científica “gracias a la tecnología, me ha tocado ver una mejora del entendimiento de muchos procesos climatológicos. Los modelos actuales, las simulaciones y las proyecciones son más robustas, lo que nos permite generar mejores resultados, más precisos y a más largo plazo”.
Al respecto, recuerda que durante su maestría usaba una computadora para hacer simulaciones, pero el periodo máximo que podía simular eran solo siete días.
“Y se tardaba, creo, como un mes en la resolución. Ahora, sin embargo, con una computadora normal puedo simular treinta años en un mes”.
A pesar de los avances tecnológicos, la experta afirma estar triste porque, aunque entendemos más y mejor los procesos científicos, los que deberían estar tomando decisiones para mitigar los daños del cambio climático no lo están haciendo al ritmo que deben. “Los gobiernos siguen sin realmente hacer nada”, apuntó.
“El año pasado me tocó estar en la COP 26 [Conference of the Parties – Conferencia de las Naciones Unidas para el Cambio Climático, Glasgow, Escocia, noviembre de 2021] y es muy desalentador ver que los gobiernos dicen que sí van a hacer algo y saliendo de ahí, a pesar de que hubo negociaciones muy duras, olvidan todo. Se toman la foto y ahí acaba todo. Es muy desalentador ver que los gobiernos siguen sin hacer lo que deberían hacer para garantizarnos un futuro vivible a todos. Como comunidad científica queda claro que no nos están escuchando”.
Reconoce que en los gobiernos hay gente que está muy preparada y tiene voluntad de hacerlo bien, pero que no tiene la autoridad. Y, por el contrario, hay gente que tiene la autoridad pero no tiene la voluntad porque no le interesa.
Una buena manera de combatir el cambio climático, aduce Cerezo Mota, es insistir en el mensaje, crear más espacios y aprovecharlos para hablar del tema. “Y repetir el mensaje aunque parezcamos discos rayados”.
Además, consideró que cada ciudadano puede llevar a cabo múltiples acciones, “todo cuenta”, como evitar el desperdicio de alimentos que genera el ocho por ciento de las emisiones contaminantes, ahorrar agua, luz y gas, usar el transporte público y la bicicleta, cambiar los focos tradicionales por focos ahorradores, utilizar bolsas de tela y no de plástico, separar correctamente la basura…
Mérida, de 40 a 47 grados centígrados
El incremento de la temperatura es otro de los efectos importantes e inmediatos del cambio climático. Al respecto, la científica advierte que, por ejemplo, en la ciudad de Mérida “si para 2030 no se logran compromisos a nivel global para la reducción del CO2 la temperatura podría incrementarse hasta en siete grados centígrados, Mérida pasaría de 40 a 47 grados”.
Este calentamiento global no será favorable para ninguna parte del planeta, argumenta la climatóloga. Por ejemplo, ocasionará “un montón de desplazados en Centroamérica. Como ya lo demostraron, en parte, los huracanes que hace dos años impactaron a Nicaragua, Honduras y México. Esta temporada parece que va a ser tan intensa como la de hace dos años”.
¿Qué se está haciendo para atenuar todos estos posibles daños? “Yo sé que están desbordadas las autoridades, pero si no hay una planeación del crecimiento urbano donde sea obligatorio tener espacios verdes no hay forma. Entre otras muchas cosas, debemos conservar las áreas verdes y dejar de deforestar. Por ejemplo, aquí en Yucatán se están deforestando muchas zonas de la selva que estaban bien conservadas”.
El tema de la deforestación le da pie para comentar que los tres huracanes que tocaron tierra en Quintana Roo el año pasado venían en categoría cuatro pero perdieron fuerza y llegaron como tormentas tropicales de categoría dos.
“A Quintana Roo le dejaron los vientos y a Yucatán las lluvias. El pronóstico indica que va a disminuir el número total de huracanes, pero cuando ocurran van a ser más intensos”.
Gran potencial en energías renovables y limpias
Las energías renovables sí son la opción, confirma la investigadora. Cada región del país tiene potencial para una o varias. Yucatán, por ejemplo, puede aprovechar tanto la solar como la eólica, porque su plataforma marina es muy somera.
“Mexico tiene un gran potencial de energías renovables, pero hay que hacerlo bien y tomando buenas decisiones y a largo plazo”, concluye la doctora Ruth Cerezo Mota.



